Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La viuda

>> viernes, 17 de octubre de 2014



A Pedro se lo llevaron dos hombres para un negocio. Nunca más regresó. Recuerdo el rostro de uno de ellos. Era redondo, como de marrano, sin cejas. Me daba dolor de estómago solo verlo. Durante tres años no supe que le había pasado a mi querido Pedro. Resulta que lo mataron y lo echaron al río. De eso me enteré ayer, nada más que ayer. A penas puedo contenerme mientras paso el filo del cuchillo sobre el cuello de Efraín, así se llama el hombre con rostro de cerdo, que duerme profundo y dice amarme con toda su grasa.  

2 comentarios:

Belén Rodríguez miércoles, octubre 22, 2014  

La venganza es un plato que se sirve frío.
Pedazo de relato!.
Un abrazo.

Juan Camilo domingo, octubre 26, 2014  

Belén
Es cierto, pero es mejor no comerse ese plato.
Otro abrazo

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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