Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Imagen poética

>> sábado, 22 de octubre de 2011


Lleva varias horas intentando escribir un poema que sea propio. Tras cada verso se evidencia las sombras de Juan Ramón Jiménez, Jaime Sabines, Rubén Darío, Porfirio Barba Jacob, Gonzalo Rojas, Antonio Machado… Y cuando no es una mala imitación de sus poetas favoritos su verso se repite en otros versos. Esto lo hace sentir que da círculos sobre un mismo asunto. Además, le disgusta sus problemas de ritmo. Cada poema es un muchacho cojo dispuesto a participar en una prueba de velocidad de cien metros. Le preocupa no sentir que su voz interna despierte en él la mirada del niño, eso que llaman don poético, y reinvente el significado de las cosas. Pero lo que más le atormenta es saber que la emoción, espíritu del poeta, no sea en él el rayo que atraviesa las palabras. Entonces deja caer el bolígrafo sobre el cuaderno de apuntes. Fija su mirada en el horizonte sin visualizar algo especifico. No se percata de que la niebla como tinta de Dios cubre el paisaje en letras gigantes: “El ocaso se derrite sobre la noche de párpados de acero/ La niebla, como una yegüa briosa, atraviesa el Valle”.

2 comentarios:

Belén miércoles, octubre 26, 2011  

Siempre es bueno escribir para hacerlo cada vez mejor, pero también lo es leer y saber quienes son tus ídolos literarios...

Besicos

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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