Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Andanzas

>> lunes, 5 de octubre de 2009

C llega a la casa de M a las once de la mañana. M diseña una revista. M sabe que a todos les gusta lo que hace. Se da el lujo de planear proyectos de corto aliento. Esta vez le dice a C planear un pasquín. C acepta.

M y C se dirigen al encuentro con JF. M salta un alambrado. C cae al césped.

JF se había motilado. En cambio M y C tan desarreglados y tan flacos dejaban mucho que pensar. Se les notaba la ausencia de padre.

Las potencias literarias, lo mejorcito de lo inédito, como lo sospecha todo el mundo, se saludan. Por algo JF se negó a publicar los cuentos con los que ganó varios millones de pesos. Haber ganado es ya una hazaña.

M canceló semestre en la universidad para viajar con su novia por Colombia. No viajó mucho. Pero se antojó de paisaje. Sin hacer mucha bulla, escribe y rompe algunas hojas. Mientras piensa que escribir lee, dibuja, diagrama, hace bocetos de novela, concibe tres cuentos a la vez, mira el techo, el cenicero vacío, sus dibujos y se olvida de escribir. Se sumerge en un ensueño de lucubraciones. Su habitación una nave espacial en la que viaja cuando no está en la terraza mirando las nubes.

C permanece la mayor parte del tiempo encerrado en su casa cuidándose. Se volvió mañoso. No ha publicado. No se preocupa. Escribe y camina con sus amigos escritores y es vanidoso con otras vanidades bien instruidas.

Los escritores se dirigen a una cascada en lo alto de la montaña. Las casas de campo con vacas, perros, gallinas, señoras que huelen a café con galletas, naranjas inabordables porque son propiedad privada (¿Cómo si los naranjas fueran más naranjas por qué están entre cercos?) señores con bozo y machete y un cielo azul para clavarse de miradas.

Llegan. Se desvisten. JF saca un bocadillo. C mira a JF y sonríe porque es el que más se parece al sabor del bocadillo. M sin ropa es una armazón de huesos robusta en virtud.

Los escritores escalan la cascada. El agua entume los pies. Sienten frío, pero el frío en la cascada es otra cosa, es un frío dulce, alegre. Como anfibios trepan, hacen piruetas para hacer interesante la expedición. Hablan porque tienen boca. Claro, que a veces, se les va la voz de haber hablado tanto y haber dicho nada. Eso pasa cuando se creen geniales.

M toma la delantera. Salta de una roca a otra y en esta última se recuesta a recibir el sol. C sigue a JF. Ambos le sonríen a la quebrada porque escucharon que los indígenas del Putumayo le pedían permiso a los ríos para entrar a sus aguas.

Los escritores hablan del sol del trópico, del paraíso climático que les permite tener la sensibilidad afilada. El frio los hace retroceder al lugar donde se desvistieron. JF, el hombre de las sorpresas, saca de su bolso un bareto pequeño. C y M lo esperaban. Como buenos marihuaneros escritores se permiten aún, a esta altura de la desnaturalización humana, tiempo para entrar en la intimidad de la montaña, donde el medio día es un suspiro de Dios.

El agua canta y el sol hace los coros. M ve una libélula y se la muestra a JF y a C. C dice, por decir algo, que esos insectos no pueden vivir lejos del agua ¡cómo si él pudiera! C mira una araña y se pregunta por qué en los dibujos animados son personalizadas por señoras cuarentonas, con gafas, profesionales del croché.

JF le lee un cuento ruso a M. M con una navaja hace figuras precolombinas en un tronco. C se dirige, ya vestido, a un lado de la quebrada y lee a su mujer de agua dulce.

Luego, los escritores intuyen que es hora de partir. Deben hacer algo. JF debe ir a clase en la universidad, un curso en filosofía. M debe pensar unas ilustraciones para algunos poemas de José Manuel Arango. C debe dormir porque está cansado y la marihuana lo agotó más de la cuenta. Guardan la bolsa del bocadillo en el bolso de C y retornan al pueblo.

A medida que descienden hay pavimento y el sol es agresivo. Los espera la costra gris que se expande en el valle y devora árboles. En silencio se despiden. Vuelven a su individualismo, a su rincón de costra gris donde se exige el uso de anteojos.

2 comentarios:

Jhoed martes, octubre 06, 2009  

Auqelarres a plena luz del día... "Libertad de culto, vamos a hacer un aquelarre", como dijo M.

programador holográfico. martes, octubre 06, 2009  

se refiere Jhoed al aqelarre de los vampiros qe salen en el día con gafas ocuras y en las noches utilizan anteojos?

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