Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Catalogo de ausencias

>> domingo, 28 de febrero de 2010

No quiero un harem. Con una mujer basta. Saben los amantes que una mujer es todas las mujeres si puede sostener una conversación desprovista de cosméticos baratos y caprichos de mercado, sin hacer el índice alfabético de novios que soportan los amiguitos mariquitas.

La mujer que puede decir no y mandarte a la mierda en cualquier momento es la mujer para sentir con los cinco sentidos. Es la mujer que te agua los ojos cuando es herida y recuerdo. Es la mujer de intención dirigida. Es la mujer para odiar y amar sin piedad. Es la mujer que se ve sin la estítica contaminada de la retina. Por eso no importa si es gorda y se asfixia en la cama, si su cuerpo escultural carece de bríos, si sus manos son en miniatura y es lubrica hasta dormida, si es rubia e invoca desnuda a su hermano para protegerse del amor. No importa si es extraña días después. Si esa mujer se atreve a tocar y sentir como la sienten, es que también pensó en la certeza de la entrega, del entusiasmo sin planes. Luego, ella sabe, no importa el luego. Entonces no duele la soledad después de haber querido a esa mujer de infarto.

A cada mujer que he querido la quise de caída libre al abrazo sin escatimar locura para sentir escalofríos. Los amigos dicen que son más de algunas mujeres. Para mí todas son una. Una y nada más que una en su momento. Lo que pasa es que no me niego al olvido. Me aterra convertirme en un hombrecillo-guerrero-pabellón-cadáveres-amores-inconclusos. La que se fue se fue. Claro, olvido no quiere decir huida.

Todavía creo en la magia. Todavía creo en la vida. Todavía quiero continuar el viaje sin cargas ni fantasmas en el corazón. Todavía sueño con esa mujer a la otra orilla de la cama. Todavía tengo besos en los labios y se me para cuando beso. Todavía creo que es posible anclar mis suspiros en el pecho de una emisaria de las estrellas.

Vuelvo y repito: con una mujer basta. Con una mujer que lubrique abrazos y no se crea el cuento de princesita en espera de guerreritos con escudos de hojalatas llenos de espermatozoides dispuestos a vencer su virginidad sin conquistar su corazón.




1 comentarios:

COSO jueves, marzo 04, 2010  

Genial. Es que aveces una mujer parece ser millones, o todas.
Que bueno que aún se te pare
salud

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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