Después del almuerzo procuro hacer una siesta de una hora. Pongo una sábana bajo un árbol, me cubro con el sombrero los ojos y duermo como un niño. Este hábito me lo enseñó mi padre. Ese es uno de sus legados. Pero el que más recuerdo fue el que me dejó en su lecho de muerte. Afirmó que llega un momento, en todo sembrador, que se conecta tanto con la tierra que le suceden cosas maravillosas. Indagué sobre qué cosas. Se limitó a decirme que ya lo descubriría. Pasaron los años y todo continuó igual. Mi madre no volvió a conseguir marido y envejeció a mi lado. Mis hermanos se marcharon y de vez en vez vienen a quedarse unos días. 

Uno de mis hermanos, el mayor, nos dijo que pensaba vender la casa y que nos fuéramos con él. Mi madre dijo que sí, pero en el fondo deseaba morir en la casa en la que había vivido 40 años. Yo no respondí. Me gustaba la idea de cambiar de vida. Sin embargo quería pensarlo mejor. Ese día sembré en la mañana frijoles y maíz. Luego almorcé e hice la siesta. En esa hora soñé que mi corazón era una plántula que brotaba de la tierra con un surco de girasoles. La imagen fue tan nítida que todavía la recuerdo, pero lo más sorprendente fue ver, al despertar, una parejita de colibríes a pocos milímetros de mi pecho. Entonces supe lo que debía hacer.
"Es un personaje netamente Colombiano, andariego y proletario, con arterias de alambre y corazón de madera; hijo de padre desconocido, que nació en algún lugar de nuestra geografía Andina..."
David Puerta Zuluaga





El tiple es un instrumento misterioso, de pueblo, que en el siglo XIX se convierte en un fenómeno cultural. Tanto que de cuatro órdenes dobles con una de las dos cuerdas más delgada que la otra, pero afinada al unísono; pasa a cuatro órdenes triples, con dos requintillas a los extremos y una más gruesa en el centro.   

Muchos lo amaron y recorrieron las montañas y los llanos  llevando sus sonidos. De entre esos músicos surge un hombre que estaba destinado a convertirse en uno de los exponentes más prolíficos quién recibe La Orden de la Democracia,  Grado Caballero (Congreso de la República)  como mejor tiplista del mundo.   Esta distinción también la recibió el Binomio de Oro y Joe  Arroyo.  

Este músico se llama Guillermo Puerta y nace en 1957 en Medellín. Luego se traslada con su familia a la vereda Platanito-Gorardota, romería de músicos. Desde párvulo su vida es una hazaña. A los tres años, sin que nadie le dijera cómo, tocaba el tiple. A los 8 años estuvo con maestros como Elkin Pérez y se dedicó a la guitarra dejando a un lado el tiple.  A los 10 años integró una orquesta de niños, poco después de comprarse su primera guitarra que le costó  450 pesos: “Todos los domingos no faltaba gente en la casa y me daban plata, la echaban en la caja de resonancia del tiple”.

Nació con gracia divina y por ello las instituciones educativas  querían tenerlo como carta de presentación. Pero, este joven virtuoso perdió algunos años, le iba mal con la disciplina y obtuvo uno en música. Sin embargo, al terminar el bachillerato le ofrecieron becas universitarias. Una vez fue a clases a Bellas Artes. Se enteró de que mientras montaba un tema con partituras montaba 4 a oído.  Fue cuando tomó la decisión de convertirse en autodidacta.

El tiple llega de nuevo con el amor
Conformó un grupo mixto llamado Los Cisnes e invitó a Silvia a que tocara. Durante los ensayos ella lo veía al escondido. Él supo que ese era el inicio de la relación. Luego se retiran del grupo y forman el dueto Silvia y Guillermo  donde el tiple más que acompañar era el que punteaba. Se ganaron 12 festivales nacionales seguidos, entre ellos el Mono Núñez.  Después, a los 25 años se separan y de la unión quedan cuatro hijos. Guillermo se dedica a ser solista y gana  El Festival Nacional del Tiple Pedro Nel Martínez.  Descubre que al  tiple con la pajuela puede  extraerle más de 60 sonidos. Entonces  decide incursionar en la música clásica. Esto lo lleva a dar un concierto a Alemania, a principio de la década de los noventa, cuando interpreta la sinfonía de Mozart.

El reino de la luz   
Guillermo no ensaya las canciones sino que las medita. Este método lo encontró con los Gnósticos a los 18 años.  Por ello, sostiene que no necesita buscar en google información sobre la música de sus ancestros. Él puede visitarlos: “Uno tiene un estado alfa, un estado betha y un estado theta al dormir.  En el estado alfa escucho todo y compongo. En ese estado me comuniqué con mi padre en el cielo. Yo he pasado el túnel de la luz.”

Esta anécdota la recuerda porque quedó inconclusa. Cuenta que le llevó una partitura con 4 obras a su padre que estaba vestido con la misma ropa que fue sepultado. Al verlo, Guillermo le expresó que quería unos arreglos. Su papá recibió las partituras y desapareció. Guillermo no quiso mirarlo porque en el cielo no se puede mirar para atrás, se pierde el aprendizaje.  Tampoco se puede preguntar cosas  extraterrestres. Al rato llegó su padre asegurándole que solo había arreglado dos obras. Ambos se sentaron bajo un árbol hasta que Guillermo preguntó quién iba a tocarlas. Al instante, entre las nubes, a lo lejos, aparecieron cuatro ángeles con cítaras. Parecían dos mil artistas o 15 sinfónicas juntas. Ambos lloraron. Al final Guillermo hizo el viaje de regreso a casa.  Cuando estaba a unos metros de su lecho lo despertó Diana, su actual compañera. Él abrió los ojos sobresaltado. Ella habló sin saber que a él en ese estado no se le puede hablar. Pues siempre que compone mientras duerme lo escribe en silencio al despertar. Pero ese día no fue así y todavía no las recuerda.  

El malabarismo instrumental
Cuando va a subir a un escenario le dice a Dios que interpreté por él las canciones. Asegura que en algunos conciertos no es él el que toca. Hay alguien más. Solo pasa  cuando el concierto es impecable. Pues, cuando algún músico se equivoca inmediatamente sale del trance.   Claro, de eso no se entera el público. La gente se queda en el plano terrenal y se asombra al verlo jugar con sus instrumentos porque juega a hacer cosas muy serias. Por ejemplo: puede desafinar la guitarra mientras toca una canción y vuelve afinarla, también busca sonidos con botellas y se mueve con tal sincronía que un gesto es igual a un cambio de nota.  

Como un niño sigue jugando y por eso se ha convertido en un maestro que sabe que no hay otra forma de ser feliz. De ahí que siga vigente en la música. Pues aquel que conoce la historia conserva las raíces, sabe a dónde va y  aprende a vibrar, como una cuerda afinada, con el universo.





Su cuerpo debajo del mío se ajusta a mi necesidad de perder el control. Cierro los ojos y mi boca en su boca busca el cansancio que electriza a los animales en celo. En ese momento su vientre se extrémese mientras trituro con los dientes la ternura a la que teníamos derecho. Entonces nos detenemos para mirarnos unos segundos. Luego sonreímos y volvemos a besarnos. Esta vez permitiéndonos empezar de nuevo después de habernos desnudado de todo concepto.


El carácter oculto de cada persona se manifiesta en los viajes. Ante la incertidumbre de no sentirse seguro en el espacio y con sus habitantes el individuo manifiesta su verdadera naturaleza. Así lo demostró Román ante su compañera, a quién le había propuesto matrimonio y para celebrar su unión oficial la invitó a un viaje al mar. 

Durante dos años de noviazgo Román manifestó que nunca le sería infiel y estaría con ella hasta que la muerte los separe. Ella, una mujer en apariencia sumisa y bonachona, sospechaba de que nadie podía hacer promesas porque se condicionaba a ciertos comportamientos. Sin embargo decidió darle una oportunidad. Pero en la playa se decepcionó de Román. 

Después de cuatro días de estar juntos ya no la miraba a los ojos, estaba en silencio y buscaba cualquier excusa para estar solo. Tal vez si le hubiera prometido ser infeliz ella tendría la opción de decidir. Pero este comportamiento de Román no era consecuente con su promesa. Ese es el problema de las promesas, una vez hecha en el corazón de una mujer no hay marcha atrás. Creyó que era algo pasajero hasta que una tarde lo vio diciéndole algo a una española al oído y luego un beso. 

Este hecho fue suficiente para que ella hiciera sus maletas, aprovechando una de las salidas de Román a la playa. Sabía que si se rompe una promesa se rompe la confianza. Así que dejó sobre la cama la argolla de compromiso. Antes de partir, verificó llevar todo el dinero y visualizó el sur. Desde siempre le han gustado estas tierras.
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- Ahora que tienes mi espada en tu cuello, qué harás para defenderte.

- Nada. Moriré como es debido, pero te esperaré en la otra vida. Pues solo has ganado una batalla y no la guerra.

Hace unos días llegó al museo de la universidad una exposición de armas que fueron utilizadas en el bogotazo. Las armas eran exhibidas en vitrinas, pero había dos machetes, con el filo mohoso, puestos en una mesa, en la misma que estaba la lista de asistencia. Pertenecían a Efraín Zuleta, un campesino conservador que había dado de muerte en un duelo a Enrique Suarez, un hacendado liberal. En el duelo ambos se enfrentaron y cuando Enrique dio el último suspiro terminó la pelea. Ambos machetes estaban en los extremos de la mesa. El decano de Comunicaciones, un hombre de unos cincuenta años, con doctorado en Literatura colombiana, no resistió la tentación de empuñar el machete que le perteneció a Enrique Suarez. Cerró los ojos y sintió un escalofrío en la columna vertebral precedido de gritos y zumbidos de machetes. Al instante abrió los ojos y frente a él estaba un fontanero, que acababa de organizar el baño de museo, y empuñaba el machete que le perteneció a Efraín Zuleta. El decano miró al fontanero y empuñó con fuerza el machete.

Yagé: ni alucinación ni droga

El Yagé, su nombre, es muy probable que venga  de la lengua Geral  del Brasil, una lengua franca que los jesuitas utilizaron para hablar con los indígenas.  Los Tukanos, grupo representativo del Vaupés lo conocen como el Caapi, Gahpí y Kahpí.  Los Cubeo le llaman Mihí,  los Guahibo le llaman Kápi, los Noanamá le llaman Dápa y en general en Ecuador y Perú se le conoce como Ayahuasca.  En estudios botánicos se refieren a Banisteriosis. En esencia, todos estos nombres se refieren a una  enredadera selvática, silvestre, de efectos endógenos y no alucinógenos. Endógenos quiere decir efectos en el interior de la persona. 
  
Al yagé también se le denomina planta milenaria porque ha sido una planta  que han utilizado los indígenas desde tiempos prehistóricos.  Hay registros arqueológicos que afirman su existencia desde hace unos 3.000 años antes de nuestra era con el desarrollo de la cerámica en Perú, Ecuador y Brasil. 

Además, el yagé como la coca, las daturas, los rapés eran y son plantas sagradas para los indígenas.  Por lo tanto el Yagé ha sido utilizado para alejar malos espíritus, fortalecer espíritus débiles, curar cáncer, depresiones y otras enfermedades.

Hago estas aclaraciones porque el pasado 23 de abril falleció el  joven Henry Miller de nacionalidad británica. Este joven estuvo en una ceremonia de yagé con el Taita Guillermo Mavisoy del resguardo Kamëntza Biyá. Este episodio le ha dado vuelta al mundo al ser titular en  los medios nacionales como internacionales. Lo cierto es que todavía no se sabe cuáles fueron las causas de su muerte porque Medicina Legal no ha dado su veredicto. Lo que afirma el taita es que el yagé no fue la causa de su muerte. Conozco al taita y su trabajo. Por ello, a continuación publico una crónica que hace un amigo del Taita Guilermo a quién considero  un gran médico del yagé.





Por Sergio Alejandro Henao



Seguramente, definir a un hombre como él, sería trabajo para un libro. Solo puedo recurrir a mis impresiones, a lo que he oído de otros, a lo que he oído de él mismo y a lo que ha hecho no solo por mí, sino por tantas personas que conozco.

El Taita Guillermo Nació en Putumayo, en Sibundoy, en el antiguo pueblo indígena Kamentza Biyá, sabios conocedores de diversas plantas sagradas medicinales, entre ellas el Yagé. A los 10 años salió de la casa, porque en esos tiempos se era hombre a muy corta edad.

Comenzó a vagar por el mundo. Aunque mejor es decir, a cumplir su destino en el mundo.  Pronto se encontró con quien sería su maestro, el reconocido curandero Siona, finado Taita Pacho Piaguaje. Muchas fueron las cosas que aprendió de él, pero la más importante fue trabajar la sagrada medicina del yagé. Quienes tuvieron el privilegio de ser seguidores y aprendices del finado Piaguaje, podrán dar cuenta de su exigencia. Tal como lo cuenta Taita Guillermo, el rigor de su maestro era implacable. Exigía compromiso, responsabilidad, entrega para la enseñanza que le estaba Compartiendo.

La medicina
El Taita tiene plena conciencia de su  saber. Ciencia o no a la luz de la epistemología occidental, el conocimiento de sus ancestros tiene una técnica, unos principios, unas formas de proceder –de acto y de palabra-, es decir, toda una amalgama de conocimientos que son los que permiten a los Taitas, también conocidos como Shamanes, curar y ayudar a las personas no solo en sus enfermedades orgánicas, sino también espirituales, o mentales. Cada uno lo nombra de acuerdo a su sistema de creencias, pero lo cierto es que no cualquiera puede lo que puede un Taita.

Tener conciencia de su saber quiere decir que el Taita, cuando caminas con él, reconoce cientos de especies de plantas curativas, y aquellas que por lo regular nombramos rastrojo o arvenses, él puede saber con exactitud sus propiedades, reacciones, contraindicaciones, ventajas, preparaciones. Lo sabe porque su forma de aprender es la más efectiva: probando. Hablo en presente porque el Taita nunca ha dejado de ser aprendiz, aunque es, con la propiedad que le confiere la edad y la experiencia, un maestro íntegro, un sabedor consumado. Su actitud es lo más parecido a un maestro socrático: la conversación, el caminar, el viajar, el reírse, el no presumir de sus saberes, es la  manera como ha formado una personalidad sencilla, alegre, humilde pero digna.

El taita 
El abuelo Guillermo rara vez lo ve uno con el rostro grave, o amargo. Tiene por costumbre natural la sonrisa. Su gesto es amable, generoso. Ello gracias a que no ha hecho de sus conocimientos un altar para rendir culto ciego a su personalidad. No ha hecho de su nombre el bastión que acostumbran algunos,  cuando merced a sus saberes erigen una muralla de  la cual solo se percibe desde abajo egoísmo y soberbia.

Es claro que nadie es monedita de oro, como dicen, para caer bien a todos. Pero me ha sorprendido, en las muchas oportunidades que  le he visitado en el resguardo, y las veces que él ha venido a mi casa, que no habla mal de nadie. No denigra de sus iguales, agradece todo el tiempo. Dios es su palabra constante. Su segunda más común es aquella que expresa una sonrisa desinteresada.

Es raro, y algunos pensaran que hasta sospechoso, que uno solo tenga cosas buenas para decir de cualquier persona.  Pues bien, en la medida de nuestra humanidad, cada cual suponga los errores que pueda tener este hombre. Insto a que con la vara que cada uno se mide, mida a los demás. De todos modos, por más defectos que pueda tener, no creo que logre superar el carisma y la calidez de su ser, que ha permitido que gente de todo el país lo rodeé y lo considere aparte de maestro, amigo y casi hasta padre.   
Taita Guillermo no solo es un buen hombre, quien quiera que asista a él en busca de una sanación, corroborará la fuerza y el empeño que entrega en ayudar a quien lo necesita. Puede pasar toda una noche  y todo un día asistiendo sus pacientes, ayudándolos en los momentos más difíciles. Según el ritmo del ritual, el Taita baila, canta, hace música, realiza sanaciones, sin menguar en ningún instante la intención y el empeño.

Quienes hemos ido a su casa, podemos dar fe de que recibe a viajeros, caminantes, peregrinos, y les brinda techo sin pedir dinero a cambio. Comparte hasta aquello que le falta. No para de trabajar todo el día. Camina con el ímpetu de los antiguos Charquis incas. No se doblega con facilidad. Ni siquiera en esos momentos de mayor exigencia, física, emocional y espiritual.

Es verdad que nadie puede ver a través del corazón. Solo Dios. Pero Dios a veces nos muestra seres para que comprendamos que su corazón está en las cosas más sencillas de la vida. El Taita es una de esas herramientas de Dios. Tal vez lo digo porque su oración, su rezo, es el más ecuánime y generoso que he podido escuchar nunca. Pide por todos por igual, por los pobres y los ricos, por los paracos, los guerrilleros, los militares, por los gobernadores, los alcaldes, obispos y arzobispos. Dice que todos tenemos defectos y errores, pero que ante Dios todos somos iguales. Porque y concluye el taita  "solamente el que purifica la sangre y las almas  es Dios del cielo". 

Un ratón cruzó la sala. Llegó hasta la cocina. Al frente estaba el pedazo de queso envenenado que le había puesto doña Flor. Ella, una viuda cincuentona sentía repulsión por los ratones. Había ensayado todas las trampas y venenos que se anunciaban en el mercado. Pero el nuevo inquilino seguía inmune. Así que consiguió un gato, uno que le había recomendado una amiga. El ratón llegó hasta el queso. Lo olió. Se llevó las patas delanteras al hocico y pasó de largo. Buscó un pedazo de galleta y volvió a entrar al agujero del que salió. El gato desde el sofá bostezó. Sigiloso se dirigió hasta el pedazo de queso. Con los dientes lo llevó hasta el recipiente de la basura. Se aseguró, como muchas otras veces,  de no tragar saliva. Luego, se echó en el sofá  a esperar que Doña Flor le sirviera su taza de leche caliente.

Hay amores que vienen desde antes. Amores que eran citas acordadas de otras vidas y se establecieron para determinado momento, con ciertas alineaciones astrales. Eso dijo un maestro yogui en una meditación. Aquella vez, en compañía del maestro, vi una muchacha muy bonita que me sonreía. No dije nada referente a mi visión. Pensé que esa imagen era un invento mío por mi fijación con las mujeres bonitas. Luego, a los días, conocí una mujer que curiosamente se fijó en mí. Hecho que cambió las dinámicas porque estaba acostumbrado a cortejar diez mujeres para conversar, finalmente, con una. Cuando la encontré, estaba en una cafetería leyendo el periódico, ella me saludó y me dijo que había soñado conmigo. Sonreí y por seguir el juego respondí que la estaba esperando. Imaginé que se iría, pero no, se sentó y hablamos toda la tarde, la semana, el mes... Ahora está dormida en mi lecho, veo su espalda con pecas, desnuda, blanca. Los primeros rayos del sol entran por las rendijas de la puerta. Sus piernas de bailarina se envuelven entre las cobijas. La veo y siento que llevo años mirándola, años esperándola. Con sigilo llevo mi barbilla hasta su cuello y la deslizo por la columna vertebral hasta la entre pierna. Ella suspira y habla dormida en una lengua que no entiendo. En ese momento veo su rosto y no dista mucho del que vi en la meditación. Entonces sonrío y continúo, sin demoras, recuperando el tiempo perdido.  

A mis diez años no sabía cuáles de mis actos eran pecados. Aproveché que Jairo también estaba haciendo la fila para preguntarle. Él sonrió y me dijo que decía mentiras, desobedecía a su madre y tenía malos pensamientos. Indagué por sus malos pensamientos y me sorprendí cuando me dijo que eran las mujeres. Al llegar mi turno me arrodillé frente al sacerdote y le dije: “Pa-padre mis peca-cados son estos: soy desobediente con mi madre; soy a veces, no to-todo el tiempo, mentiroso; ayer con una piedra maté a un pa-pájarito; también le vi los senos a una tía.” En ese momento debí decirle al padre que me gustan los senos grandes porque ellos representan todo el interés que una mujer pueda despertar. Quítele los senos a una mujer y dejará de cautivarte. Incluso, una mujer puede ser fea pero si posee senos grandes tiene una oportunidad. Son los senos un centro de atracción para el hombre. Estoy completamente seguro de que si a un árbol lo intervinieran genéticamente y le hacen en su tallo implantes de senos, no faltará el individuo que bajo su sombra se excite. A ciencia cierta, no entiendo bien de dónde proviene la magia de los senos, pues no son más que dos protuberancias de carne. Pero, cuando se ven esas protuberancias, sin importar lo que se piense de ellas, lo único que se quiere es besarlas. Después uno se da cuenta de que pierdan la gracia porque saben a nada, aunque uno se empecine en creer que saben a todo. Tal vez la atracción está en el movimiento. Imaginarlos bajo una blusa es calcularle el tamaño, el color y el diámetro del pezón. Quizás es en ese instante donde vibre más el deseo. Pues el deseo es un efecto visual en el que se involucra el instinto y la emoción. Por eso, unos senos grandes, a punto de romper una blusa, son más mordaces en el corazón del hombre que un abrazo fraterno. Por algo cuando pasa una mujer con senos grandes lo primero que se mira es ese lugar del cuerpo como si los senos tuvieran vida propia. Senos-aves que vuelan en busca de maíz en los parques y plazas públicas… El sacerdote me miró. Dijo que debía rezar dos padres nuestros y dos aves marías. Con una de sus manos palpó mis tetillas. Miré al sacerdote sin entender el por qué hacía esas cosas. Él tenía los ojos cerrados y susurraba una oración en latín. A los segundos abrió los ojos y me dijo en tono socarrón que si me interesaba ser monaguillo para acompañarlo en el arduo camino de alabar a Dios. Le dije no. Igual, hice la primera comunión y no volví a la iglesia porque ese recuerdo me indisponía y no era excusa suficiente para convencer a mamá de que no solo el sacramento nos hace hijos de Dios.


Recuerdo que en el bachillerato admiré a un profesor de español porque a veces, en sus clases, nos contaba algún cuento. Pero, por lo regular, era un profesor de escritorio y tablero. A los años ingresé a la Universidad y estudié periodismo. Tiempo después me encontré al profe en una de las jardineras del Alma Mater. Nos sentamos a conversar, bueno, más que a conversar me tomé la palabra. Le hablé de los surrealistas, del Boom Latinoamericano, de la poesía de Cesar Vallejo, de la prosa argentina, de Séneca, de Carrasquilla, de Montaigne… cuando quise preguntarle algo me sorprendí al verlo con la boca abierta. Él no había entendido que mi gran deseo era compartirle mis lecturas así como un niño le comparte un juguete a otro.  

En ese momento me dije que era necesaria una reforma que partiera desde la pasión y la responsabilidad por enseñar. Porque el docente, que en este texto nombro “el niño líder” es el primer camino para que el individuo se acepte individuo. Es el que aterriza los conceptos de los libros para demostrar que la vida es digna de respirar.

Por ello, es necesario cambiar los paradigmas de nuestra educación si queremos cambiar las bases de nuestra sociedad. Estos cambios son urgentes porque los avances del milenio exigen generaciones más creativas y capaces de entender el entorno. Por algo los niños y las niñas ahora son más veloces y despiertos. Nacen con un montón de conceptos aprendidos y asimilan con habilidad asombrosa los avances tecnológicos. De ahí que un bebé pueda asimilar la primera palabra a los diez meses, a los dos años dominar trescientas y  a los tres años dominar un promedio de mil palabras.[1] Desconocer esto es estancar las habilidades creativas y significativas en el futuro de los niños.

Esa primera palabra que se asimila a los diez meses se gesta desde el vientre.  Por ello Evelio Cabrero Parra en su texto La Lectura anterior al texto escrito nombra la existencia de un “libro psíquico” que se lee y escribe desde el momento de la gestación con la voz de la madre.

Es, entonces, el sonido de las palabras que luego se complementa con los gestos de los padres el que potencia esa primera palabra que luego será cien, después mil y finalmente la representación de un mundo con múltiples significados.

Esa “primera letra” que se concibe a los diez meses luego será otras letras,  otras maneras de ver el mundo. Al menos así lo planteaba al pedagogo Loris Malaguzzi al decir que el niño está hecho de cien lenguas pero les robamos noventa y nueve y luego la escuela y la cultura le separan la cabeza del cuerpo. Eso, y duele decirlo,  es crecer, es irse quedando quieto y sumergido en un letargo sin asombro.

Quizás si el profe de español que encontré en la universidad hubiera seguido asombrándose y motivando las diversas maneras de nombrar el mundo, muchos de los que estudiaron conmigo hubieran tenido otras oportunidades. Pero, como mi profe muchos otros se quedaron en la educación impersonal. Y esto los llevó a brindar una educación sin asombro, una educación de clausuras, del juego controlado, de la imaginación sembrada en surcos y de la imposibilidad de concebir las múltiples posibilidades de la lengua.


Juan creció en un país donde las noticias registraban a diario decenas de robos, abusos del poder, asesinatos a sindicalistas, desplazamiento forzado a indígenas y campesinos. Él se preguntaba, desde su casa de campo, ¿cómo es posible que esto suceda? Igual, mientras tuviera a su padre, madre y hermano, podría seguir en la comodidad de su casa, viendo la tv.   

Cierta mañana un grupo de uniformados tocaron a su puerta, su hermano, Carlos, dos años mayor, salió a recibirlos. A los dos jóvenes los militares los condujeron fuera de casa con el pretexto de que los necesitaba el capitán del batallón. 

Carlos a los dos días apareció muerto en una cuneta con un camuflado y con un rifle que solo utilizan, según las fuerzas armadas, la guerrilla. De Juan no se supo nada.

Tres años después, en los medios de comunicación encuentran a un senador muerto. Lo curioso fue que estaba camuflado y sin el dedo índice de su mano derecha. Se dice que existió hace mucho tiempo, entre los campesinos, el ritual de que a los asesinos les cortaban el indice de la mano derecha porque este dedo al ser cortado deja al hombre sumergido en sus remordimientos y sin posibilidad de reencarnar.  Por ello, les cortaban el índice a los violadores y asesinos. 

Según las investigaciones, como el senador, han aparecido muertos y camuflados varios jefes militares y  políticos en los últimos meses sin el dedo índice.  

Una flor para todas la flores 

En mi casa de campo, frente a la valle, veo el vuelo de los gallinazos, nuestra ave insigne de los andes. Mientras tanto pienso un rato qué palabras escribir para manifestar mi agradecimiento a la mujer, hoy, en su día universal. 

Encuentro que todo lo que escriba suena a postal de mercado de baratijas. No soy un escritor por encargo y me cuesta decir algo en fechas especiales. Al parecer, cuando se tiene el don de las palabras, en momentos como estos, las palabras son un prolongado y angustiante silencio. No fluyes y recaes una y otra vez en los lugares comunes. Además, me cuesta creer que en Colombia se celebre el día internacional de la mujer un día para maltratarla los otros 364. En las noticias abundan los maltratos intrafamiliares y de abusos sexuales. Por eso, hoy al decir esta boca es mía las palabras se agarran de la lengua porque no se sienten satisfechas con lo que quiero escribir. Entonces me callo. Sigo mirando el valle, hay más gallinazos. Al parecer, estas aves de rapiña, están tras las intenciones de los colombianos, tan bien peinados, que hoy en una mano llevan una flor y en la otra el puño cerrado. Aun así, agradezco a mi madre, mi hermana, las mujeres que me he encontrado en toda mi vida. Pues, considero que son una minoría de personas, me incluyo, que hoy celebran igual que todo el año la existencia de la mujer.

Bien podría decirse de mí que soy una amorosa insaciable, una amante de otoños en el trópico, una romántica con corazón de lata y una soñadora de tiempo completo. Bien podría decirse de mí que soy una gladiadora ante los insectos, una defensora de lo cursi y una embalsamadora de cicatrices. Bien podría decirse de mí que soy querida por Alguien y por ello soy fanática de la línea recta y me cuesta ser infiel. Bien podría decirse de mí muchas cosas y engañarse. Por eso, para no divagar sobre mi aspecto y cualidades de circuito mejor digamos que soy un electrodoméstico, una sandwichera. Sí me enchufan siento y pienso una mortadela entre panes. Tal vez la única idea de amor posible en tiempos del no asombro.

Desde pequeño Suspiro quería conocer el mar pero se sentía demasiado efímero para emprender el viaje. Imaginaba, cuando miraba el cielo que el mar era una colcha mal tendida sobre una cama o un soplo del gran suspiro que toca todas las cosas. A veces, por pensar en el mar llegaba tarde a su trabajo. Cupido lo había contratado para que alentara a ciertas parejas que a pesar de quererse carecían de la magia a la hora de besarse y un beso sin temblor de estómago o contracción del sistema respiratorio es solo un simulacro. 
Suspiro logró ahorrar el dinero suficiente para conocer el mar. Tomó un avión y llegó  hasta la costa caribeña colombiana. Cuando llegó a la playa sus ojos empezaron a llorar. Sintió por primera vez sus lágrimas. Algo dentro se derritió. Algo lo conmovió tanto que no se dio cuenta de que el mar tenía sus olas contraídas y los peces alborotados porque había encontrado un suspiro para las noches de luna llena. 



Vibrar con los árboles
Silbar con los grillos
Respirar con las ranas
Flotar como el alga
           como el pez
           como tronco
Sostener el asombro
como una luciérnaga
ante el cielo estrellado
Ser cuerpo en mí
Otro cuerpo
Este cuerpo
Cuerpo de mi necesidad de mí
Silencio del tacto
Voz apagada de la tierra


Uno se enamora del dolor
de la camiseta que huele a cerveza
del rincón de la cama que hace la ausencia
del poema que no entregaste porque lo escribiste con moscas
de la mujer que hizo del teléfono un puente de la zozobra al abrazo
de la mujer que detona bombas para espantarte el sueño
Luego
Estas solo
Y los habitantes que hay en ti
están de urgencias
heridos de amor
esperando a que amanezca.


Si una mañana cualquiera, al verme a tu lado, me desconoces, te pido por favor que no huyas porque no me responsabilizaría de mis actos.
                               



El libro de cuentos Los errantes se publicó en diciembre del 2013 con la editorial Silaba. Fue uno de los proyectos ganadores  en la Segunda Convocatoria de Estímulos al Talento Creativo 2013. 

Este libro nace de un proyecto que me rondó meses y era el de escribir una serie de cuentos breves que retratarán las búsquedas y renuncias de un hombre de provincia al que lo rondan cuatro temas fundamentales: la renuncia, el amor, la muerte y  el ensueño.

El fondo de esta tesis, lo sustenta mejor alguien que ha pensado por muchos años el valor de la literatura más allá del deleite de escribir y leer. Esta tesis la plantea mejor Piedad Bonnett en su texto Literatura y Universidad donde afirma de manera contundente que la literatura es una manera de ajustar cuentas con la realidad en que vivimos: “La literatura es sobre todo arma de indagación, pregunta que se hace a la realidad. Ella ahonda, imagina, recrea, examina, juega, potencia, crea mitos y utopías. Y nos vincula a lo más esencial de la naturaleza humana, la lengua”.

 Foto solapa del libro de cuentos Los errantes

Por ello, el libro de cuentos Los errantes son una serie de relatos, muchos de ellos, no superiores a las 200 palabras. Otros, los más extensos, no exceden los tres folios, que abordan la cotidianidad como materia prima de estudio para analizar nuestros imaginarios de ahora que son los mismos del de nuestros abuelos. Para eso es indispensable la brevedad porque siento que estos relatos nacen de la exigencia del momento, pues no es un secreto que nuestra sociedad predica la moda de la inmediatez y el consumo.

El afán caracteriza al hombre actual, tanto en la cuidad como en la provincia, porque necesita informarse lo más rápido posible y por eso evita las lecturas lentas, rumiantes y cuidadosas por la simple razón que lo desespera. Aclaro que el hecho de que los microrrelatos sean rápidos no quiere decir que sean explícitamente para personas afanadas. Al contrario, en esa brevedad se plantean o insinúan historias y situaciones tan complejas que se necesita más de una relectura para  rumiar un poco en el contenido.  Por eso, aunque las virtudes del cuento corto no son precisamente para la gente afanada, permiten, a mi modo de ver, llegar a ellas de manera directa porque en Antioquia se vive con una intensidad singular muchas veces efímera, pero propia. Muchas de esas vivencias son casi imposibles de escribir por lo volátiles y complejas.  Es por ello que en los microrrelaros se intenta abordar incidentes intrascendentes donde un personaje se detiene  a recordar un instante de sus vivencias, que a veces, condensan toda su vida. Es este instante el que se condensa en el cuento corto, el microrrelato o la minificción  porque busca la expresión máxima de la condensación literaria. Es esta brevedad la que contiene la esencia misma de la narrativa. De ahí que en unas líneas o un párrafo se logre construir atmósferas o sensaciones más complejas que las que podrían plantearse en varias páginas. Quizás, sean estos factores los que exijan una peculiar forma de escribir, que uno podría definir como telegráfica, nerviosa, cortada, pero que permite dibujar un aspecto sicológico y sociológico de un personaje en un tiempo donde todo es tan efímero porque se vive a una velocidad, a veces, aterradora.  Por algo Julio Cortázar en su  texto: Aspectos del cuento dice: “la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases.”

El libro que presento parte de la experiencia de haber vivido muchas de las situaciones que enfrentan los personajes, porque es la vivencia la que le da cuerpo a las historias. Tal vez por ello, el pensador antioqueño Estanislao Zuleta plantea que: “Se carece de oídos para escuchar aquello  a lo cual no se tiene acceso desde la vivencia”. Solo cuando se tiene algo que contar, que parta desde la experiencia, la prosa fluye. De ahí que el cuento corto me permita abordar situaciones complejas y a la vez triviales de la cotidianidad nuestra para trabajar dilemas tan abismales en el hombre como la renuncia, el amor, la muerte y el ensueño.

Así, el libro Los errantes no es más que un intento consciente, no desesperado, llegar a cualquier persona en cualquier momento. Entonces la lectura será a voluntad y sucederá en cualquier parte, como debe ser toda lectura que nace, como todo lo que nace, espontanea.


Llevo varios días sintiendo que a la hora de despertarme no he descansado lo suficiente. Una amiga que hace tiempo estudia el mundo onírico me dice que pueden pasar dos cosas. Una: estoy en un despertar de conciencia. Segunda: que al hígado no le llega suficiente sangre y por ello los sueños se disparan. La miré con mucha atención porque me asustó la segunda teoría. En ese momento ella sonrío y dijo en voz alta, como si yo no estuviera, que hace unos días, al despertarse, habla en voz alta como si le respondiera algo a alguien que en sueños le hace ciertas preguntas que a ella también le inquietan.