Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Cerro bravo

>> sábado, 18 de enero de 2014


Creo que uno debe escribirle a aquellos milagros naturales que siempre estuvieron ahí, están ahí y permanecerán en el tiempo. Es un acto de agradecimiento poder referirse a imponentes paisajes que nadie más que uno conoce por el hecho de haber nacido en ellos. En este caso quiero dedicarle unas líneas al Cerro Bravo. Cerro que se impone en el municipio de Fredonia, ubicado al suroeste de Antioquia.

Para empezar quiero referirme al cerro de “tu” y no de “él”. De “él” a “tú” hay grandes distancias. Una de ellas: Mientas el “tú” es como un abrazo el “él” es como la fotografía del mismo. De ahí que el “él” al nombrar el Cerro lo represente como un monumento rígido de unas pocas líneas telegráficas y “tú”, en cambio, es un texto más ameno y sentimental.

 Querido Cerro te impones en el tiempo y por ello estás en el paisaje desde antes que nos inventáramos la palabra “Cerro”. Eres un rumor que nadie escucha porque te mueves en otra frecuencia. Eres como esa palabra que se dice y nunca termina de pronunciarse: La palabra que encierra todas las palabras.

 De pequeño te vi desde la casa de mi abuelo, ubicada en la vereda Travesías. Vereda de donde se te puede ver como una pirámide perfecta. Desde allí, subido en un ciruelo, te vi durante horas, días, meses y años y sentía algo que no era capaz de llevar a las palabras. Ahora, con unas cuantas palabras de más, vuelvo a verte, no desde la casa del abuelo, y vuelvo a sentir lo mismo. Pareciera que te escondes bajo un manto de niebla para ocultarte de todos porque quieres estar solo, en intimidad. Imagino que todo tú se re-acomoda y tu estructura de roca, de volcán dormido, te hace ver, bajo la niebla, como un gigante sentado en flor de loto. Entonces meditas. Quién sabe en qué piensas, pero es notable que haces algo porque la temperatura baja y todo lo que representas y cuidas empieza a laburar. Por ejemplo: La araña teje y luego, cuando siente su tela segura, se queda estática sin temerle al viento, esperando el momento oportuno para moverse. Los pinos, qué decir de los pinos, guerreros con armaduras que rugen de tristeza porque nosotros, los hijos de Adán, los talamos sin misericordia…

Abuelo Cerro eres el testimonio de otro tiempo que nos viene a decir que todo es transitorio y curiosamente lo transitorio es lo que más daño te hace. Pero eso no te importa. Por más daño que te hagamos no podremos moverte de tu lugar. Estarás ahí después de nosotros. Por ello, esperas a que el sol caliente las piedras, los árboles. Entonces los pájaros cantan y acompañan un rumor apenas perceptible que se pronuncia en otra frecuencia desde hace tiempo.

2 comentarios:

Julio César sábado, enero 18, 2014  

Por obvias razones hay que leer este texto escuchando al maestro Atahualpa Yupanqui!!!

Juan Camilo jueves, enero 23, 2014  

Julio
Por Obvias razones eres un gran amigo y un excelente músico.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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