Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
Antonio Porchia


La escritura

>> lunes, 10 de octubre de 2016


La escritura es como un viento que mueve las ramas de los árboles. No se sabe en qué dirección. Y si hay una dirección no siempre es la misma. No se sabe de dónde viene ese viento y a dónde va. Se siente y los árboles doblan sus ramajes y se dejan llevar por ese movimiento. Así, a veces, sucede cuando te sientas a escribir. A veces, ese viento llega  y trae palabras que mueven las manos y las manos, como en una danza antigua, van gestando un sentido o un concepto de algo que era inimaginado. En ese sentido, son las manos como árboles que se inclinan ante ese viento antiguo, que en cada que sopla renueva la palabra. 

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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