Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Los beneficios de la empanada

>> jueves, 25 de octubre de 2007

La empanada tiene personalidad. Es de los alimentos el que más me atrae. Podrán decir que su cresta es amorfa y que parece la comida preferida de los punquetos. Puede ser. Pero, es de todas las comidas rápidas la más lenta, la que más se ve. Su cresta es precisamente el centro de su encanto. La empanada, si fuera un ser animado y pudiera responder por sus actos, sería, sin lugar a dudas, un alimento seductor, un don Juan de la Verdura y la comida rápida, siempre dispuesto a dejarse comer.

Por la venta de empanadas hay mucho muchacho como yo estudiando en una universidad. También muchas acciones comunales, grupos juveniles, parroquias, han subsistido de las ventas de las empanadas. Incluso han viajado a la costa con el dinero recaudado.

A parte del episodio anterior, a mí me parece que la empanada representa el pasado de la mayoría de habitantes de Antioquia. Y los que no hayan comido empanada son seres simples, su característica, no es precisamente la de ser soñadores. Vivieron su infancia a medias.

Para ser consecuente con la hipótesis anterior, tan forzada diría un lector, recurriré a un episodio de mi infancia.

De mi infancia lo que más recuerdo son las empanadas que hacía mi madre. Cuando las comía me sentía un ser afortunado y fantasioso. Imaginaba que las empanadas eran solo para mí, al menos las de mi madre. Hipótesis que se desvirtúo con los años. Las empanadas no son un secreto familiar, como lo puede ser el intento de suicidio o aborto.

Más que los muñecos de yupi y las botas con calcomanías del hombre araña, eran las empanadas.

En mi imaginación creí que las empanadas eran hechas de pequeños hombrecillos que mi madre atrapaba y encerraba en la masa amarilla. Creía que estos hombrecillos estaban hechos de cebolla, papa, carne molida, yuca. Qué como uno tenía sangre y huesos, ellos tenían verdura y sal.

Cierta vez me quedé viendo cocinar a mi madre. Me asustó como ella forraba a los hombrecillos en la masa amarillenta que después echaba a freír. Mierda, me dije, qué cosa tan fantástica y cruel.

Por algunos días me quedé sentado en frente de la cocina, mirando la ventana, por si sorprendía algún hombrecillo, materia prima de la empanada. Una tórtola, una cucaracha, pero ni señal de los hombrecillos.

Decidí preguntarle a mi madre como atrapaba los hombrecillos y si yo también podía hacer empanadas. Ella me dijo que no sabía nada de hombrecillos y que lo de las empanadas se podía arreglar. Al día siguiente me puso a moler papa, carne y yuca. Fue un trabajo agotador. Me inquieté, sabía que mi madre me ocultaba algo. Me mentía sobre los hombrecillos empanada.

Cada empanada que comía lo hacía con sumo cuidado. Tenía la esperanza de encontrarme, en el interior, una piernita o una manita de algún hombrecillo. Nunca encontré nada, pero aún conservo la esperanza. No dejo de mirar con curiosidad cada empanada. Algunos amigos me miran perplejos. Ellos no entienden como disfruto de tal manera con un alimento tan barato. Pero es que ellos no saben lo de los hombrecillos. De saberlo, en vez de mirarme, me ayudarían a buscarlos. En esa búsqueda nos santificaríamos.

Lo que hago cuando me como una empanada y no encuentro nada, me sonrío y me dijo: Camilo, vos si sos un huevón ¡Duendecillos! ¡En que estas pensando! Pero me siento pleno, vivo y niño. Por ello cuando como empanadas miro si los que están a mi lado, también comiendo empanadas, se sonríen. Si los hacen también les sonrío y ellos me sonríen. Sabemos que ocultamos algo con las empanadas y nos hacemos, así no sospechemos lo que sea, cómplices.

Sin lugar a dudas, soy uno más de los que se han ensoñado con las empandas. No sé si encuentre algún hombrecillo. Quizás ni existan. Pero sé que ha muchos les ha pasado lo mismo, incluso con otro alimento, bien pudo ser con un pollo asado, una sopa de fideos o un huevo revuelto. Ahora, si tiene las agallas de confesarlo, yo, el vigilante de los hombrecillos empanada, me sentiría más tranquilo y estaría dispuesto a ser su cómplice. Ya que la vida es más intensa cuando está precedida de pequeñas complicidades.

3 comentarios:

Anónimo,  sábado, octubre 27, 2007  

Absurdo. Ya el titulo me sugiere (con todo respeto) que este es el colmo de la guevonada. Mejor dedicate a escribir panfletos comunistas, si es que tanto es el afan.

Me niego rotundamente a leerlo, asi exista la posibilidad de que sea bueno, el titulo me espanta. Me puede el prejuicio. El dibujo es ridiculamente poco sugestivo.

Y ya que tienes este espacio para que gente como yo opine, aguantate entonces. O ya tienes la opcion de la sensura, si acaso quieres y solo estas dispuesto a recoger y si solo toleras las adulaciones.

Suerte pues.

cesarín miércoles, noviembre 14, 2007  

no se quien será anónimo pero me parece que dice idioteces (sergio, malparido)evidentemente, las empanadas están hechas de hombrecillos. a mi me salió una pierna en una empanada, se los aseguro. sergio, dejá de criticar, y dediquese a la paja.

Anónimo,  jueves, diciembre 20, 2007  

Bueno Cesar,

Te recomiendo, en lugar del periodismo, derecho ¿que te parece?

Publicar un comentario

Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

  © Blogger template Simple n' Sweet by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP