Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Antes de dejar de fumar, fumar para no dejar de fumar.

>> jueves, 13 de septiembre de 2007


En algún momento de la vida nos atormenta la idea de fumar, que nos estamos jodiendo los pulmones, que nos arde la garganta, que nos da tos, que nos molesta el mal aliento, que somos adictos, que no paramos de fumar, que es imposible no prender un cigarrillo con una taza de café cuando llueve, que no se puede hacer otra cosa más que fumar cuando se quiere dejar de fumar.
Entonces ¿Para qué dejar de fumar? Si nos detenemos a pensar en que momentos fumamos, descubrimos que es cuando estamos pensando, cuando conversamos con un amigo, cuando queremos desenmarañar un cuento o un poema antes de escribirlo, cuando estamos solos, cuando caminamos.
El humo es la radiografía de nuestras ideas. Claro, no todos fuman para pensar. De ser así este país sería otro y no sería tan analfabeto. Si todos los políticos, los empresarios, los docentes fumaran tendrían tiempo para pensar la vergüenza de ser seres reprimidos, mojigatos de la buena costumbre.
En manos de no fumadores, de entes no soñadores está el futuro del pueblo. De ahí que muchos artistas sean chimeneas andantes, contaminantes del aire. De alguna manera lo que hacen es invitar a fumar y a sentir las delicias de fumarse un cigarrillo en un potrero o en el balcón de una casa.
Bueno, no todos los fumadores son seres pensantes. La mayoría de ellos fuman por fumar, porque un comercial de televisión dijo que el fumador es mas sexy, porque vieron a un estrella estadounidense con un cigarrillo. Pero conservan el principio de los verdaderos fumadores, de los que tosen en la mañana. Ellos así no piensen porque creen que se les cae el pelo, si conversan de su cosas, así sean ridiculeces, pero son las cosas que solo pueden decir cuando fuman.
Sobre el tabaco se ha escrito mucho, cuentos, poemas, crónicas y nos es para menos. Hasta este texto está mejor tratado en otras paginas. Pero ¿A caso no tengo derecho? Si la vida es una espiral como decía Goya ¿No soy un círculo? ¿No repito lo que otros ya dijeron? Por ello la literatura contemporánea no prospera, es humo de otras bocas. Fernando González, en el libro De los viajes y las presencias, dice que un texto puede estar bien escrito, lleno de detalles, pero si el autor no se ha parido en sus líneas, si se ha reconocido a sí mismo, escribirá una obrita para los archivos. De ahí que no me impida escribir sobre el cigarrillo. Son mis palabras, el humo de mi boca.

1 comentarios:

Anónimo,  viernes, octubre 19, 2007  

Viejo, eso mde no fumar me está preocupando. Uno lee eso y le dan ganas de fumarse un porrito. Lastima que no hayas incluido el porrito.
No sé, pero me gustó tu artículo. es raro encontrar artículos buenos en los blogs, que ultimamente se han reproducido como plagas.
Creo que fue una amiga la que me dijo que te leyera y no me arrepiento. Ojala no cambies tu forma de escribir.
Por ultimo, me gustaría saber lo que piensas de los comnetarios que te escriben. Que por cierto son pocos. Chao. Si me sorprendes con un artìculo, te rebelo mi nombre.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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