Te amaré hasta que me dejen de gustar tus besos.
Lustrabotas en Guayaquil 1952
Carlos Rodríguez tiene las orejas adecuadas para colgar todos sus recuerdos. En ellas se pierde las patas de las gafas. Podría decirse que su cachaco se ajusta detrás de las orejas, donde martilló la historia entre 1940 y 1947, como un retrato en una pared, con sus más de un millón de disparos de su cámara. 

Los parques, carretilleros, artistas, detectives, emboladores, políticos, reinas de belleza… y los eventos culturales o políticos en Medellín pasaron por su lente fotográfico. 

En sus imágenes se evidencia la transformación de una ciudad fluctuante, cambiante, como el de una jovencita que se hace mujer.

Los primeros días
Carlos nació en 1913 en Yarumal, en una finca. Vivió allí los primeros años de la infancia hasta que muere su padre y emigra a la ciudad. Estudió con Las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús donde recibió su formación religiosa. También, en los institutos San Carlos y Pedro Justo Berrío, en este último aprendió tipografía y casi pierde el dedo corazón.

Las primeras fotos las tomó con una cámara Pochet que le regaló su madre. Empezó a trabajar (1930) en el periódico La Estrella Roja donde ganaba 12 centavos. Luego, en la tipografía del Padre Ríos y más tarde a la Foto Club dirigida por Ciro Mendía. Pasó por El Bateo donde conoció a Tartarín Moreira hasta llegar a El Heraldo. La primera foto que se le publicó fue de Alfonso López Pumarejo que salió como una caricatura debido a que en el revelado el negativo sufrió algunas deformaciones. 

Entendió y vivió su pasión por contar la noticia a través de sus fotografías y logró detener el tiempo en una ciudad encerrada entre montañas que acogió el esmoquin, los sombreros, los tangos, la poesía, la moda, el comercio… sin desconocer las raíces del judío, el vasco y el arriero. Carlos lo entendió y comprendió la vitalidad de su trabajo. Incursionó en la foto judicial. Tomó fotos de homicidios, sepulcros, cementerios y en 1939 fue nombrado jefe de fotografía del detectivismo.

Carlos es un negativo fijado al pasado para que sus anécdotas no se velen y olviden. En 1940 fue encarcelado. Algunos dicen que fue porque les tomó fotos a unos detectives y otros porque fotografió a un policía borracho. A Carlos casi le da un infarto porque al otro día se jugaba el clásico Medellín Vs Nacional. A las 24 horas lo dejaron libre gracias a las influencias del gobernador de Antioquia y a las de su amigo Jesús Tobón. 


El bogotazo
Cuando ocurrió el Bogotazo llevaba un mes y cuatro días de haber cumplido una década de casado con María Vélez González. Algo sucede con el diez, el uno y el cero traen en sí un misterio. El todo y la nada, la vida y la muerte, el día y la noche, sol y luna, hombre y mujer... Diez son los mandamientos. Tal vez ese diez en la vida de Carlos lo llevó a estar en las calles aquel nueve de abril de 1948 cuando muere Gaitán. En ese evento perdió tres cámaras, pero logró vender las imágenes a la prensa extranjera. Afirma de ese episodio: “Ese día la mayoría perdió su casa, y a mí me la dio”. Con los 300 dólares que ganó se compró su vivienda. También, fundó en 1949 FotoReporter con el periodista y amigo Arturo Puerta.

Diferencia su pasión: “No es lo mismo un reportero de prensa a un reportero independiente. El resultado del trabajo es distinto. Mientras el fotógrafo esta sentado en el periódico esperando a que un redactor lo llame a tomar las fotos para ilustrar una noticia, yo me entretenía en la calle buscando la noticia”. Así encontró la foto de Los obreros, una de las más recordadas del Bogotazo: Unos obreros sentados en medio de los escombros rodeando una estatuilla de cristo. Era una metáfora a la esperanza al igual que la representación de una guerra ciega basada en la fe por un color. 

Otras fotos
Oficina de Carlos Rodríguez 1949
Carlos fue catalogado como unos de los primeros, si no es el primero, en incursionar en la fotografía deportiva. En diciembre 14 de 1947 hizo un congelado a unos caballos milésimas de segundos antes de éstos cruzar la meta. También, otro congelado del portero “Caimán” Sánchez en febrero de 1955. El arquero quedó suspendido en el aire, con la mano estirada, deteniendo la pelota. Fotografió la primera vez que en Medellín el ciclismo era practicado por mujeres y fue un fiel seguidor de la Vuelta a Colombia. 

Carlos fotografió las primeras votaciones de la mujer en 1958. Entre sus fotos de retratos están las de León Valencia, Gonzalo Arango, Agustín Lara, Marta Felix, Fernando González. Este último retó a Rodríguez a que no era capaz de fotografiarlo, González no había acabado de retarlo y Carlos Rodríguez ya le había sacado el retrato.

Sus fotos aparecieron en Cromos, Semana, El Tiempo, El Espectador, El Colombiano. Fue uno de los fotógrafos más codiciados del país. 

En sus fotos está la transformación de Medellín. Las calles mutaron a avenidas. Es su archivo, en esas calles se paseaba, descansaba, esperaba las manifestaciones de la llegada de Rojas Pinilla en el año1953, la del padre Camilo Torres en 1965, la vida de los lustrabotas en Guayaquil, el derrumbamiento del teatro Junín entre otros acontecimientos. 

Esas calles ahora son las avenidas de paso, donde se trata de reducir al máximo el tiempo muerto de los semáforos.

Los últimos días
Antes de retirarse de El Colombiano intentó fundar a principios de los setenta un periódico que llamó Pregones del Chocó. Su empresa no llegó a la quinta edición. 

Los últimos días de su profesión, ya cansado, entrado en arrugas se le presentaba un reto más, tal vez el más grande, competir con la fotografía digital. Esa pelea no la ganó, lo traicionó el temblor en las manos y el cansancio. 

Se retiró de su oficio con la satisfacción que dan los años de lucha. La satisfacción de saber las historias que cuentan las imágenes y las historias que no se ven y sucedieron a la hora de tomarlas. 

“No puedo decir que fui o que soy un fotógrafo, fui un reportero gráfico y me siento orgullo de ello” dice. 

En las noches, al cerrar los ojos, como un laboratorio artesanal, las imágenes cautivas en su memoria llegan como un recuerdo y se proyectan en el sueño como una película en una ciudad que lo ve a blanco y negro y que él sigue transitando.

Hace unas horas, cuando me miraba al espejo, al indagar por un barro que aparecía en el entrecejo, moví el rostro un poco y el reflejo quedó estático. Volví a moverme y el reflejo igual. Observé si otro reflejo, como siempre, aparecía a la par de mis movimientos. Tampoco. Me alejé y senté en el sofá a vigilar por cuanto tiempo estaría el reflejo, como una fotografía, inmóvil. De pronto, se movió por si solo. Llevó su mano al entrecejo y se tocó un grano. Luego, como si me viera, saludó a la distancia. Luego, con una sonrisa dio media vuelta, abrió la puerta y se fue.  

El Martín también estaba citado, el mismo día, pero dos horas antes. Decía a sus amigos, entre copas, con orgullo, que una colosal mujer lo citó en el lago para ver estrellitas a cuerpo abierto. Después hizo descripción detallada de su cuerpo, de sus senos, de sus caderas, de sus besos. Les dijo que grabaría el encuentro. No entendía porque ella le coqueteaba al Martín. Ella estaba enferma y más enfermo estaba yo en aceptarla así. Llegué antes de Martín. Ella nadaba desnuda. Su cuerpo, terso, crecía con las ondas de la superficie. Sus piernas como rayos de sol que penetran en lo más oscuro del lago iluminaban el deseo. Martín dejó su bolso sobre la raíz de un árbol. Se aseguró de que la cámara grabara la faena. Luego se quitó la ropa y fue al encuentro. Ella lo esperó. Ambos se abrazaron. Las burbujas empezaron a brotar alrededor de los cuerpos. Más burbujas hasta que los cuerpos desaparecieron de mis ojos. Durante minutos solo las burbujas. Después, la mujer surgió sola. Buscó el bolso y la ropa de Martín. Los ocultó y se sentó en una piedra, desnuda, a esperarme.



Fredonia, este pueblito ubicado en el suroeste antioqueño, a 58 kilómetros de distancia de la capital antioqueña, tiene un encanto particular, más allá de lo turístico. Tal vez porque no pase gran cosa y los días, en su sucesiva marcha, sean el mismo día lento y largo. Tal vez porque todavía conserva la magia de lo rural, las historias con olor a monte suceden sin espectáculos ruidosos. Otro factor es que en la actualidad la poesía habita esas calles empinadas. Personajes como Edwin Rendón, Antonio Estrada, Milton Álvarez… entre otros llevan años contagiando a los más jóvenes la enseñanza del verso. Pero más allá de la lentitud y la poesía a este pueblo, como la mayoría de los municipios del suroeste, lo atraviesa el café, su aroma, su economía. 

Desde que Carlos Sánchez fue elegido Juan Valdés, después del cubano José Duval, por la Federación Nacional de Cafeteros, el Suroeste antioqueño, en especial Fredonia, dedicó todo su empeño a la siembra y exportación del café.

Se habla de Carlos Sánchez porque nació en Fredonia. Además, su imagen está en la memoria de todos por ser ese legendario campesino de bigote espeso, carriel, sombrero, camisa, poncho que con su famosa mula llamada “Conchita” hizo famoso el café colombiano en Estados Unidos. Este fredoñita que se jubila en el 2006 es tan universal como lo fueron el escritor Efe Gómez y el escultor Rodrigo Arenas Betancourt. 

Esto hace más de 40 años. Tiempo en que municipios como Fredonia se han dedicado al cultivo del café y fundamentado en este producto la base de su economía sin importar las variaciones del dólar que afectan directamente al campesino en el manejo de sus parcelas.


Domingo después de misa 

Fredonia está ubicado en el suroeste antioqueño. Fue fundado como municipio en octubre de 1830. En tiempos de la conquista española estas tierras eran habitadas por la comunidad indígena llamada los Senifanáes. Por ello, en algunas veredas se han hallado cementerios indígenas. Luego, a este territorio llegó un grupo de hombres bajo el mando de Jorge Robledo en busca de oro, pero al no encontrar nada continuaron el camino a otras tierras. Posteriormente llegaron comerciantes de Medellín y se instalaron allí como en muchos otros municipios de Antioquia. 

El casco urbano, de calles como serpientes al acecho y topografía desigual está a 1.800 metros sobre el nivel del mar. La niebla sube del Cauca y cubre el pueblo. Para muchos ese recuerdo de la niebla es nostalgia futura. Además, a eso se le suma que el casco urbano está en medio de una montaña que ya, en tres ocasiones, ha borrado incontables vidas. La cima de la montaña se llama cerro Combia donde nace Cerro Bravo, montaña emblemática del municipio. 

En esta parte del departamento a diferencia de la ciudad, el día domingo es de más movimiento comercial. Es el domingo el día festivo, el día de más color. Es el día para enamorarse. Esto se debe a que es un municipio cuya población es en su mayoría rural. En promedio un poco más de 22 mil habitantes de los cuales casi 14 mil viven en el campo. Pues en semana trabajan en sus fincas y los domingos mercan. 

En tiempo de cosecha los campesinos suben de sus fincas con costalados de café. Luego, van a misa y muchos se sientan en el atrio principal a tomarse un café o a ver pasar los transeúntes que dan varias vueltas al atrio principal.


El verdadero sabor del café


Aquel que quiera sentir las propiedades del café se le recomienda viajar un domingo a Fredonia y sentarse en el atrio. Sentir la fuerza del campo moverse en todas las direcciones y formas. En tierra del café el café sabe distinto. Sobre todo si se tiene en cuenta que este municipio es la cuna de uno de los mejores cafés del mundo conocido como “Café tipo suave marca Medellín". Las semillas de este café llegaron desde Guatemala. 


Por tal motivo, visitar a Fredonia es entregarse al misterio de esta bebida que tanto define al colombiano. Pues en este municipio el café es negro como las plumas del cuervo, amargo como una mala noticia, caliente como el aliento del fuego y dulce como un beso con los ojos cerrados. 

Los fredoñitas lo saben y lo beben sin prisa, que es como debe tomarse el café. Mientras el vapor sube en el aire y el aroma se expande en todas las direcciones. En ese instante se habla de las cotidianidades de la vida porque se siente el sabor del café en la garganta, en el estómago, en las tripas, en las venas y en la sangre. 

Es una bebida que convoca a conversar, a olvidarse del ritmo acelerado de los días e ir al propio ritmo. Es una bebida que invita de nuevo volver a mirarse a los ojos. 



Hace unos meses trabajaba como promotor de lectura en un municipio del occidente antioqueño y uno de los ejercicios consistía en plasmar en un pliego de papel periódico íconos del territorio. La idea era realizar una cartografía del lugar en que se habita. Una niña de ocho años recortó imágenes de varias revistas y las pegó sin orden. Al terminar vi que las imágenes formaban un corazón de tamaño considerable. Cuando le pregunté cómo se relacionaba, ella dijo sin mirarme: “El corazón es mi territorio”. 

Recuerdo ese episodio porque me cambió la mirada lineal de las cosas. Esas palabras eran directas y se referían al amor. Surgió una pregunta: ¿Cuál es el primer reconocimiento?

Pensé en mi madre. Reconocí que ella es mi primer reconocimiento del amor como territorio. Luego, imaginé que los padres de aquella niña eran seres excepcionales. Si ella, tan pequeña, me hablaba del amor era porque era amada. Sé que el amor es la más alta evolución. El que ama lo puede todo, pero sí después odia con la misma intensidad es porque amó a medias. Me explico, amó extranjero de sí mismo, en condición de exiliado. Me atrevo a pensar que para aquella niña no será así. Sus padres le dieron esa posibilidad. Y los padres abren las puertas del mundo. 

Intentaré dar unas generalidades del padre y la madre, aunque las generalidades no sirvan de mucho. Sin embargo, hay comportamientos o actitudes que unifican. Por ejemplo: el padre es más una presencia de apoyo, de acompañamiento, de respaldo; pero la madre es la fuente, es la que da el sustento y la fuerza para el camino de la vida. El padre, la mayoría de las veces, muestra rutas. La madre fortalece y el padre plantea posibilidades de viaje. Lo anterior son observaciones, solo eso. Las nombro porque compartí con mi madre desde bebé por lo que soy muy saludable. Pero mi idea del mundo, si dependía de mi padre, podría ser nula porque él se aterró con los caminos y decidió quedarse solo, en una montaña. Tal vez por eso, supongo, me desoriento en el espacio sin dejarme de gustar los viajes. Luego, la relación con la madre se transforma, lo mismo con la del padre. Ellos son la primera autoridad a la que nos rebelamos. Muchas veces para siempre. 

Con lo del corazón como territorio y la mirada de los padres se vuelve al punto de partida. Se retoma la ruta. Así lo plantea el poeta Eliot cuando afirma que se vuelve al inicio para develar con nuevos ojos el mismo asunto. Ese inicio nos determina porque es en la familia donde se puede crecer y desarrollar la “inteligencia emocional”, algo desconocido para muchos. Esa inteligencia no es más que la independencia, la posibilidad de decidir y dejar ir a quien obstaculiza el conocimiento de las emociones en uno. Por eso, si no se obtuvo de mamá, de papá, de los hermanos el amor es probable que cueste establecer una relación respetuosa y saludable. Es posible que esa sea una de las razones por las que las primeras experiencias sentimentales partan de un deseo indetenible, de una pasión desbordante que enciende de tal forma el deseo que agrede y daña. También, se entra en un juego de poderes desgastante, como si sentir el control garantizara la perpetuidad del miedo: Y en el fondo se vive lo que no se desea.

“El corazón es mi territorio”. Esta oración resignifica el sentido del amor en la familia. Sin ese amor las relaciones futuras son una especie de cuentas por cobrar a fantasmas. Se le pide a otro igual de jodido un poco del amor que no se recibió en la infancia. Eso no se puede saldar. Al menos sin reconocerlo. Por algo, muchos después del cortejo, cuando se esfuma el interés que genera el desconocimiento del otro; aplican la misma indiferencia que aplicaron a los padres. Es evidente que hay algo que no se resuelve. Como si solo se cambiara de actores pero se dramatizara la misma historia. 

Hablo del amor porque ese es el alimento. Cuando nos alimentamos bien estamos saludables, crecemos e identificamos ciertas cosas. Por ejemplo, a la mayoría de hombres les cuesta decir “te amo”. Sienten que esa palabra les tumba los dientes. Lo que desconocen es que cuando dicen: “te amo”, el verbo creador: “Amar”, actúa directamente en las emociones y los libera de la dependencia sexual. El sexo sin amor es nadar a mar abierto. Asimismo a muchas mujeres les sucede que aman por los hombres, y son las últimas en ser amadas. Ellas se dejan de últimas y así son tratadas. Lo que desconocen es que tienen la facilidad de dar y sí se dicen así mismas: “te amo”, reciben de ellas lo que tanto anhelaron. Entonces descubren que su servicio sin retribución era una cristalización del miedo de aquellos hombres que se reían con los dientes cerrados. 

Sin embargo, hay un puñado de personas que han vuelto a ese primer territorio: la familia para crecer en amor. Han ganado en independencia emocional y experimentan cosas extraordinarias. Una entre tantas: cuando se crece en amor se siente la energía del amor como una espiral en el pecho. Esa energía se expande y se conecta con la energía compatible. Pueden haber centenares de personas, pero si una de ellas siente esa espiral el amor los lleva a mirarse, a compartir. Ese compartir es como un requisito para entregar o recibir algo fundamental para el crecimiento espiritual del campo energético y lumínico de donde surge la espiral. Ese encuentro estará libre de la estupidez, el control, la posesión y el vacío. 

“El corazón es mi territorio”, otra acepción: las señales están dentro, parten de uno. Mi corazón es el territorio donde vive el amor, lo más bello. De él parto. A él vuelvo. Lo maravilloso es que una niña de ocho años me indicó las coordenadas. 



Hace tiempo logré diferenciar el erotismo de la pornografía. El primero es la sutileza que excita la imaginación en un llamado al placer en función de una idea del amor. El segundo, es un llamado a los placeres carnales que, no es una característica constante, puede partir de una soledad prolongada, de una dependencia emocional que desemboca en el hastío. 

El origen de la palabra “erótico” proviene del latín “eroticus” y éste del griego “erotikós” y se refiere al amor sensual. Esta palabra deriva del dios “Eros”, dios del amor. Estas referencias llevan a pensar en lo erótico como una sugerencia a ideas o intenciones que se recrean en la imaginación. En este plano el sentido de las emociones se renuevan, se potencian, se excitan. Es un encuentro con lo sensual desde lo sutil. 

Depende a qué le prestemos más atención. Si es el cultivo del cuerpo entonces la imagen de éste es toda la posibilidad de encuentro. Pero el placer en el cuerpo, desde la óptica del placer por el placer, se esfuma. Es como un fuego que arde y se apaga al instante y solo queda el humo espeso en vez de la anhelada braza ardiente. Entonces se siente que hace falta otro poco, otra mujer, otro encuentro… Debido a que se busca la superficie se encuentra uno con el vacío, el que siempre estuvo, el que no se va por más que tonifiques los músculos. El vacío de sí que se intenta llenar con la imagen de otro. Y lo que ocurre es que se encuentran dos vacíos que se ensanchan después de agotar la experiencia del cuerpo.

Sin embargo, si el encuentro es más desde lo contemplativo, ¡no hay nada más hermoso que una mujer desnuda! Y si a esa imagen se le permite expresar su belleza sin agotarla con el tacto, puede suceder que el cuerpo experimente otros registros. He escuchado que en algunos místicos la presencia de Dios en el plano físico es como un orgasmo, una felicidad continúa. Esa comunión del cuerpo y el espíritu llena el vacío de sí y permite otro diálogo. Cuando se observa la desnudez con amor, respeto y admiración se encuentra de nuevo la inocencia. Esa inocencia es la misma que irradia un niño. En él, el cuerpo no está en completo desarrollo, por ende, desconoce el llamado de las pasiones y solo participa de la comunicación del espíritu con lo que toca y ve. Esa inocencia se puede recuperar, se puede cultivar. La clave está en construirse adentro un templo para sí y desde allí partir al encuentro con el otro. Como es adentro es afuera. Y si adentro se está bien consigo mismo, el afuera es la contemplación de lo hermoso, de la desnudez es su estado más puro. 

Después de la contemplación se puede dar esa comunión que va más allá de la piel. Si se da puede compararse con lo que siente un pintor frente a la pintura cuando se olvida del espacio y el tiempo; es decir, se puede sentir otra dimensión, otro estado de conciencia. También, puede compararse con lo que experimenta un campesino frente a un cultivo de albahacas al remover la tierra y organizar los surcos; llega un momento en el que se concentra en ese presente, en ese ahora que entra en meditación, el punto cero, donde el roce con la tierra le electriza todo el cuerpo. Esas experiencias parten de una motivación, de una disposición del espíritu que registra ese gozo sutil y constante de vibrar con las cosas. En esa medida vivir es un privilegio. Cada día brinda un sinfín de placeres.

Hace poco, en mi casa, frente a un fuego, sentí lo cotidiano del erotismo. Trataré de recordar el momento sin omitir los detalles. A unos metros, en una manga, el viento mueve las hojas de un arbusto. El viento mece las hojas que tienen la forma de una mujer sentada. Su cabellera vegetal convoca a varias abejas que se posan en sus hojas. El viento ingresa hasta el centro del arbusto al tiempo que un azulejo canta. Imagino que la mujer arbusto se acuesta sobre el césped mientras el viento susurra palabras de otro tiempo cuando le narra como él lleva las semillas a los huertos, se desliza por la superficie del agua para generar pequeñas olas y escuchar la voz de la luna que conserva el agua. Esas palabras entran en el arbusto y cada hoja, cada tallo, al unísono, se contrae para ser raíz, tierra en movimiento. El viento mueve el arbusto y sus hojas recrean el cuerpo de una mujer, con los ojos cerrados, inmersa en secretos. Un azulejo ronda el arbusto sin dejar de cantar, las abejas se posan en una hoja, luego en otra y allí se quedan unos segundos para libar de la miel que emana el arbusto en las hojas de la parte inferior. Un olor a menta alegra al viento que en espiral asciende con el olor como si se tratara de un fruto invaluable. De pronto, el arbusto se llena de abejas. El azulejo se reúne con su pareja. Vuelan juntos hasta un naranjo donde se acicalan, juegan con sus picos entre sus plumas, cantan y saltan de rama. Uno de ellos se queda inmóvil mientras el otro, con su pico, le hace más azul las plumas. Las abejas, en las hojas, toman la miel que necesitan y van partiendo. Luego el arbusto, sin viento, se mueve y de su interior se escucha el canto de los azulejos. El olor a menta ha desaparecido y el fuego, ardiente, entre sus llamas violenta, delinea el rostro de una mujer que conozco. Una mujer medio felina y alza sus brazos con algunas bolitas naranjas que entrega al viento. A ella le entra por la espalda un rayo de luz. Sus senos tiemblan y emanan gotitas de miel. Algunas bolitas de fuego rondan a la mujer, al parecer abejas de luz. Las abejas recogen la luz, la inagotable luz, la luz del amor que es todo y es miel. Luego, entre el humo, las chispitas de fuego ascienden al cielo mientras ella se torna de varios colores y su cuerpo se hace paisaje y suspiro…


Si te busco, huyes 
si me voy, me detienes 
si yo esto, tú aquello.

El amor se nos cae 
por los dos lados
de la cama.


La muerte violenta es un fenómeno que ha golpeado a miles de personas en Medellín y sus historias son un libro de horror. Un libro que pocos se atreven a abrir porque el dolor de miles de víctimas continúa bajo tierra pidiendo justicia. Entre esas víctimas hay hombres, verdaderos héroes, que se atrevieron alzar la mirada y aportaron un granito de arena a la paz. Hombres con tal grado de bondad que dieron su vida al servicio de otros. Hombres que entendieron que es el servicio lo que nos puede acercar al otro. Hombres que creyeron que si dejaban mejor los metros de tierra en que habitaron habían valido sus esfuerzos. Uno de esos hombres fue Jairo Alberto Valencia a quien balearon en Medellín el 12 de septiembre del 2007. Él fue historiador de la Universidad Nacional y su pecado fue ayudar al prójimo. Entre sus acciones se cuenta que fundó la Corporación Cultural Altavista con el fin de iniciar procesos sociales comunitarios. 

El hombre
En el momento de su muerte, a sus 42 años, era profesor de cátedra del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Antioquia. Vivía en la comuna 13, en el Barrio Floresta, en la calle 49G con la carrera 96, con su esposa Yaneth Rodríguez y su hijo Santiago. Era un hombre estudioso que en las noches de los jueves y los viernes se quedaba hasta las tres de la mañana estudiando. A veces entre semana. Esa era su pasión. 

Jairo jugaba fútbol los fines de semana y cada año organizaba en el barrio el pesebre ecológico. Para ello convocaba a la comunidad para hacer bingos y otras actividades durante el año con el fin de reunir fondos. Lo que más le gustaba era que los niños estuvieran en el proceso de armar el pesebre. 

“Él siempre estuvo en mi formación deportiva. Él fue quien me incentivó a ser un nadador de alto rendimiento. Él era el que reclamaba las notas en el colegio y me explicaba los temas que no entendía. Con él era obligatorio leer ciertas páginas de libros todos los días. Siempre me incentivó a la formación”, recuerda Santiago.

Homicidio
El cuatro de septiembre Santiago Valencia cumplió años. Su padre los celebró en familia. Pocos días después llamó a su hijo y le mostró un papel que tenía guardado. “Él me mostró la hoja, era una póliza y me dijo: ‘acá se la dejo guardada. Si a mí me llega a pasar algo con esto no tienen que pagar nada más del crédito’. Es decir, que no asumiéramos nosotros su deuda. Yo creo que eso fue un presentimiento”. 

El doce de septiembre Jairo madrugó y desayunó en familia. Después le dijo a Santiago que se terminara de cepillar los dientes que él llevaría la basura y luego calentaría la moto. Santiago lo vio salir y Yaneth volvió a acostarse. Santiago estaba cepillándose cuando escuchó unos disparos y luego una moto que se fugaba. En un principio Santiago creyó que el ruido era un estruendo que alguien había hecho con un madero en la calle. Así que salió de la casa y al instante vio que un vecino llegó en una moto, frenó y miró en dirección a la basura y luego a Santiago. Así varias veces. “Me pareció muy extraño la actitud del vecino así que volví a entrar a la casa y subí hasta el balcón. Entonces fue cuando lo vi, pegué un grito y salí de nuevo corriendo. Tras de mí mi mamá en pijama. Cuando llegué lo cogí, él estaba temblando. Mi mamá me dijo que fuera donde un vecino que tenía carro. Me pegué del timbre. Pero cuando llegamos ya se lo habían llevado en un taxi. Cuenta mi mamá que cuando estaban llegando a la Unidad Intermedia de Salud de San Javier él le apretó las manos. Cuando lo vieron los médicos ya no tenía signos vitales”. 

Por esos días Santiago y su madre se habían trasladado de casa, por el mismo sector. Yaneth renunció a su trabajo de enfermera para seguir con el de peluquera y de esta forma estar más cerca de su hijo. En la peluquería, dos días después de terminarse las novenas de Jairo, entró un niño con un ramo de flores. El ramo tenía una nota donde la amenazaban. Yaneth y Santiago empacaron sus cosas y con la colaboración de su familia salieron por la noche sin que nadie se diera cuenta. 

Días antes, en un sueño de Santiago, Jairo le preguntó cómo estaban. Santiago le respondió que bien. Jairo desapareció y no volvió a presentársele en sueños. Santiago vuelve al colegio y pierde inglés durante varios períodos. El idioma que estaba estudiando Jairo. 

Impune 
En primera instancia la policía dio la hipótesis de que intentaron robarlo. Pero no era viable porque Jairo tenía todas las cosas personales. Además, si lo que buscaban era la moto, hubieran esperado que la sacara. Otra hipótesis fue que lo asesinó un delincuente que por esos días había salido de la cárcel y que murió en diciembre del mismo año. Este sujeto, lideraba una banda en el barrio. Así se cerró el caso.

Jairo no recibió amenazas, afirman sus familiares. Lo que se rumora es que su muerte fue una reacción de las bandas. “Alguien no estaba contento con la forma de ser de Jairo Alberto: su carisma, liderazgo, ayuda a los demás, y la única forma de sacar sus frustraciones, era sacando al líder del camino”, asevera Nancy, su hermana.

A Jairo lo recuerdan como un hombre que dio su vida al servicio de los otros, sobre todo a su familia. Su hijo ahora se prepara como politólogo en la Universidad de Antioquia y siente que el legado que le dejó su padre es trabajar por la comunidad. Sabe que lleva en la sangre la bondad y el servicio. Pues, en estos tiempos, los héroes son anónimos, los que en vez de robar pantalla en los medios de comunicación se preocupan por sus semejantes sin esperar recompensas. 

Foto de Bibiana R. 

Al bajarse del bus, a 1.900 msnm Medellín se ve como una costra gigante de concreto que se expande por todo el Valle. Sin embargo, arriba, los ranchos en tabla, plástico con techos de zing se mezclan con los ranchos de material. 

Barrios como Bello Oriente surgen de la necesidad, en la periferia. Está situado en la ladera de la Comuna 3 Manrique. Desde los años ochenta recibe los refugiados del conflicto armado. Familias del Urabá chocoano, Urrao, Magdalena medio, Oriente y Bajo Cauca antioqueño. 
En este barrio se podría afirmar que sus memorias son la historia de la violencia. Por lo tanto no cuentan con un relato unificado sino con un motón retazos dispersos de un pasado oscuro y violento. Por ello, este lugar es como un puerto en el que las personas llegan y se van porque no tienen arraigo. Sin embargo, algunos personajes como Arnulfo Uribe construyen vínculos con aquellos a los que todo les fue arrebatado. 

El mago
Llegué en busca de Arnulfo Uribe, el líder comunitario que vive como un filósofo griego, o un mago milenario que organizaba un bazar en una Casa Comunal. 
Me conmovió su olor a tierra removida; su palabra dulce, calma, pero firme. Me dijo que habláramos en un rato y me propuso que me sumara al evento. Inmediatamente avive el fuego para el sancocho comunitario. 
Acudieron personas que conocían a Arnulfo de lugares distintos de la cuidad y también habitantes del barrio. La mayoría de asistentes eran mujeres y sobre todo niños. 
Él sabe cómo cautivar a los infantes. Como un mago les habla con diferentes tonos de voz. La respuesta es evidente. Los niños hacen todo lo posible para que él los escuche. Por ejemplo, a un niño de unos 10 años lo echaron del colegio. Se quejaban porque no se acoplaba a las normas y no había quien lo bajara de un árbol. Arnulfo cree que es ilógico porque los árboles son seres más avanzados, independientes. Por eso, deberíamos aprender de los pájaros y las ardillas. Lo que no han entendido en el colegio es que el niño es muy inteligente porque se pilló que el camino es volver habitar los árboles.
Aunque él no se considera el que tiene la voz de mando tiene el poder de convocar y reunir. Y no necesita hacer trucos. Con su voz es suficiente. De ahí que se reúna periódicamente con las personas del barrio y hablen de temas importantes. A esto lo llama “El escuchadero”. Pero lo que busca es que la palabra sea acción y camino. Por algo una de sus premisas es que solo se puede apropiar un territorio si se camina.
Arnulfo llegó hace 16 años a Bello Oriente. Su familia es del municipio de Caldas. Concede a su abuela el legado del trabajo comunitario. Ella decía que si se ayuda a otros sin cobrar permanece la magia. También le enseñó sobre plantas. 
Luego trabaja 8 años en procesos comunitarios con niños de la calle en Santo domingo, la Iguaná, San Javier. Por amenazas debe partir del municipio de Bello. En ese tiempo conoce al español Manuel Burgos quién había creado con comerciantes de la cuidad la fundación social Palomá. 
Arnulfo llega a Bello Oriente con siete hermanos de la comunidad laica Teofanía (manifestación de Dios) donde estudió Teología y se suma a la causa. Años después Burgos viaja a Perú.

Huertas comunitarias
Arar la tierra es remover las emociones y sembrarse en el otro. De esta forma se les brinda a las personas la posibilidad de que vuelvan a empuñar los azadones, machetes y picas y así reactivar sus sueños. Con el tiempo crean huertas comunitarias y un programa de reforestación. Debido a esto en el 2002 la Corporación Autónoma para el Centro de Antioquia (Corantioquia) les otorgó el Premio Vida como un ejemplo de esfuerzo comunitario. También con el proyecto ambiental El Bosque de Leucaenas han recibido elogios. 
En el barrio existen huertas campesinas, se hacen jornadas de arte, encuentros de luna llena, bazares y trueques, festivales por la vida, talleres de convivencia, mingas, convites, siembras, veladas culturales, tertulias literarias, tomas recreativas, teatro al aire libre, murales comunitarios, talleres culinarios y artesanales, círculos de la palabra y el pensamiento, caminadas ecológicas, expedición botánica, carreras por el agua, campamentos, intercambios de ignorancias, periodismo comunitario, muestras audiovisuales. Todo esto con el fin de crear dinámicas de participación. 
Arnulfo está sentado afuera de la Casa Comunal. Ya se repartió el almuerzo y se cerró el bazar porque asistieron pocas personas. Los niños armaron baile después de que una madre de familia organizara con varias niñas del barrio algunas coreografías. 
Arnulfo habla de la Red Barrial que se gestó en el 2009, la cual está conformada por unas quince organizaciones comunitarias. Allí se discuten temas coyunturales 
En el momento, con los barrios vecinos se está discutiendo sobre políticas como el “Plan Bordes” y el “Cinturón Verde”.  

Cinturón Verde Metropolitano 
El Cinturón es una estrategia de planificación y de intervención a largo plazo que busca integrar la ciudad con los municipios del Área Metropolitana y crear un gran sendero ecológico. Dentro este Cinturón surge el Jardín Circunvalar de Medellín que se enmarca entre el Camino de la Vida (sendero peatonal), la Ruta de Campeones (Sendero para bicicleta) y el Corredor de movilidad Limpia. 
Esta iniciativa urbanística, según lo conversado en el barrio, generaría desplazamientos forzados. Por ello, Las Huertas que han evidenciado el potencial en la producción de alimentos y el cuidado del medio ambiente, perderían todo el proceso acumulado en tantos años. 
Llega la noche y me despido. Arnulfo me da un abrazo y continúa conversando con otras personas. Recuerdo algo que dijo y me retumba en la cabeza: “Nuestra cotidianidad la estamos inventando cada instante. Y es canto y cuento y poesía y gesto”. Las luces se van encendiendo y la cuidad es una gigantesca extensión de bombillas que titilan y oscurecen el Valle. 



A los aposentos del rey llegaron los guardias con un campesino revoltoso. El rey miró al andrajoso de pies a cabeza y le dijo:

-Todo lo que intentaste hoy se termina. Con un leve movimiento de dedo puedo terminar con tu existencia. Mi poder aplasta tu insolencia. Antes de morir te concedo la posibilidad de arrepentirse y quizás, solo quizás, puedas vivir en cautiverio.
-Señor no me arrepiento de nada. No estoy aquí por accidente. Esto es solo el inicio. Le dije a todas las personas que sufren por sus injusticias que no inclinaría mi mirada ni mi determinación de vivir libre ante los abusos del rey. Un rey con el corazón tan duro que solo puede ser tocado por la punta de una espada. Todos sabrán que tan solo murió un hombre que le dijo "no" al rey, pero la idea de libertad vive. 

El rey furibundo ordena que golpeen al campesino que no inclina la mirada. Ante su rebeldía ordena colgarlo delante de todos para que escarmienten. 
El campesino muere y en sus ojos, en la retina, el rey se ve en su trono con una espada incrustada en el pecho y empieza a sentir que le falta la respiración.




A cada sistema le aparece la fisura, como el punto negro en la pared blanca. En el sistema capitalista es innegable que el predominio del capital conllevó a la deshumanización por el aumento de riquezas. Esto generó una crisis moral en la familia. Es decir, se conoce el precio de todo y valor de nada. 

En el socialismo el estado administra los medios de producción y regula las actividades económicas y sociales. Lo curioso, es que ahora el comunismo en la isla es una especie de dictadura para algunos intelectuales, activistas y homosexuales. Para otros es un sistema inmejorable aunque reconozcan la escasez y el aislamiento. 

En Cuba la connotación de isla es muy acertada. Para muchos su mundo es del tamaño de la isla porque ésta se congeló en el tiempo después del colapso del bloque soviético. Los cubanos no tienen como enterarse de lo que sucede afuera. Los medios de comunicación hablan de los países aliados, de la pelea con el imperialismo que ya es como un pretexto y no un sentido vital de la revolución. Sin embargo, la Cuba naciente, en el centro de la Habana se llena de almacenes, edificios y hoteles. Es irónico, pero estas reformas capitalistas son una alternativa para los ideales socialistas. El turismo es una importante entrada económica. 
Como turista me fasciné con el Capitorio, los Chevrolets, Buicks y Oldsmoviles que circulan por las calles, los coches de caballo. Me detuve un tiempo en la Habana Vieja donde está la Plaza de Armas con sus museos, bulevares, construcciones antiguas, la calle Obispo que es peatonal y se ven personas del todo el mundo, la arquitectura colonial española, los hoteles con sus grandes restaurantes y grupos de folklor cubano en vivo. Por algo esta parte de la ciudad, la mejor restaurada, es considerada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Además, está el malecón y el gran castillo de la Real Fuerza construidos por los españoles para defenderse de los piratas atraídos por las riquezas que éstos ya habían hurtado. También es necesario caminar el Vedado, tal vez el núcleo estatal de la Habana donde muchas de las mansiones coloniales se destinaron para las oficinas gubernamentales o museos. 
Caminaba y cada vez era más evidente que la imagen de Cuba, la que se ve afuera de la isa, corresponde a la que se vive en el Habana Vieja, en el Vedado y en el Centro Habana. Es la cara para el turista, para el que se siente como si fuera el protagonista de un comercial de televisión. El que tiene todas las comodidades que disfruta en su país. Sin embargo, el cubano promedio no puede acceder a esas comodidades, a no ser que enamore a un extranjero y éste le dé, por algunos días, la posibilidad de explorar aquellos lugares que solo el dinero puede abrir. 
La Cuba del turista reúne a los cubanos que son camareros, cantantes, taxistas, santeras, mulatos que esperan ser contactados por una extranjera, muchachas que coquetean con quien pueda pagarle sus caricias, pintores, vendedores de maní… Pero ese es un porcentaje pequeño. La mayoría viven fuera de la zona turística. Esa es otra Habana, la que se ve desde la ventanilla del taxi cuando se sale del aeropuerto. 
En la tarde, cansado de fotografiar las fachadas y de no encontrar ese contacto, esa puerta que me permitiera entrar a eso que estaba más allá de lo turístico, caminé hasta el parque El Curita y abordé la guagua P-12 con la determinación de volver a casa de Andrés. Estaba algo afligido. En la fila me saludó un hombre joven, Víctor Marcos Valdés, activista y periodista. Iba con Augusto Guerra Márquez, un predicador cristiano que fue preso político por 23 años. Les pregunté a donde iban. Ellos respondieron que a casa de una compañera para llevarle algunos textos y fotos para que ella los publicara y así poderle mostrar al mundo la otra cara de Cuba. Al indagar por los medios de comunicación que utilizaban me contaron que ellos eran un pequeño grupo de blogueros que están con los cubanos abandonados por el sistema y van a la embajada Checa para acceder a la web. 
Llegamos a la casa de Ada María López. Ella vive con su esposo y sus hijos. En su casa adecuó un rincón de la sala para una biblioteca pequeña e independiente en la que reúne libros para instruir a sus compañeros. Trabaja de la mano con las damas de blanco, las esposas de los presos políticos que marchan en las plazas públicas o por las calles de la Habana. A ellas, dice Augusto, hay que ponerles un tapete rojo porque son la inspiración de la lucha. 
Me senté en la mesa y me mostraron, en un portátil, los comunicados por publicar: el video editado de un exiliado que se pudre, literalmente, en su casa. Luego, cada uno habló de sus peripecias. A Víctor un policía lo había herido en la mano, a Augusto en la cárcel le partieron dos costillas y un diente, a Ada la llevaron presa y no puede asistir al hospital y los medicamentos se los envían del extranjero. Sin embargo, ninguno quiere irse de la isla porque es en su tierra donde la resistencia tiene sentido. 
Miraba la información que me daban cuando llegó Agustín López Canino, el poeta de la resistencia, al menos para los blogueros. 
Él se sentó en una silla, con las manos sobre la cabeza, dueño de sí. Su mirada inquisidora contrastaba con su sonrisa infantil. Su barba blanca y abundante y su cabello largo le daban un aspecto de sabio. 

Agustín López
Agustín fue oficial de marina por 20 años. En ese entonces creía en la revolución. En la flota del Caribe viajó a México donde la m
irada de la isla cambió notoriamente porque el mundo de afuera no era como lo pintaba Fidel. Siempre, desde niño, sin importar los problemas que ocasionara, siguió sus instintos por lo que se le dificultó adecuarse al sistema. Quizás por ello, cuando era marino, se negó a cortarse el cabello y la barba. Hecho que lo llevó a la cárcel. A partir de ese quiebre empezó a configurarse en él la idea de que el socialismo era un error y que Fidel estaba loco, al menos en sus últimos años de mandato. Entonces rompe con la revolución. Escribe su descontento y busca a Fidel para conversar. Le niegan la entrevista y les deja una especie de ensayo social de 90 páginas. A los dos meses le responden con un gracias. 
Aprendió sobre cerámica y reparación de colchones. Alternativamente trabajó un lote que le donó un amigo. Por ese tiempo entrenaba artes marciales dos horas diarias por si necesitaba defenderse. 
Cuando Raúl Castro asumió el poder quiso entrevistarse con él, pero también le negaron el encuentro. Empezó a buscar medios para publicar. En una biblioteca independiente se encuentra con el periodista Reinaldo Escobar quien, al conocer sus textos, lo invita a publicar en el periódico 14ymedio. Además, le abre un blog dekaisone para que pueda publicar. Después de ello decide crear un movimiento de blogueros “Cuba de adentro y de afuera”, de cubanos sin miedo a ser excluidos que se atrevan a contarle al mundo lo que sucede en la isla. 
Ninguno de los participantes gana dinero. Escriben por amor a la resistencia. Al principio empiezan a conversar con la gente, a viajar a diferentes lugares de la Habana, a participar en marchas, a reunirse con otras organizaciones activistas. Cuando el participante está listo y eso lo determina el compromiso con la causa, Agustín o Ada le abren un blog para que pueda escribir. 
Agustín habla y todos le escuchamos. Durante el diálogo confesaba que me diría lo preciso, pues su historia quería contarla en una novela autobiográfica que ya estaba escribiendo. Dice que no quiere darle a nadie la perla de su vida. Al final nos despedimos. 
Salí de la casa de Ada con la sensación de haber visto la Cuba que días después entendería un poco más cuando me encontré en la Biblioteca Nacional José Martí con María Quintero[1], historiadora y profesora de la Universidad de la Habana. Para ella la revolución colapsó hace muchos años, pero nadie puede decirlo. Los cubanos crecen con una venda en los ojos para que no descubran que la revolución ya no es lo que era. Perdió el propósito. Eso lo afirma desde su formación académica. Aunque para hablar de ello debe estar pendiente de quien la escucha porque de ese tema no se puede opinar libremente. Y sobre la oposición afirma que le falta estructura porque muchos aprovechan la coyuntura política del país para buscar apoyo internacional. Y lo que cuentan muchas veces lo hacen más desde el fanatismo que desde la objetividad. Faltan argumentos de fondo que den otra mirada a la realidad cubana que solo permite a la academia hablar abiertamente sobre la derecha o la oposición antes de que el comunismo fuera el sistema político cubano. 
Caminé rumbo a la casa de Andrés y de Bertha. El sol se escondía entre las nubes. El frío se hacía más intenso. Quise fotografiar el edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas, diagonal a la Biblioteca Nacional, frente a la Plaza de la Revolución que se veía hermoso con los últimos rayos del ocaso y un soldado me hizo borrar la foto. Hice el gesto de borrarla y continúe rumbo a la casa que me esperaba con la calidez de un cuarto y una buena comida.
[1] El nombre de la fuente se cambió por petición de la misma.




Ministerio de las Fuerzas Armadas


 

 En la casa de Andrés vi frente al baño dos mesas juntas, como un altar, con recipientes de cerámica de varios colores. Uno de los recipientes, el más oscuro, tenía dos espadas de madera cruzadas y envueltas con una tela negra en la parte superior. En la primera mesa había cinco tinajas, la del centro era azul, frente a ella en un platillo se sostenía una virgencilla morena, la de la Regla (también representa al santo Yemaya) de no más de ocho centímetros de alta. En la mesa del lado una imagen de la virgen María, la estatua de San Lázaro (el santo más famoso que el 17 de diciembre lleva a la muchedumbre a la calle), cinco vasos con agua, una muñeca negra con vestido blanco que sostenía un platillo de madera y sobre el platillo un tabaco. Bajo las mesas había platillos con cabezas de arcilla algo deformes, dulces, arroz, piedras, billetes, manillas de colores y tabacos a medio fumar.

Le pregunté a Bertha lo que significaba y ella sonrió. Sus ojos se achicaron y me explicó lo que significaban. Admito que entendí poco porque ella hablaba muy rápido y se comía, como todos los cubanos, la última sílaba de cada palabra. Igual entendí y supe de su sensibilidad con lo onírico. Tiene sueños proféticos. Se despierta con un número que después cae en la lotería. Pero no los juega porque la lotería está prohibida en la isla. 

Bertha nació en la Habana del Este, en el reparto (barrio) Camilo Cienfuegos, allí conoció a Andrés cuando él estaba de servicio. Ella creció con sus hermanas y hermanos. Hasta hace dos años la santería le interesaba pero no se había animado a practicarla. Pero en el 2013 recibió a Yemaya, que es la madre de todos los hijos en la tierra y representa la maternidad. Se simboliza con las olas del mar porque su baile es como las olas. Al recibir el orisha a Bertha le raparon la cabeza porque era su segundo nacimiento. De la misma manera que un bebé. Anduvo con un pañuelo por algún tiempo. Para ese día se hizo un vestido azul, porque ese era el color de su santo. Ese vestido se lo pone cada que el santo cumple años. Ese día organiza el altar en su casa con telas de todos los colores. El vestido se lo pondrá hasta que muera. Incluso, será sepultada con él. 

Las tinajas están adornadas con flores y maracas que Bertha toca entre días. En ellas hay secretos, pócimas, trabajos que cada santero hace según sus necesidades. Al día siguiente de estar en la casa de Bertha tomamos una guagua rumbo a la casa de sus hermanas. Al llegar me saludaron y me ofrecieron un trago de ron. Siempre hay ron y cigarrillos. Saludé a Antonio Rivarto Rodríguez, más conocido como Tony, un negro acuerpado, cuñado de Bertha. Él tenía una roncha que parecía un barro gigante sobre el hueso occipital. Se veía la roseta en la cabeza pelada. Tenía fiebre y desaliento. Me dijo que fue la picadura de un mosco. Si lo pican en el rostro lo pueden desfigurar. Esto se debe a una debilidad que se da con la conexión con su deidad, Changó. 

Tony, aspirante a santero, trabaja hace más de dos décadas como supervisor en una telefónica. Nació el cuatro de diciembre, día en que se celebra la fiesta de Changó, uno de los santos más famosos en Cuba. Ese día se tocan los tambores. Los adeptos bailan extasiados. Tanto que si los pinchan con una aguja no sienten. Me contó uno de los trabajos donde combatió con un compañero que quería hacerle daño. Tony tomó la posición de la defensiva. Pero cuando se sintió acorralado consiguió tres tabacos y con un alambre los perforó por la mitad. En tres papelitos anotó el nombre de la persona. A cada papel le echó pólvora, lo envolvió y lo introdujo al tabaco. Dos de los tabacos los echó en la tinaja. El tercero lo dejó por fuera. Este último lo fumaba tres veces al día. Lo prendía, le daba unas caladas y luego lo dejaba. Así se fumaba al enemigo. Lo hacía en defensa personal. Nunca ha utilizado la santería para dañar a nadie. Dice que Olofin es el que da y quita la vida. Pero si debe defenderse lo hará porque está preparado. En noviembre del 2014, el enemigo de Tony, falleció de un paro cardiaco.

Los santos o los orishas son las tinajas. Por ejemplo: Osain vive en un güiro adornado con plumas; Changó en un pilón de madera, barro o porcelana, adornado con hachas y espadas; Oggún se representa en un caldero de hierro de tres patas. Los guerreros, Eleggua, Oggún y Ochosi viven junto a la puerta de la calle, cerrados en un pequeño armario... 

Cada santero tiene un santo y un muerto que lo cuida. El santero recompensa a sus guardianes con sacrificios de animales o con ofrendas. De ahí que en la Habana sea habitual encontrarse en la acera de una calle animales muertos: un gato, un gallo, un perro o una paloma. Algunos santeros van al cementerio y hacen la ceremonia para adquirir el acompañamiento del difunto. Éste los guiará en el camino. Con la filiación al espíritu reciben información que les ayuda a prevenir accidentes, predecir el futuro, defenderse de enemigos y curar. 

Son incontables las familias que practican la santería. Por eso, en Cuba muchos van más por fines religiosos que por la revolución. Llegan personas desde México, República Dominicana, Venezuela, Colombia… 

Es común ver santeras en la calle vendiendo el arte de la adivinación. Muchos cubanos, en especial las cubanas, hicieron de la santería una actividad rentable. Se sientan con sus atuendos, vestidos llamativos, cartas, caracoles, cocos (cuatro pedazos que son el oráculo que comunica con los muertos), el tabaco y cobran según la billetera del cliente. 

Sin embargo, existen santeras o personas con habilidades extraordinarias (no necesariamente santeras) que te pueden mirar y hablarte, sin explicación alguna, sobre tu vida. Con un par de parpadeos pueden ver el pasado, el presente y el futuro. En la casa de la familia de Bertha, cuando hablaba con Tony sobre Changó entró una mujer delgada, trigueña, de cabello ondulado, de unos 50 años. Al entrar sentí que quería hablarle y por unos segundos escuchaba la voz de Tony como una emisora mal sintonizada. 

Virgen de la Regla
A los 15 minutos la mujer me llamó, me dijo que se llamaba Belkis Cabrales y quería saber si yo estaba interesado en la santería. Le dije que sí con fines periodísticos. Ella le hablaba a Bertha y a la esposa de Tony. Me preguntó si me gustaba el color blanco, si mi infancia fue triste, si estaba soltero, si soñaba mucho… a todo le dije sí. Era la primera vez que la veía y no había forma de que conociera mi pasado. Luego me habló de mi madre como si la viera. La describió tal cual es. Hizo lo mismo con mi abuela, ya fallecida. Sentí ganas de llorar. Algo dentro se removió. Luego, se quedó en silencio. 

En la isla la santería se fusiona con el cristianismo. Con los españoles llegó el catolicismo y los esclavos africanos para no perder sus tradiciones, el día de los santos católicos, celebraban el de las deidades africanas. Entonces se estableció un vínculo entre el orisha y el santo católico. Por ejemplo, los yorubas tienen un creador -Olofin-, el Dios creador. Olofin dio poderes a los orishas para que pudieran intervenir en la vida de los hombres. Lo mismo con los santos católicos. Un caso concreto, Changó, dueño del rayo, se representa con hacha. En el cristianismo se representa es a Santa Bárbara, la guerrera que tiene una corona de reina y una espada, además, cuando truena se le invoca. 

Me despedí de la familia de Bertha, quienes me invitaron de nuevo para que almorzáramos. El más interesado fue Tony. Salí con las emociones revueltas, como las olas en el mar en noche de luna llena. 













Cuba es uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe por la revolución, la arquitectura colonial, el mar, la playa y la santería. Desde que abrió sus puertas al turismo internacional, a principios de la década del noventa, la isla se ha convertido es uno de los lugares más atípicos y contradictorios para los visitantes. 


1.
La familia y la burocracia


El Aeropuerto José Martí recibía el vuelo 349 de la aerolínea Cubana proveniente de Bogotá. Cada cubano, en promedio, traía unas 4 ó 5 maletas. Aparte llevaba dos maletas adicionales como equipaje de mano. 



Antes de pasar al puesto de migraciones me llamó una funcionaria. Respondí que era periodista, estaba de visita gracias a un premio que me otorgó el Periódico Periferia de Medellín, si podía escribiría algo sobre el viaje, me quedaría en el ICAP y un funcionario, Andrés Palma, me recogería. A ella mis respuestas más que satisfacerla le preocupaban. Preguntó por el efectivo y los equipos eléctricos. Indagó si tenía la visa de periodista. Dije no y sugirió que anduviera con cuidado porque me podrían llamar la atención. Traté de responderle con afabilidad y respeto. Ella me dijo que saldría conmigo y personalmente hablaría con Andrés.


Al encontrarme con Andrés Palma, un cubano encantador, mulato, al que le corre la revolución por las venas, se asusta por el alboroto de mi llegada. Él que es un tipo impetuoso, aficionado a los perfumes, al buen vestir, impecable en el aseo, que no le gusta esperar en el país de las grandes filas, un hombre que toma la palabra como punto de partida porque así se lo enseñaron en la logia de Cuba de los masónicos me saluda y le dice a la funcionaria que él se haría cargo. 

Dos días después cambiamos la residencia de turista por la de familiar. Costó 40 CUC los sellos con el riesgo de que si la funcionaria, sin importar que se hubieran comprado los sellos, decidía que no era viable la firma para autorizar la visa no se podía hacer nada. Discutirle sería salir peor de como entraste. Lo otro era que había que hacer fila para pagar los sellos, entregar el pasaporte, para que te llamaran. La palabra clave era “el último” para indicar en qué lugar de la fila te tocaba.

Andrés y Bertha
Andrés trabaja como distribuidor comercial en el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) hace 32 años. Está casado. Antes tuvo otra relación de la que quedaron dos hijos, lo mismo su esposa, Bertha Bosch, cuando conoció a Andrés tenía una niña. 

Andrés fue militar y estuvo en Nicaragua. Es uno de los tantos cubanos que respira por Fidel Castro. Tanto, que de ser posible donaría su corazón para que sus nietos lo conocieran y vieran aquel hombre que fue encarcelado y exiliado en México por la dictadura de Fulgencio Batista. Aquel hombre que regresó de nuevo a su país y con Ernesto Che Guevara y los campesinos derrotaron la dictadura. Aquel hombre que entró triunfante a la Habana el 8 de enero de 1959, de esa entrada se conserva la tanqueta que es exhibida como monumento nacional en la Universidad de la Habana.

A Andrés la revolución le dio un apartamento de tres habitaciones, sala, baño, comedor, en el piso 21 de un edificio que está al frente del Ministerio de Transporte. Como él, muchos cubanos de piel oscura, viven como reyes porque en su país no existe el racismo.

Andrés me organizó un cuarto, el de su hijo menor, para mi estadía. Para él es un deber atender bien al turista porque considera que si se tiene un terruño de amor fuera de la isla habrá más posibilidades de expandir los afectos. 

Era sábado en la noche y salí con Andrés y su hijo mayor. Encontré una ciudad viva. Las personas iban y venían, se saludaban, olían y enamoraban. Como no tenían dinero para una discoteca se compraban una cerveza o una cajita de ron.

El dinero en la isla es escaso. Por ejemplo, Andrés se gana al mes 200 pesos en moneda nacional (m.n.). En la isla cambian los dólares y los euros por moneda convertible (CUC) que es, en promedio, equivalente a un euro o un poco menos del dólar. Cada CUC equivale a 25 pesos en m.n.. En promedio Andrés se gana al mes 8 CUC, lo que un turista se gasta en una hora en una cerveza en la Plaza Vieja (Habana Vieja) en la Casa de la cerveza.

El estado les otorga al mes por persona: 5 huevos, 1 libra de pollo, 5 ó 7 libras de arroz, 1 libra de frijoles, 3 libras de azúcar blanca y 1 libra de morena, 250 cc de aceite, un cuarto de libra de café, leche al niño hasta los siete años, yogurt de soya de los siete años en adelante… pero no es gratis. Tienen un valor asequible. Para la familia de Andrés, de cuatro personas, lo que les da el estado les puede costar unos 40 pesos en m.n.. Lo que haga falta se debe conseguir en los graneros o tiendas que por una libra de cerdo cobran 50 pesos en m.n. 

El precio de las cosas es variable. Por ejemplo, se da el caso de que un taxista, sin terminar el bachiller, gane más que un médico con especialización. También que un paseo en bici-taxi oscile entre los 5 ó 8 CUC cuando la guagua cuesta 40 centavos de peso en m.n. 

Tomamos uno de esos vehículos, modelo cincuenta, que funcionan como taxis y llevan a varias personas. Cobran por persona 10 pesos en m.n. 

Caminar las calles de la Habana es como tomar un atajo al pasado. Algunos edificios los ha agrietado el tiempo y la brisa salada del mar. Muchos se han derrumbado. 

La ciudad con menos edificios y la población en aumento por lo que la vivienda es uno de los tres grandes problemas de la Habana. Los otros dos son: el trasporte; las guaguas (buses viejos y atestados de gente) no son suficientes para la cantidad de cubanos que se transportan y se arruman unos a otros; el tercero, las telecomunicaciones que existe en contadas casas con la tecnología de inicios de los noventa en un país como Colombia. Sin embargo, los cubanos están influenciados por las modas y el capitalismo más de lo esperado. Los desvela el beisbol y los jóvenes van con camisas americanas y cortes de cabello de sus cantantes de hip hop o reggaetón favoritos. 

Quizás el problema del internet, que solo funciona en los edificios estatales, con conexiones a wi-fi o en los grandes hoteles como el Habana Libre, haya llevado al cubano a socializar más y no a trasladar su vida a la web como sucede en el resto del mundo. Quizás por ello, sea un pueblo que aprende a otro ritmo. De ahí que la mayoría de cubanos en un edificio se conozcan, se visiten y se ayuden. Decía José Martí, el hombre que más monumentos tiene en la isla, que había que ocuparse de la tierra chica, se refería a la familia, para transformar la tierra grande. Un pueblo para el que la soledad no es un dilema o una enfermedad crónica como sucede en el mundo globalizado.