Desde hace unos aƱos, en el arte de escribir poemas, he encontrado que no hay mĆ©todo ni mĆ©trica. A veces, es una imposibilidad, una ruptura al lenguaje, una rebeldĆa de la moral y del sistema. Es decir, hay tal libertad en algunos versos que es imposible que fueran gestados mĆ”s allĆ” de un arrebato divino. Al menos, a esos versos, los imperfectos e impredecibles, son los que vuelvo una y otra vez a leer.
Algunos ejemplos de esos versos son: āUn dĆa en que discurren vientos ineluctables / Ā”un dĆa en que ya nadie nos puede retener! Porfirio Barba Jacob. āE hizo Dios la expansiĆ³n,/ y separĆ³ los sonetos/ de la versificaciĆ³n libre. Y fue asĆ./ Y llamĆ³ Dios a la inspiraciĆ³n.ā JosĆ© MarĆa Zonta. āHe llorado al hombre, frĆ”gil cosa, y a la vez mirada y voz del Universo. He llorado el corazĆ³n del hombre, capaz de tanta dicha. He llorado la extraƱa dicha de estas lĆ”grimas.ā Carlos Framb. āSiento lo que escribo al ponerse el sol,/ o cuando una nube pasa la mano sobre la luz/ y un silencio corre por toda la hierba.ā Alberto Caeiro, āUn hombre se me viene cayendo por la sangre/ con una copa rota entre los dientesā¦ā Jorge Boccanera. Son solo un puƱado de versos. Quedan faltando los indispensables.
En fin, hay una espontaneidad en esos versos que no la da el estudio del lenguaje. Tal vez la embriaguez. Pienso esto sentado en un bar. Frente a mĆ hay algunos envases de cerveza y la libreta de apuntes sin una lĆnea memorable. De fondo se escucha Soda Stereo. La luz estĆ” difuminada y el poema, el imposible, tal vez se manifieste. Tal vez. Ā”MĆ”s cerveza!
0 comentļæ½rios:
Publicar un comentario