Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Ilusión

>> sábado, 4 de julio de 2015


El hombre estaba en el lecho mirando la ventana. Recordaba el aroma de aquella mujer que lo hizo sentir vivo. En ese instante el viento abre las ventanas. Imagina que un augurio, un presagio, la posibilidad de que la mujer amada vuelva a sus brazos. Sin embargo, se acomoda en el sombrío y reconfortante lecho. Bosteza. Se arropa sin percatarse de que justo en ese momento, afuera, ella espera que él se asome a la ventana, como antaño y con una mirada la detenga. Cansada de esperar se marcha meneando las caderas.


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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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