17 octubre 2018
Por Juan Camilo Betancur E.


Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
Aristóteles


El maestro Jorge Maurer es de esos seres que es imposible de definir porque su sabiduría radica en el ahora en movimiento. Más que un cúmulo de conocimientos almacenados, su maestría consiste en vivir y ser feliz. Los datos en él se gestan desde su experiencia de vida. 

Maurer es argentino y desde hace 64 años enseña a conectarse con la luz interior. Su primer discípulo lo tuvo a los tres años. Era un tío, psicólogo, quién empezó a hacerle preguntas y se asombró con la claridad de las respuestas. Debido a ello, se abrió pasó entre las grandes personalidades argentinas que lo recibieron con gran curiosidad y respecto. Entre ellas: Julio Cortázar, Ernesto Sábato y Charly García. 


Desde muy chico tenía claro que era una equivocación querer aplicar los pensamientos de otros a su vida. Por eso, ha seguido su propio camino, el de sus inclinaciones más íntimas. Quizá, por tal motivo, le gusta la respuesta directa y evita el discurso laberíntico. Como Fernando González, enseña a dejarse influir solo por la vocación o la voz interior. En la actualidad tiene grupos de meditación en Caracas, Medellín y otras ciudades alrededor del mundo. 

Su palabra es clara. Parece sacada de la literatura sánscrita. Como si fuera parte de Los rishis, o sabios de la antigua India, que con la palabra transformaban la realidad. Por lo tanto, la palabra es sagrada. Por ello, el poder creativo de la voz se expresa claramente en sánscrito, donde vac, voz, es a menudo considerado como sinónimo de Shakti, que es la energía creativa, el poder de manifestación. Las preguntas son: ¿Qué creamos con la palabra? ¿En que nos enfocamos cuando decidimos hablar de lo que consideramos importante? ¿Aceptamos la palabra como un vehículo para llevar lo mejor o lo peor de nosotros mismos? ¿De qué hablamos cuando hablamos? 

En fin, son muchas las reflexiones que surgen al escuchar al maestro Maurer. Tal vez, utilice el método de la antigua Grecia; es decir, el dialogo que intenta construir cotidianidades más que conceptos. O tal vez, como el milenario Confucio en el siglo IV antes de Cristo, no le interesa hacer nada extraordinario para buscar adeptos. Lo único que busca es vivir en armonía con su entorno y con su ser interior. Escucharlo es como un despertar. Es como si dijera de nuevo cada cosa que nombra: 

“Entendí que es lo que tenemos que sanar, liberarnos y trasmutar. Escuchen, no es el apego a nuestros hijos, a la pareja, al dinero… ¡Eso no es! Es del apego al sufrimiento, a los miedos y la culpa. Pues ¿Cuál es la gracia de desapegarnos de nuestras parejas o hijos? ¿Cuál es la evolución de eso? Eso es deshumanizarnos y desensibilizarnos. No hay beneficio en ello. Hay beneficio al liberarnos de los miedos y los más grades son: El miedo a vivir, a ser feliz y a tener una vida plena. Si se escarba un poco en la consciencia de la persona lo que tiene son estos miedos. Teme manifestar todo su potencial de felicidad, salud, bienestar y prosperidad. Lo que está es apegado a los miedos, a los sufrimientos y a la culpa. 

El perdón es una decisión. Me explico, todo aquello que cargues de los otros dentro tuyo te transforma en algo igual que aquel o aquella que no perdonas. Lo peor que te puede pasar es que eso se quede dentro y no es cuestión de resignarse, sino de perdonar. Cuando perdonas al otro el mayor bien te lo haces tú y si no lo peor del otro se queda en ti y el otro se lleva tu amor. Por ello, ¿cómo vas a recibir en consciencia la divinidad o al Supremo con el corazón sucio, con el corazón ocupado por el resentimiento, el odio, los celos y los daños que recibiste?”




22 septiembre 2018
Por Juan Camilo Betancur E.



Todo mi patrimonio son mis amigos 
Emely Dickinson



Para esta emisión de Me revientan los adultos he escogido el tema de la amistad, en parte porque septiembre es el mes en que nos hemos programado para celebrar nuestros encuentros y en parte porque a pesar del mes, quiero hacerle un homenaje a cada una de las personas que me he encontrado en el viaje de la vida y que me ha acompañado, no importa el trayecto, pero sí su presencia en el viaje. De esta manera, reconozco el aporte sustancial de cada ser que por un periodo corto o largo he considerado amigo. Y si lo consideré amigo lo más seguro aún lo es. Pues una de las características de la amistad es que no tiene fecha de vencimiento como si lo tienen la mayoría de los encuentros amorosos. Por ejemplo, el amor tiene la aspiración de durar para siempre como una estrategia distractora de ocultar su fragilidad, o ¿por qué la iglesia ha inventado el voto matrimonial? En cambio la amistad, donde no hay intenciones de poseer al otro o al menos atarlo a tu vida, suele ser más sólida y duradera en el transcurso del tiempo.

En sentido básico la amistad es una relación que se da entre dos o más personas sin importar el sexo, la edad o el color de piel. Pero la amistad duradera está asociada a valores como el amor, la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso. A este tipo de amistad me refiero donde en el encuentro interpersonal uno experimenta lo mejor de uno. Este encuentro sucede, según Aristóteles, desde la virtud porque aquellos que desean el bien inherente a sus amigos son los verdaderos amigos. Esa es la amistad inmarcesible. 

La amistad duradera empieza por un sentir que ocurre de manera espontánea. Parte desde la afinidad y la vibración. Es cuanto alguien te cae bien porque sí, porque dentro de ti se reconoce su espíritu y quieres compartir algo más que el arrebato sexual. Este tipo de encuentros, poco frecuentes, se dan entre personas de diversas edades, religiones, ideologías, culturas. Incluso, entre un animal y un ser humano. 



También hay que reconocer que hay encuentros que se basan en la utilidad (como las relaciones entre los políticos que se elogian para buscar una mejor posición), otros desde el placer (como las relaciones basadas en las fiestas de fin de semana para exaltar e incentivar los sentidos). También está la amistad basada desde un amor espiritual (como es la relación de un maestro con un alumno, como fue el caso de Santo Tomás con su discípulo Fray Reginaldo de Priverno, quien lo cuidó en sus últimos años y relató una faceta muy humana del santo que promovió la bondad de la amistad). En mi caso he encontrado personas para satisfacer el placer, también para utilizarnos mutuamente. Asimismo he contado con la fortuna de encontrar maestros que me han exigido a la hora de escribir hasta el punto de creer que su amor sincero era un odio disimulado. Sin embargo, esos encuentros donde expresé mi carácter sin temor a ser aprobado me permitieron indagar sobre ciertos matices de mi personalidad, que sin los amigos íntimos, tal vez no hubiese comprendido. 


Los encuentros en la amistad se dan en dos grados de intimidad. Están los amigos con los que estamos de forma lejana, aquellos que frecuentamos de vez en vez para compartir un café. Y están aquellos que consideramos los más íntimos, con los que compartimos ideas, información, sentimientos y sobre todo los momentos más difíciles de la vida; pues curiosamente uno recuerda más a la persona que te acompañó mientras llorabas a la que estuvo contigo cuando reías. 

Sin embargo, para muchos debe ser irrisorio que alguien escriba sobre la amistad en estos tiempos. Para los que piensan así, pueden leer otra cosa o seguir indagando porque le temen a los amigos. Tal vez sea porque en este tiempo digital, el de las redes sociales, lo que prima es el narcisismo. Las personas están embobadas y ebrias de sus reflejos. Por ello se preocupan más de lo necesario por su imagen, su proyección, que por una relación sana consigo mismos. Y lo que hacen es fabricarse máscaras para excitarse con sus propios reflejos o los reflejos de otros hasta perder la capacidad de contactar y establecer vínculos reales con sus semejantes, los más cercanos. Por consiguiente, en el mundo de las redes sociales la amistad no llega a un saludo en la estación del tren y el amor se visualiza como una aplicación descargada al celular para alimentar la fantasía. Por ello, en estos tiempos digitales, cada vez es más difícil encontrar un buen amigo, ya que el amor y la amistad se han sustituido por un deseo ilusorio, muy superficial, carente de vínculos reales y profundos. 

Por tanto una amistad verdadera es una cuestión utópica para el consumidor del mundo globalizado, donde el compartir se establece desde la inmediatez y la superficialidad. Por ello, prefiero recordar lo que han dicho y escrito algunos maestros sobre la amistad, que por lo que dicen, han experimentado una amistad profunda y nada inmediata. Por ejemplo el Dalai lama, líder espiritual del budismo tibetano dice que “la amistad sólo podía tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad”, tal vez porque vio en sus profundas meditaciones que los amigos son un reflejo de tus acciones. Por ejemplo, si empiezas a cultivar en ti la virtud y tu talento, tus amigos serán virtuosos y sensibles a tu talento. En esa medida, cuando ha pasado la inmediatez del encuentro, los temas banales de cómo está la ciudad, la familia… se pasa a verbalizar los sentires profundos y el amigo pasa a ser, como lo dice Emerson, “una persona con la que se puede pensar en voz alta” sin necesidad de juzgar, de prevalecer importante y dominante, como a veces sucede con el amor. En esa medida, dice el sabio Séneca que “la amistad siempre es provechosa; el amor a veces hiere”. Por algo será que el amigo no huye como un animal asustado ante la dificultad, como si lo hacen los adoradores del reflejo y el maquillaje. El encuentro que se fortalece cuando te quedaste sin trabajo, cuando un ser querido se te ha muerto, cuando te deprimes porque no estás en tu mejor momento… es un encuentro que “es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”, así lo considera el escritor indio Tagore. Ese amigo, el que te respeta y valora por lo que eres no por lo que tienes será como lo plantea el poeta libanés Gibran, el amigo para vivir las horas y no para matar el tiempo. 

Por ende, cuando hay una amistad fundamentada en el respeto, los amigos se reconocen como seres importantes porque aprenden a experimentar lo mejor de sí mismos en compañía del otro. Y no se avergüenzan de ser leales, atentos, cuidadosos, respetuosos… porque sus seres interiores así lo manifiestan. Adentro de uno está lo mejor de uno que empieza a expresarse con los amigos. Por ello, entre amigos no hay juicio ni máscaras. Lo que hay es un alto grado de evolución interpersonal en cuanto a la experimentación de valores de alta vibración como el respeto, la aceptación, la compresión y la confidencia. Por algo Aristóteles afirmaba que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas” o Chaplin declaraba que: “necesito de alguien, que venga a luchar a mi lado sin ser llamado. Alguien lo suficientemente amigo, cómo para decirme las verdades que no quiero oír, aun sabiendo que puedo irritarme. Por eso, en este mundo de indiferentes, necesito de alguien que crea en esa cosa misteriosa, desacreditada y casi imposible: ¡LA AMISTAD!”. 

Al aparecer, ahora que reflexiono sobre los amigos que tengo, he nacido con el don de la amistad porque he encontrado, desde pequeño, seres maravillosos con los que fui bueno y no solo moralmente bueno, sino profundamente bueno porque con ellos empecé a despertar mi talento, el oficio para el que soy bueno, al menos que disfruto hacer. Gracias a eso puedo afirmar, al menos ahora, que la amistad me ayudó a fundamentar mi talento, el de escribir, y así cumplir la función que tengo en este mundo. A las personas que me he encontrado y han recibido conmigo las bendiciones de la amistad, espero puedan escuchar el programa de radio Me revientan los adultos (que les dedico) o leer este texto. De antemano les agradezco por existir y espero que la vida nos siga permitiendo espacios para compartir y departir unos vinos y unas palabras. 

En tal medida, y para ir cerrado este texto, la amistad es una característica del ser social. Brota de su instinto pero se efectúa según la inteligencia y la bondad que posea el hombre. Pues la amistad en sí misma no es una virtud porque hay infinidades de encuentros nocivos y enfermizos. Pues está en nuestra naturaleza interactuar con el otro. Pero sí en ese encuentro coinciden seres conscientes que vivan la amistad desde un encuentro íntimo basado en el respeto y la diferencia, entonces la amistad se fundamenta desde la virtud y ese encuentro es imperecedero.




15 septiembre 2018
Por Juan Camilo Betancur E.


Una cosa buena acerca de la música, cuando te golpea, no sientes ningún dolor.
Bob Marley

En las mañanas, antes de irme para el colegio, el abuelo nos despertaba a todos con su respiración de toro salvaje que iba mermando después de prender la radio, a alto volumen, y buscar en alguna emisora canciones de los Relicarios. 

Esa música me sonaba como un chirrido estridente. Lo curioso, era que calmaba al abuelo. Ejercía sobre él un poder maravilloso. Tanto, que después de un par de canciones empezaba a contar historias. Una de ellas era que había visto a Los Relicarios cantar y eso le había cambiado la vida. Fue cuando se animó a formar un dueto y empezó a ir a reuniones sociales. Lo que más le gustaba era que había licor gratis y que podía robarse alguna mujer. Así hizo con la abuela, con quien tuvo ocho hijos. 

El abuelo persistió en ser una encarnación de la letra de esa música montañera, o campirana, o carrilera, o guasca, que se especializa en la tristeza, el dolor, el despecho. Hablaba con nostalgia, como un preso de la libertad, sobre esos mundos perdidos en las borracheras, esos males de amor gritados en las plazas de mercado, esos jinetes heridos de corazón entre racimos de plátanos o bultos de café, esos hombres abrumados por un dolor que no entienden y que desean lavar con aguardiente o con lagunas mentales. 

El abuelo se quedó con las adaptaciones de los ritmos sureños (corridos de México; pasillos y valses de Ecuador; tangos, pasillos y valses de Argentina) interpretados por los campesinos antioqueños. Música que empezó a tomar fuerza después de la inauguración del Ferrocarril de Antioquia en 1929. En las estaciones se realizaron fiestas que duraban varios días. De esas, narró el abuelo, en la estación Palomos, en Fredonia, se armaban tales peleas que el machete enarbolado era el símbolo de virilidad que a más de uno dejó sin extremidades. Pero fue a partir de 1940 que esta música empezó a sonar con fuerza. 

Sin embargo, no es hasta 1952 que surge, tal vez, el dueto que hoy en día más representa la música campesina. Hablo de Los Relicarios, el dueto que ha influenciado a miles de personas. Canciones como: Entrega­do a las copas, Al diablo con tu orgullo, Todos seremos igua­les, Voy a tomar aguardiente, No sé rogar, No te quise, Mal­dito dinero, Dime que me esperas, En otro tiempo, Huérfano desde niño, El Cristo de oro, Te quiero aunque seas casada, Te voy a borrar, Bien aburrido, Maldigo mi destino, Triste sin madre, Soy un bohemio, La medallita de oro, La malagradecida, El dolor de un hombre, entre otras, pues llevan más de 1300 canciones grabadas. Estas canciones representan los sentimientos que emergen en las montañas y de alguna manera, como sucedió con el abuelo, los calma o los precipita al abismo. Pues, los sentimientos son como caballos indómitos que arrastran la razón y sobre todo, empantanan ciertos tramos de la historia. Sentimientos oscurecidos por el licor, la aventura, la traición y la errancia. 

Años después, por cosas del destino, me encontré con José Muñoz en la Biblioteca de Girardota y lo entrevisté para el blog, días antes de que muriera su compañero de fórmula: Germán Rengifo La idea era hablar con don José, ícono de la música popular. 

José nació en Bello el 10 de abril de 1931. Empezó a estudiar la guitarra a los siete años, con ayuda de un método que le compró su madre. Se levantó en la vereda "El barro" de Girardota. Al verlo, era curioso, sentía que ya lo conocía. Tal vez por ello, las letras de sus canciones me dieron otra mirada de la historia, una que permitió ver más a fondo al abuelo. Era como si reviviera la misma escena, pero con más recursos lingüísticos para narrarla. ¡Cómo hubiera disfrutado el abuelo, si aún viviera, haber hablado con don José! Pues Don José entendió, así sus canciones sean una epifanía al alcohol, que el trago es más una postura estilística, gastada, artificial que lo único que hace, al final, es expandir la herida en los seres cercanos y amados. Por ello, don José lo dejó para continuar con Los Relicarios y seguir componiendo. 

A sus 87 años cuenta con más de 5 mil composiciones grabadas. Estuvo más de 60 años con Germán Rengifo. Ellos, Los Relicarios, son, por decirlo de algún modo, la tierra hecha música de varias generaciones. Pareciera que este encuentro con don José fue una cita anunciada por el abuelo hace más de 25 años. 



8 septiembre 2018
Por Juan Camilo Betancur E.



Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. 

Proverbio hindú.



La idea de trabajar con niños inició a principios de este año después de trabajar en la Biblioteca de Giardota. Entonces, hablando con amigos, surgió la idea de acompañar a algunos niños desde la literatura y el yoga. Surge porque estando en la biblioteca pude acompañar algunos infantes que más que promoción de lectura necesitaban ser escuchados. 

De esta manera inicié unos talleres de yoga y literatura. Luego, cuando los encuentros me permitieron entablar amistad con los niños empecé a escuchar cosas como: “sí Adán es el primer hombre ¿tenía ombligo?, ¿por qué pensar sucede dentro de la cabeza?, ser un niño es ser un hombre chiquito”, entre otras frases y se me ocurrió hacer algo para que más gente escuchara. Es cuando nace el micro-programa radial “Me revientan los adultos”. De las cuatro emisiones que llevamos, en promedio, cada una ha recibido entre 150 y 200 visitas, hecho que habla de una sintonía que empieza a afianzarse. 

Y ¿por qué con niños? La razón es que fue inevitable trabajar con ellos. Todo empezó hace ya unos diez años. Recién llegaba de un viaje por Suramérica. Un amigo muy amado, Julio Cadavid, me recomendó para trabajar en un super-hogar infantil en Itagüí y mi trabajo era leerles cuentos a niños entre los tres y los cinco años. Al principio no logré contactar con los infantes. A las dos semanas estaba decidido a renunciar porque no me determinaban, entonces me senté frente a ellos, con lágrimas en los ojos y les conté sobre mi deseo de irme y también que así como ellos, una muchacha tampoco me determinaba. Esto generó un efecto mágico y por primera vez el grupo de quince niños de tres años me escuchó. Les pregunté qué hacer y una niña me dijo que me quedara y respecto a la muchacha sugirió que fuera hasta su casa, tocara el timbre y cuando ella abriera la puerta le sacara la lengua y saliera corriendo. 

Luego estuve en varios proyectos con la primera infancia. Saltando experiencias significativas como la creación de cuentos infantiles con madres y agentes educativos por medio de preguntas, la construcción de conjuros por medio de poemas, la cartografía social con docentes de primera infancia… hasta que apareció: “Me revienta los adultos”. 

Es evidente el entusiasmo por los cuentos de los niños que visito. Ellos apenas descifran las palabras y es hermoso ver como se emocionan cuando ellos, más que entender la utilidad práctica de la lectura, encuentran un camino lleno de imaginación y aventuras que les plantea un cuento. Esto ha sido posible porque como docente no les exijo una cantidad de páginas de lectura ni actividades que demuestren que entendieron el cuento. Mi idea no es cobrar por la lectura, sino enamorarlos de la misma. Por tal motivo les planteo la posibilidad de viajar a mundos desconocidos. Entonces sucede lo que explican Bruno Bettelheim y Karen Zelan en su texto La magia de la lectura: “la fascinación inconsciente del niño ante los acontecimientos imaginarios y su poder mágico apoyarán sus esfuerzos conscientes por descifrar, dándole fuerzas para dominar la difícil tarea de aprender a leer y convertirse en una persona instruida”. 

Por otro lado, en mi experiencia como docente en la primera infancia he notado la fascinación de los niños por temas como la magia, el lenguaje secreto, la aventura, los viajes, que en el fondo les permite a los infantes indagar y en la medida de lo posible participar en los secretos de los adultos. De ahí que cuentos como: Todo lo que deseo para ti de Henrike Wilson y Jutta Richter, El doctor Me Di Cin de Roberto Piumini, El pequeño topo que quería saber quién se había hecho eso en su cabeza de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch, Dónde viven los monstruos de Maurice Sendak, Gorila de Anthony Browne, entre otros, representen un interés muy singular en los niños. Y estos puntos de interés se pueden satisfacer con cuentos infantiles, mitos, historias religiosas o historias de sus padres que entusiasman al infante al saber que sus padres también fueron pequeños. Por ello, creo, que cuando el aprendizaje de la lectura parte desde los intereses de los niños o el lector en general, se potencia sus facultades cognoscitivas, su imaginación y sus emociones y se incide en su personalidad. 

En la medida que vamos leyendo el infante empieza a habituarse y sentir la lectura como un placer y los placeres como ir al parque, comer un helado y otros se caracterizan por ser voluntarios y no impuestos. Por ello, la magia de la educación con la primera infancia, y ya lo señalaba Platón desde el texto “La república”, es que la educación debe ser “el arte de la orientación” más que “implantar una visión” en la mente porque la idea es enseñar a ver. En otras palabras, la educación debería estar basada en enseñar a pensar sin dirigir el pensamiento. Esto, al menos así lo considero, se evidencia en los micro-programas de radio donde el niño va desarrollando la capacidad de opinar desde su percepción individual. 

Después de la lectura hacemos una actividad manual y cuando el niño está concentrado en su trabajo empiezo con las preguntas. Sus respuestas, la mayoría son automáticas, pero eso no quiere decir que carezcan de profundidad, al contrario. “Debemos dar más crédito al potencial, a las virtudes que los niños poseen. Debemos convencernos que los niños, como todos nosotros, poseen virtudes más fuertes de las que hasta ahora nos han contado; que todos, nosotros y los niños, poseemos potencialidades más fuertes de cuanto nos reconocen; que consumimos sin que nos demos cuenta, una baja cantidad del potencial de energía que hay dentro de nosotros”[1]. Por ello, a través de las preguntas busco ese potencial para construir los programas radiales y hacer de ese espacio intimista, por medio del blog, un medio de comunicación entre los padres de familia y un grupo cercano a los niños. Y valiéndome de un formato comunicativo tan grato como la radio puedo darle voz a aquellas voces que para muchos no han sido tomadas en cuenta y que como todas las voces tienen el derecho a expresar y decir lo que piensan. Máxime si son los infantes. Por algo Laura Constancia Sandroni en el texto Lectura de comunicación de masas, decía: “Ya lo anotaba Bertold Brecht, en su artículo de 1932: La radio (…) ‘si fuera capaz no solo de emitir, sino también de recibir; en otras palabras, si el oyente no solo escuchara, sino también hablara, que no permaneciera aislado, sino relacionado’”. Y esta relación se da cuando el padre escucha a su hijo y le da otro lugar. 

El dialogo padre e hijo es vital, de ahí que la socióloga Patricia Correa que lidera el proyecto “Palabras que acompañan” (auspiciado por el laboratorio GlaxoSmithKline) manifieste que “los niños son responsabilidad de toda la sociedad. Desde que se decide tener un hijo, deseado o no deseado, ojala deseado, se adquiere una responsabilidad que se acaba con la muerte del padre o la madre. El vínculo emocional y el papel de la construcción psíquica del otro continúan. Por ello, los valores se aprenden con modelos coherentes de respeto o el ejemplo”. Y esto puede aportarse con los micro-programas radiales, donde padres e hijos se sientan en un ratito en la semana a escucharlos. Y se lo escuchan pueden rastrear aspectos primordiales de la mente del infante, tales como el ego, su capacidad argumentativa, la facilidad de formular hipótesis, entre otros que empiezan a moldear su personalidad. 

De nuevo, amable lector, si sientes que está experiencia vale la pena compartirla, no dudes en permitir que estas voces de estos niños toquen muchos más corazones. 






[1] Rinaldi, Cara. En diálogo con Reggio Emilia. Escuchar, investigar, aprender. Grupo Editorial Norma S. A. C. Lima –Perú. 2011.
1 septiembre 2018
Por Juan Camilo Betancur E.



Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida. 

William Shakespeare 


Jovany Carmona Hoyos, girardotano, es constante con el ejercicio creativo, por lo que su trabajo es una labor interna que lo ocupa siempre. Así, cuando deba dar la cara por sus creaciones artísticas prefiera acudir a sus amigos para que lean una aparte de su trabajo. Como quien dice, le gusta estar atrás de bambalinas, como observador activo o un camarógrafo que registra todo, pero que no figura. Así es el Jova, el amigo entrañable que se encuentra en un estado delicado de salud y al que le dedico este espacio, como una oración, como un rayo de luz para su estado actual. Por ello, aquel lector que haya conocido a Jova y quiera unirse a este acto noble de exaltar lo bello de la amistad, lo noble que es acompañar a un amigo con una oración, lo invito a compartir esta entrada para que con la voz de Jova intercedamos y le enviemos al universo nuestra intención, al unísono, de que Jova se recupere y siga con nosotros en este pedazo de espacio tiempo que la vida nos otorgó para compartir y sobre todo con los más queridos. 



Jova escribió la novela “Biopic”” con la beca otorgada en la Segunda Convocatoria de Estímulos al Talento Creativo 2013 del Instituto de Cultura y Patrimonio del departamento de Antioquia. Dice Cesar Álzate “Es en realidad un escritor, uno que aquí, con suficientes méritos, incursiona en la vida de alguien”. En ese mismo año también gané con el libro de microcuentos “Los Errantes”. Estuvimos juntos en ese proceso creativo. Ambos nos acompañamos como escuderos de nuestros proyectos y compartimos el lanzamiento de ambos libros. Y bueno, era muy divertido ver al autor de “Biopic” esforzarse por ser un espectador de su propia obra sin poder escapar de los espectadores. Al final, firmó algunos libros con algo de vergüenza y alegría. Luego postuló por dos años un libro de cuentos y por cuestiones de trámites, no por el nivel literario de los cuentos, que espero verlos algún día publicados, no pasaron el filtro de los Estímulos del Instituto de Cultura. 

Jova es cofundador del cineclub El lienzo de Méliès que lleva funcionando más de una década en el municipio de Girardota, y cada ocho días (los miércoles) proyecta una película donde los girardotanos pueden ver buen cine y gratis. Este espacio ya está inyectado en el recuerdo de muchos y por ello, al referirse al cineclub lo nombran como un pedazo de memoria importante en sus vidas y en la historia del municipio. Pues muchas veces sin el apoyo de la administración Jova y sus amigos continuaron proyectando pelis en bar De Bluss o cualquier lugar del municipio: una vereda, una acción comunal, un colegio, una calle, el parque principal o un restaurante. 

Además, en el cineclub, muchas veces Jova es el gran protagonista. Da la introducción de la peli y al final invita a los participantes a conversar. Tal vez por ser un espacio intimista, donde habla de otros, se anima a llevar la batuta y dar sus comentarios, algunas veces muy protocolarios, muy técnicos, muy serios, cuando en las conversaciones sin espectadores sus comentarios son de un humor fino y oscuro, inteligente y tierno. Eso es Jova, un hombre que muchos queremos y que de alguna manera cuidamos como se hace con un joven rebelde, algo díscolo, pesimista, juguetón, pero con una fuerte carga de ternura. Un hombre que ha permanecido fiel a sus tres grandes pasiones: el cine, la literatura y el amor. Pues tanto sus cuentos como la novela están atravesados por una pregunta ¿Qué es el amor? cuya respuesta, que no alcanzan a dar sus personajes, más bien la viven intensamente, es admitir que el amor es enredado, fascinante y aterrador. 

Por otro lado, junto con sus grandes amigos, Julio, Felipe, Jairo y otros organiza el Festival Audiovisual de Girardota. A Jova, a su espíritu inquieto y creativo, van estas palabras. Desde mi más profundo sentir ruego al universo que te mejores para seguir compartiendo entre cafés, rones con coca cola, algunas cervezas, algunos porros, algunas canciones noventeras, algunas pelis tostadas, esas conversaciones tan cercanas y necesarias, que a veces, por cotidianas, uno cree va a tener para siempre y por eso mismo no les da la importancia que se merecen.


24 agosto 2018
Por Juan Camilo Betancur E.


Si Dios no es amor, no vale la pena que exista.

Henry Miller


El concepto de Dios (del latín: Deus, brillo, resplandor) referencia una deidad suprema que creó el universo. Es el nombre, sí es que se puede nombrar, de un ser omnipotente, omnipresente, omnisciente, omnibenevolente, de naturaleza incorpórea. Además cuenta con grandes atributos otorgados en los textos judíos, cristianos, krisnas, musulmanes… como el creador del universo, el principio incondicionado que explica la existencia de todo, el ser supremo, infinito y perfecto.


Igual las diferentes formas de nombrarlo: Dios, Adonai, Él, Shalom, Elohim, Elyon, Yah, El Roi, Jehová, Infinito-Infinito, Altísimo, Alá, entre otros. Es muy amplio el misterio e imposible de abordar en una entrada para un blog como estos, que no especializa en nada. Por ello, mi palabra será igual a la de muchos que están llenos de teorías viciadas por el dogma y la rigidez de una imagen gastada por el fanatismo y las religiones. Y el fanatismo, sea cual sea el ámbito que se manifieste, es arbitrario, de una sabiduría sorda que no admite ser debatido. 

Pero con los niños es distinto. Ellos hablan de forma repentina, sin pensar en la intención desgastante de agradarle al otro, al menos conmigo, pues son participes de mis preocupaciones. Y bueno, yo también de las suyas. La idea es escucharlos y que me escuchen. Entonces cuando sienten que son tomados en cuenta por un adulto hablan como si lo hicieran con un amigo. O caso ¿por qué se habla distinto con los papás y con los amigos? ¿Por qué para muchos hijos, la mayoría, sus papás no son amigos? Tal vez porque los padres se han hecho expertos en dirigir la vida de sus hijos cuando les piden informes diarios de cómo les fue en el colegio. Es decir, piden información sin involucrar a sus hijos en sus vidas. Entonces se pierden ese mundo fantástico de los niños que manifiestan con sus palabras, las que utilizan para entender el mundo, tanto interior como el circundante. Y cuando un niño se siente útil y participe en la vida de un adulto puede opinar sobre temas tan inquietantes como Dios y el misterio del universo. Al menos así lo considero.

Para realizar estos micro-programas de radio, la idea es generar un ambiente de confianza que se logra con ejercicios como meditaciones cortas, lecturas de cuento, dibujos o figuras de origami. Con estos ejercicios los niños, en el momento de conversar, interpretan el mundo, desde su desarrollo cognitivo. Este desarrollo cognitivo según Jean Piaget tiene cuatro etapas: la sensomotriz (0 a 2 años), la preoperacional (2 a 7 años), la de operaciones concretas (7 a 12 años) y la de operaciones formales (desde los 12 años hasta la vida adulta). Por medio de estas etapas el niño logra entender el mundo que habita. 

En la primera etapa el niño articula frases simples; en la segunda, el niño se pone en el lugar del otro, hace juegos de rol y según Piaget también habla de lo que se conoce como “pensamiento mágico” que surge de asociaciones simples y arbitrarias que el niño hace cuando intenta entender cómo funciona el mundo; en la tercera etapa el niño empieza a usar la lógica para llegar a conclusiones válidas y puede categorizar aspectos de la realidad de una forma mucho más compleja; en la cuarta el niño tiene la capacidad para utilizar una lógica que le permite llegar a conclusiones abstractas que no están ligadas a casos concretos. 

Bueno, nombro estas etapas para mirar, muy por encima, como cada conversación que se va subiendo a este blog parte de los fascinantes argumentos de los niños y como estos argumentos están mediados según su desarrollo cognitivo. Espero que esa entrada sobre Dios sea de su agrado amable lector y que sí crees que se puede compartir esta experiencia, bueno, sería muy grato que las voces de estos niños tocaran la mayor cantidad de corazones posibles.


18 agosto 2018
Por Juan Camilo Betancur E.




“El periodismo es libre o es una farsa”.

 Rodolfo Walsh

Hace un tiempo, en conjunto con la Biblioteca Municipal de Girardota se le apostó a la práctica del periodismo escolar como proceso de transformación del territorio habitable por los niños del grado 5B de la I.E. San Andrés. Por ello es un regalo compartir con ustedes, amables lectores, este ejercicio de clase. Pues es sorprendente lo que se puede hacer si no se trabaja solo y se acepta la diferencia del otro como un aprendizaje. Pues es más gratificante optar por un liderazgo que no es imposición, más bien una seducción por una apuesta colectiva que reconforta el espíritu. Así podríamos nombrar el resultado final, después de varias secciones de trabajo con los estudiantes, como una posibilidad divertida donde los participantes se esforzaron por organizar sus pensamientos, expresar sus ideas en forma noticiosa y comprometerse con el aprendizaje de la comunicación fuera del aula. 

Desde un trabajo que trasciende el tallerismo y la eventualidad, los estudiantes del grado 5b de la Institución Educativa de San Andrés culminaron con satisfacción el noticiero “RCM”. Para esto fue indispensable el apoyo de la profesora Yholmy Amparo Salazar, quien motivó a sus alumnos para que buscaran los temas de los que querían hablar. Por ejemplo, un talento especial de alguno de los alumnos del colegio, un evento paranormal, un problema que aqueje la institución como la drogadicción o en la vereda como las basuras, una novedad deportiva, entre otros. 

Si bien, algunos de los principios del periodismo es que la información sea veraz, objetiva y oportuna, para el ejercicio de clase estos ejercicios no se midieron con la rigurosidad requerida porque muchas de las noticias, aunque partieron de hechos puntuales, se inventaron sin necesidad de contrastar las fuentes. Esto, porque lo vital fue fortalecer la personalidad de los estudiantes desde un acercamiento a lo que es un noticiero que les permitiera realizar juegos de roles. También que entendieran las normas ortográficas porque les ayudan a expresarse mejor. Es decir, cuando se enteraron de que los íbamos a filmar y que el video se proyectaría en pantalla grande, que el video se compartiría con otros grados, que ellos presentarían su experiencia comunicativa a sus compañeros, se preocuparon por hilar coherentemente sus textos. 

Luego, se procedió a armar grupos para que intentaran armar el noticiero. Claro, durante una semana observaron los noticieros de televisión para que identificaran las funciones de los presentadores, los corresponsales, los entrevistadores y los entrevistados. De esta manera, los estudiantes reflexionaron su contexto y crearon sus propias producciones. Después, cada grupo socializó su noticiero para que los otros estudiantes y la profesora expresaran sus opiniones y debatieran respetuosamente. Esto con el fin de consolidar un noticiero que compilara lo mejor de las producciones de los estudiantes. Así nació el noticiero RCM. 

Luego, el proceso de edición. Se gestó gracias a los beneficios de la amistad. Es decir, un amigo, Jairo Andrés Palacio, realizador de cine, Comunicador Audiovisual, nos brindó su conocimiento sobre el lenguaje multimedial y estuvo frente la pantalla de su computador dándole forma al noticiero. Si no hubiese sido por las más de ocho horas de edición para un video de seis minutos, no hubiese sido posible compartir esta experiencia comunicativa. 

En conclusión, con este ejercicio, se promueve el periodismo escolar como un derecho a informar o desinformar, no importa, si se parte desde el disfrute. Lo interesante, más que la información brindada, para este caso que se permitió la ficción en los relatos, es generar la oportunidad de las interrelaciones entre los estudiantes y el contexto que habitan. Pues los estudiantes se ven a sí mismos, los ven compañeros, profesores, padres de familia y comunidad en general. De esta manera se genera sentido de pertenencia 





3 agosto 2018
Por Juan Camilo Betancur E.


Penetrados del amor por lo bello
Sigamos la naturaleza
Mirando las estrellas

Jaime Gómez

Los medios nos han vendido héroes que se han hecho populares más por sus destrezas discursivas o físicas que por sus criterios para construir sociedad. Así, desfilan por nuestros imaginarios: políticos, actores, cantantes, deportistas, militares… Muchos de ellos han corroído aquellos valores que nos hacen mejores individuos. 


Cuando hablamos de valores nos referimos al valor de asumir las normas básicas de convivencia, como el respeto a sí mismo. De esta manera, transmitir un modo de vida que intente cambiar esa anticultura de estafadores, escandalosos, ruidosos a la moda, trasgresores del impulso imitativo que hemos integrado en los núcleos familiares. 


En tal medida, nos complace anunciar que conocimos uno de esos hombres que va más allá de lo mediático. Sobre todo cuando los medios buscan el hombre que muerde al perro, la mujer de dos cabezas, el escándalo, el provocador que genere audiencia, la muerte más estrambótica… Y esos personajes son una mínima expresión de una sociedad. Por ello, ser mediático no siempre significa ser un buen ciudadano, estar convencido de lo que se hace o ser el emisario de una pasión que más que robar cámaras conmueva corazones. 


Se llama Jaime Gómez. Es pintor y filósofo. Nació en Girardota en 1951 y reside en Francia, París, desde 1986. Ganó el premio Salón de arte joven, Museo de Antioquia, Medellín (1979, 1980). Ha hecho diversas exposiciones en ciudades como: Paris, Hamburgo, New York, Singapur, Bogotá, Medellín. 


Sus obras, dice René Delaporte “gozan de las mismas particularidades del lenguaje. Su transparencia matemática nos habla con toda certeza de una rosa, de un perro, de un paisaje. Los espacios y los objetos son inconfundibles. Esto que yo llamaría una vocación a la verdad es una característica de su obra.” 


Hablar con Jaime Gómez es tan enriquecedor como releer un libro que cada vez revela más sabiduría. Es como si con cada una de sus palabras dejara entrever lo más espontaneo y autentico de sí mismo. 


Jaime es del tipo de persona que se puede sentar entre todos, ser parte de todos. Sin embargo, puede estar hablando o en silencio y su calidez o una cualidad indefinible nos atrae. Sus gestos, como sus pinceladas, son precisos. Nada en él es sobreimpuesto. Sus comentarios parecen dar un sentido nuevo de lo que nombra. Esto es posible porque el silencio también le pertenece. 


24 julio 2018

Por Juan Camilo Betancur E.

Si amas una flor que está en una estrella, es reconfortante mirar el cielo por la noche. Todas las estrellas son un alboroto de flores.
Antoine de Saint-Exupéry. 



De ante mano, en esta segunda emisión del programa “Me revientan los adultos” le agradezco a los papás de Abraham, Silvia y Santiago y a la madre de Mathias, Diana, porque es por su apoyo que es posible publicar estas conversaciones. Estos padres me han permitido acompañar sus hijos por más de dos meses. En ese tiempo les mostré cuentos infantiles, ejercicios corporales como posturas básicas del yoga y un poco de meditación. Con las rutinas y las visitas cada ocho días logré crear una atmosfera de confianza con los niños para hablar de temas de su interés y del mío, por supuesto. Para esta segunda entrega nos enfocamos en las estrellas. 



Sin ser este un texto de astronomía, más bien una aproximación, empezaría diciendo, como aparece en muchos libros científicos, que las estrellas son masas de gases, principalmente hidrógeno y helio, que emiten luz. O también que son motores de energía cósmica que producen calor, luz, rayos ultravioleta, rayos X y otras formas de radiación. 



Lo bello es que aunque han sido tan estudiadas y se les ha definido de manera contundente, nadie sabe cuántas estrellas existen en el universo. Por algo, desde tiempos remotos nos han atraído los fenómenos celestes. Desde antes de la llegada de Cristo, Tales de Mileto enseñaba que las estrellas estaban constituidas por fuego. O Pitágoras ya hablaba de la esfericidad de la Tierra. 

La Tierra y el cielo han sido inquietudes permanentes de las civilizaciones, desde los asirios hasta los hindúes pasando por los egipcios y griegos. Desde sus conocimientos han ordenado las estrellas, descubierto movimientos de los cometas, anunciado eclipses del Sol y Luna. También imaginaron fuerzas divinas y monstruosas como gigantescos dragones. 

Nada más, como una mirada muy superficial de lo que es la mitología de las culturas antiguas, citaré unos cuantos ejemplos sobre como consideraban la Tierra y el cielo: Para tribus de la India la Tierra era una enorme bandeja de té que reposaba sobre tres inmensos elefantes; para los antiguos egipcios el cielo era una versión etérea del Nilo, por el cual el dios Ra (el Sol) navegaba de Este a Oeste cada día. En Grecia es la diosa Gea la madre de la creación y ella fundó una dinastía de dioses que tenían su residencia en el Olimpo, en África los Bambara dicen que recibieron de una civilización extraterrestre proveniente de Sirio sus conocimientos de Astronomía; en América los mayas utilizaron la astronomía para estudiar la influencia de los astros sobre la tierra, los incas se consideraron descendientes del Sol, los aztecas adoraban al dios Huitzilopochtli joven guerrero, símbolo del Sol que cada mañana se enfrentaba con sus hermanas las estrellas. 

Con programas como este, con el acompañamiento de los padres, se busca conectar a los infantes con el mundo que habitan, pues, en la era digital, esta era, los niños viven más en el mundo virtual y por tal motivo no entienden su contexto y las tradiciones de sus padres que se formaron con la interacción con otros humanos y no con pantallas. Por lo que este espacio permite reconectar a los niños al mundo emocional y la magia interior que cada infante lleva: su monada o chispa divina. Así que amable lector, sí sientes que este ejercicio puede sensibilizar a otras personas, puedes compartirlo. Espero sea de su agrado y si se anima, puede dejar un comentario.



11 julio 2018
Por Juan Camilo Betancur E.



El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices. 

Oscar Wilde 
A partir de ahora, en la medida de las posibilidades, las entradas en este blog se intercalarán con algunas conversaciones con niños. Estas conversaciones serán de temas diversos, según los intereses de los infantes. En este primer encuentro hablamos de los atrapasueños. Objetos cuyo origen se remonta a las tribus indias americanas. Su aro era fabricado con la madera del sauce y representa la rueda de la vida. La red, que es como una tela de araña, son los sueños y anhelos que se van tejiendo noche a noche. En el centro de la red hay un agujero que se nombra como el vacío o el espíritu creador. 

En la conversación con los niños se omitió la explicación del párrafo anterior y por eso mismo es maravilloso como los niños exponen sus puntos de vista, de manera muy personal y con mucho sentido, como si ya conocieran las explicaciones con solo imaginarlas. 

Por otro lado, el contexto de estas conversaciones se da en un encuentro semanal. Los visito durante una hora. Iniciamos con algunas posturas de yoga y una posible meditación de no más de 5 minutos. Luego leemos un cuento infantil y realizamos algunos ejercicios de escritura o pintura. Para esto es vital el acompañamiento de los padres porque saben cuáles son los rasgos predominantes de sus hijos, sus sueños, sus temores… y de esta manera aportan para le elección de la bibliografía y las meditaciones. 

La idea es conectar a los infantes con el mundo que habitan, pues, en la era digital, esta era, los niños viven más en el mundo virtual y por tal motivo no entienden su contexto y las tradiciones de sus padres que se formaron con la interacción con otros humanos y no con pantallas. Por lo que este espacio permite reconectar a los niños al mundo emocional y la magia interior que cada infante lleva: su monada o chispa divina. Así que amable lector, espero sea de su agrado estos audios y también, si se anima, puede dejar un comentario.



9 julio 2018

Por Juan Camilo Betancur E.
El mundo será de los mansos.
                                                                                                                      Juan José Hoyos 

 Leí hace tiempo en el periódico El Colombiano una crónica que hizo el periodista Alberto Salcedo Ramos sobre Juan José Hoyos, el maestro de muchos. Sentí que ese homenaje era apenas merecido. Después de ese texto hice memoria de cómo fue que lo conocí. Recuerdo que al ingresar en la Universidad de Antioquia, en el 2003, quise preguntar a los chicos de semestres avanzados sobre el maestro. Todos sonreían y me decían que esperara para que averiguara por mis propias percepciones. Pues, para muchos, en ese entonces a puertas de su jubilación, era uno de los profes más aburridos de la facultad.

Sin embargo, ya era un periodista conocido por ser parte de una de las primeras generaciones de periodistas formados por la U. de A. graduado en 1975. También, se destacó como reportero y enviado especial del periódico El Tiempo entre finales de los setenta e inicios de los ochenta. Entre sus crónicas icónicas estaba la que le hizo a Pablo Escobar donde describe los lujos y las extravagancias del capo que por aquel tiempo era parlamentario del Movimiento Renovación Liberal. Además, muchas de esas crónicas se recopilaron en sus libros: Sentir que es un soplo la vida (1994) cuya crónica "Los muertos fuimos cinco" sobre una masacre en el municipio de Remedios es más que un relato de terror. El oro y la sangre muestra lo devastador de la minería, el cáncer de la actividad extractiva que sigue vigente; libro que le demoró 15 años y con el que obtuvo el primer premio de Periodismo Germán Arciniegas (1994). O Viendo caer las flores de los guayacanes y Un aprendiz de jaibaná. Múltiples textos que fueron determinantes en su más de 40 años de contar historias para que recibiera en el 2017 el premio Simón Bolívar a la vida y obra.


En ese entonces, esperé tres semestres para ver una clase con él. En ese primer encuentro salí decepcionado. Creí que el gran Juan José Hoyos iba a dar un discurso que me cambiaría la vida. Ese día llegó y se sentó frente a todos. No habíamos más de seis estudiantes y en un silencio, casi aterrador, leímos la crónica “El sastre” de Gay Talese. La clase fue tan tranquila que se tornó algo aburrida para mi gusto. Precisamente, lo entendería después, ese era el truco. Buscar lo asombroso en lo que a primera vista no tiene importancia. Por lo tanto, en cuestión de meses, de un momento a otro, estaba hipnotizado con su conversación. Cuando me dije que iba a recibir las clases sin expectativas y empecé a asistir después de clase a algún bar donde iba Juan. Pues al finalizar la clase él nos invitaba a tomar tinto o cerveza. Y sin que me diera cuenta esas invitaciones se convirtieron en las clases maravillosas que estaba buscando. Fueron esos encuentros los que me permitieron ver la grandeza de Juan José. Su método consiste, como en la antigua Grecia, en el diálogo que intenta construir cotidianidades más que conceptos. 


Años después, ya jubilado de la universidad, me invitó a su casa en Cisneros donde vive con su esposa, Martha, una mujer contemporánea de las flores que cultiva orquídeas, anturios, entre otras variedades. El motivo de la visita era acompañar a Juan el día del idioma. Él compartía con los niños de la escuelita El Balsal ubicada en los límites de Santo Domingo y Cisneros, pero abandonada por ambas administraciones. Llegué en la noche del 22 de abril. Juan José estaba algo resfriado, pensé. Pero era algo más grave, Juan es alérgico al frío y esto le ocasiona una tos intermitente que no le permite respirar. Esa noche Juan se enfermó y en la madrugada lo llevaron al hospital. Llegó de nuevo a las cinco de la mañana, disfónico, con un pasamontañas y bufanda a organizar el evento. Cuando le pregunté si quería descansar me dijo que ya estaba bien porque era de día. Me confesó que desde hace mucho le teme a la noche porque no puede dormir. A veces, cuando oscurece, se asusta porque estará de nuevo ante sus fantasmas. Luego, revitalizado, me dijo que cuando uno le hace una promesa a un niño hay que cumplirla. 


Estuve en silencio. No sabía qué decir. Su historia cotidiana, de la que fui testigo, era una línea en ese gran dibujo del mundo que ha hecho con sus relatos. Pues tiene la certeza del poder de las historias porque afirma que la gente no puede vivir sin las mismas. Fue inevitable evocar dos episodios, entre muchos que me compartió, donde se manifiesta este postulado. El primero, lo relata en el prólogo de su libro Sentir que es un soplo la vida. El hecho ocurre hace ya varios años cuando investigó a una tribu indígena, los katíos, en Valparaíso, Suroeste antioqueño. Sobrevivieron a la violencia de los cincuenta gracias a que vivieron en los árboles hasta que volvieron a pisar la tierra gracias a una donación. Esa cónica conmovió a los lectores y provocó que algunos antropólogos quisieran estudiar la zona. Uno de los visitantes hizo un negocio con el Jaibaná y se llevó el tambor dejándole una flauta, un tenedor, un cuchillo, un porta comidas y doscientos pesos. Esto originó que el Jaibaná se enojara con Juan José. Por lo que Juan publicó una crónica en El Tiempo “¡Qué devuelvan el tambor”. “Al día siguiente, por la noche, recibí una llamada del jefe de redacción de El Mundo. Decía que en el periódico había una fiesta. Que fuera a acompañarlos. ¡Qué habían devuelto el tambor!” recuerda Juan. El segundo suceso fue con la pérdida de un morral donde llevaba el portátil con un archivo muy adelantado de su última novela que es en honor a su padre, a quien retrata magistralmente en el relato “Historia de un diccionario” que se publica en El libro de la vida (2006). La noticia se difundió por los medios locales y el morral apareció en El Colombiano. En ambos casos, Juan evidencia el poder de la palabra y los medios de comunicación. Y cada que puede rememora el momento en que el Jaibaná, al recibir el tambor, dijo que Juan tenía más poder que él. 


Juan encarna el siguiente postulado: “uno recuerda mejor una historia que una fecha importante”. Por algo, todavía los lectores lo siguen en su espacio dominical en el periódico El Colombiano. Y las veces que ha anunciado su retiro por épocas de insomnio, sus lectores le envían cartas para que los siga acompañando. De esta manera, a parte de sus lectores, también ha acompañado a varias generaciones de periodistas dejándoles textos memorables como: El método salvaje, Escribiendo historias: el arte y el oficio de narrar historias en el periodismo (2003), la contribución al rescate de 400 años de tradición del periodismo narrativo en Colombia con su obra La pasión de contar.

 Otro aspecto del maestro es el literario. Sus novelas: Tuyo es mi corazón (1984) que fue llevada a la televisión por Julio Cesar Luna y protagonizada por Carlos Vives y Amparo Grisales, muestra a un joven enamorado, hincha de Medellín y amante de los boleros por lo que la música es otro personaje. En El cielo que perdimos (1990), en la Medellín donde los homicidios han sido un asunto cotidiano, en la alianza de la fuerza pública y la ilegal, Juan Fernando, un reportero judicial de El Tiempo se enamora de la esposa de un amigo. El texto revela la fluctuación emocional de los personajes y la violencia del contexto.

A Juan José, como lo predicaba el milenario Confucio a sus discípulos en el siglo IV antes de Cristo, no le interesa hacer nada extraordinario para buscar adeptos. Lo único que busca es vivir en armonía con su entorno y con su ser interior. Por eso, el compromiso con los niños,  la familia, los amigos y la literatura. Sus enseñanzas, a mi modo de ver, no estaban en el salón sino en bar de Ciro, En este lugar de la noche, el viejo Jordán u Homero Manzi, con buena música. Pues, la mayoría de estas reuniones se dieron después del Club de Lectura John Reed. Y se dieron sin un método de estudio, sin la estructura maestro-alumnos. Más bien fue un encuentro entre amigos donde él era el amigo más experimentado que nos contaba historias fascinantes. Por lo que el verdadero espíritu del maestro se manifestaba en Juan cuando estaba fuera de clase, cuando había tomado un par de cervezas, cuando empezaba a hablar y su voz suave iba ocupando todo el espacio. En esa medida, la posibilidad de conversar con Juan era e irse descubriendo día a día era lo que pocos entendieron y pasaron por alto en sus clases.

Los que recibieron sus palabras entendieron que el maestro se caracteriza en su conversación y crónicas por sus palabras sencillas que brotan tranquilas y sin malabarismos discursivos. Por algo, en el 2014 la U. de A. le otorgó el escudo de oro, reconocimiento por su labor como maestro. Además, sus palabras llevan varias generaciones en el corazón porque les despertó el amor por la palabra. Palabras que en él se fermentan y se renuevan. Palabras que juegan entre los anaqueles de su biblioteca (Dacha) en Cisneros. Palabras que recrean paisajes e historias de un país sumergido en el letargo de la guerra y el olvido. Palabras antiguas que en Juan son abrazo, sonrisa, ron con Coca-cola y muchas más palabras.