Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Caganá

>> jueves, 5 de febrero de 2009

Es harto llegar y explicarle a todo el mundo lo que es realizar un viaje. Pues la osadía de un viaje es seguir viajando y no volver. Cometí el error de volver. Por eso voy a narrar algunos episodios de ese viaje. Y quiero escribir antes de quedarme como un loro repitiendo lo mismo. Ya no quiero abrir la boca para decir lo mismo.

Mi viaje empezó cuando me separé del grupo. Así estuviera en Perú me sentía en Girardota porque andaba con un selecto decorado de las calles girardotanas. No estuve en ningún momento solo porque tenía con quien hablar. Así viéramos otras cosas estuve protegido todo el tiempo. Agradecí con un poco de tristeza cuando me quedé solo.

Luego continúe mi viaje con Luciana, para mí, el verdadero viaje. Salí con ella de Cusco hacía Arequipa, la ciudad blanca, la que no tiene edificios, la ciudad colonial del Perú, la que tiene un volcán activo, la segunda ciudad más importante de Perú. Allí nos hospedamos en un hostel de poca monta. Caminamos sin afanes, sin la sed del paisaje que envuelve y ciega al turista.

Debido al paro del los agricultores que le reclamaban al gobierno de Alan García sobre la privatización del agua de los cultivos. Los agricultores amenazaban con cerrar todas las vías alternas de Arequipa y dejar al pueblo incomunicado. Al paro se unían los transportadores. Así que compramos, de inmediato, un pasaje para las playas de Camaná.

Llegamos a un hostel que se llamaba Copacabana. Allí dormimos y casi morimos deshidratados por una diarrea. Cagué lo que no había cagado en toda mi vida.

Al principio, en las playas de Camaná, estaba la maravilla de ver el mar todo el día hasta el anochecer, quedarse como autista mirando las olas formar escaleras para acceder al horizonte, ver las gaviotas cazar cangrejos en la playa, meterse al mar y temerle a las olas, impresionarse con la idea de que las gaviotas son a la playa lo que la paloma al pavimento...

Las playas de Camaná son un bañero. Es decir funcionan solo tres meses al año. Desde diciembre a febrero. En 2003 este sitio fue arrasado por la furia del mar. Y sobre las ruinas se reconstruye de nuevo. El resto del año, en invierno, la gente que allí vive se desplaza a la zona urbana.

La idea era seguir el viaje hasta Nasca, luego Ica y finalizar en Lima. Pero, gracias a un Ceviche que nos comimos tuvimos que estar en cama tres días, sin poder distanciarnos del baño por más de 5 minutos. Ambos, Lu y yo, teníamos infección intestinal.

Parecíamos una herida de cuerpo entero que supuraba pus por el ano. Una herida que tenía la pesadilla de no volver a ver el mar. Una herida consciente de su debilidad que se ahogaba de impotencia.

Medicamento, sueño, diarrea, dolor de estómago, papel higiénico, el sonido de las olas, dolor de ojo, silencio, fiebre, dolor de culo, olor de muerte, olor de sal, olor de olor, olor de tristeza, olor a Caganá. Olor a peruano con ínfulas de brujo Inca.

Recuerdo que un peruano me rezó porque tenía mal de ojo. Me dejé rezar. Con pedazos de papel periódico me rozó todo el cuerpo. Me tocó el ombligo. Balbuceo un padrenuestro. Luego quemó el pedazo de papel periódico y el periódico ahumó todo el hostel y me dijo que listo. La diarrea continúo. Era un delirio la cordura.

Volvimos al mar y partimos para Lima. Luego nos separamos. Luciana para Argentina y yo para Colombia. Pero ese no es el fin de la historia, porque esto ya no es un anecdotario de un escritorzuelo de futilidades. Esto ya es vida y es impredecible. El sueño apenas comienza









2 comentarios:

Anónimo,  viernes, febrero 06, 2009  

Leo un texto que trasciende las líneas de un escrito, para convertirse en 'vida'. Sería entonces un sin sentido agregarle o quitarle algo a tu vida.

Esto ya es vida y es impredecible
Entonces, felicitaciones amigo por no dejar de 'vivir'.
....Alexander

Cristian viernes, febrero 13, 2009  

Púes que se tracen nuevas rutas, y que las piernas no tambaleen ante senderos desconocidos.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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