Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Diario del seductor

>> viernes, 31 de octubre de 2014



1.

Hace lunas creí que el amor estaba en la mujer que no llegaba. Le escribí tantos poemas que identifiqué que soy un poeta menor, pero eso es lo que menos me importa. Luego pasé a las cartas. A una de las mujeres que busqué le entregué una carpeta con treinta cartas que equivalían a los días del mes. Con los años y las decepciones escribí en menos cantidad, en lo que se refiere al amor, o lo que uno cree es el amor. Me enfoqué en otros temas que me otorgaban otros hallazgos, como el misticismo, la divinidad, Dios, la muerte, la familia.  Después, dejé de escribir movido por el impulso de obtener aquello que encandilaba los sentidos. Me costó dejar la pluma quieta ante las caderas de una mujer que me invitaba a construir una mano de palabras para acariciar el abismo que aguardaba a unas cuantas pulgadas del ombligo. Mi voluntad se fue fortaleciendo y entendí que yo era más importante que lo que sentía. Entonces, quien lo creyera, empecé a escuchar una voz de mujer dentro de mí. Una voz suave que me producía aquello que me generaba la humedad de una mujer, que en el momento creí amar. Esa voz me inflaba cada noche el corazón. Es decir, encontré en mí lo que tantos años busqué fuera. Dentro, está esa parte complementaria que busqué en tantos cuerpos y que sufrí en tantos desencuentros. Esa voz, ahora, me da lo que encontraba en la copula: Un gozo inagotable. Claro, ese gozo cada vez era más fugaz hasta llegar al hartazgo. Pero esa música en mi interior empezó apaciguar el deseo sexual. Fue cuando empecé a comer bien, dormir lo necesario, disminuir el licor y sustancias que me impidan sentir la salud. Dejé de creerme el Don Juan de película que es casi inmortal mientras sostiene un cigarrillo con una cerveza en la mano. En la vida real no es así, pues el cigarrillo huele muy fuerte y el licor, en grandes cantidades, te adormece y te deteriora. Eso va en contra de la salud cuando la salud genera tanta electricidad que se percibe. Un cuerpo sano es como una casa confortable. No es un misterio que una casa cálida reconforta el ser. Fue cuando empecé a ocuparme de mí. A darme lo que esperaba que otros me dieran. A sentir que era importante y en esa medida ni la mujer más bella podría proporcionarme el bienestar que me brindaba poder quererme y aceptarme tal cual era. Con los días cambió mi semblante y las mujeres que antes miraba y recibían mis cartas, pero que me evadían porque veían mi ansiedad, mi miedo a estar solo, empezaron a saludarme. En el fondo lo que se busca es postergar la especie. Y se quiere hacer con un prospecto saludable e integro. Por ello, ahora, no soy el que busca sino el que se deja encontrar. Este cambio de enfoque me permite elegir con quien estar y no con quien me toque. Tengo el derecho de estar con quien quiera, siempre y cuando mi voluntad no doblegue la suya. La clave es que ella sea la que busque. Y buscan al padre en potencia. Eso lo huelen. Es inevitable. Entendí que entre más importante sea uno para uno más atrae. Empiezo a disfrutar de lo inimaginable. Más adelante contaré como aquellas pautas que dan para seductores, en vez de hacerlos visibles, los opacan y venden como hombres sin causa, a meced de las pasiones (las más bajas), que creen que en lo fugaz está la verdadera belleza. Nos han enseñado al revés a disfrutar de las maravillas del amor y del cuerpo. 

4 comentarios:

ADY ALONIT viernes, octubre 31, 2014  

Rica prosa poetica,como rico sentimiento...aveces creo que cuando te leo,no sé ,sí ponerme melancolica y triste o feliz y abrumada.lo bueno es que algo siento,cierto?

Juan Camilo viernes, octubre 31, 2014  

Ady

entonces has leído lo que tal vez querías. A veces, los textos dicen cosas que ni el mismo autor sabe que las dijo. Solo un lector atento puede descubrirlas.
Un abrazo.

Julio César viernes, octubre 31, 2014  

Se puede ser siempre otro en la medida que encontramos la necesidad de crecer. Hay días, quizá meses en que parece que el tiempo se ha detenido y no percibimos aquella edad en que no imaginamos si hay un mañana.

Juan Camilo viernes, octubre 31, 2014  

Julio
Es cierto, hay días como los que describes, pero también hay otros que apenas te imaginas que sucedan, ya uno elige cuales priorizar.

Publicar un comentario

Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

  © Blogger template Simple n' Sweet by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP