Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El ilustrador

>> lunes, 13 de enero de 2014


Desde hace días, debido a unas ilustraciones sobre algunos cuentos de Poe y algunos poemas de Baudelaire, ha empezado a ver la muerte en los sueños. De esos paisajes oníricos extrae la mortecina hermosura que hace de lo terrorífico sublime. 

Es consciente de que desde hace mucho le coquetea a la parca. Ella, valora el trabajo de su admirador que hace de ella -un simple fenómeno natural- un suceso hermoso y sórdido. Por ello, en los sueños le suministra información suficiente para que él pueda ver lo que necesita. Pero él debe pagar sus sueños. En el estado de vigilia debe soportar una melancolía sin precedente, una de esas que te pueden explotar la cabeza una noche cualquiera, una que te hunde más los ojos… solo así puede extraer de sus dedos los colores del terror que recrean el apocalipsis de nuestros tiempos.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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