Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La necesidad de ser infiel

>> miércoles, 18 de julio de 2007

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio, pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” Mateo 5:27, 28.



El amor ha muerto. Claro lo tenemos en nuestros corazones. De ahí que la infidelidad sea tan común como comer y vestir.


La rutina, el habito y la costumbre han adormecido el deseo por el otro. El otro ya no es una soledad que nos acompaña a conversar largas horas.


La individualidad del otro es en un electrodoméstico más en la casa. De ahí que el otro se desee de la misma manera en que se ansía una máquina de moler o un calcetín.


¿Qué pasó con las cosquillas en el estómago? ¿A dónde partió el erotismo? ¿Dónde quedó el brillo en los ojos? Parece que la necesidad de ser amado se fue de casa.


Somos entonces, en su mayoría, los hombres los que decidimos ir a buscar lo que ya no poseemos, lo que reclamamos en casa: Mujeres que nos despierten el deseo. Mujeres que nos complazcan con posiciones como el pollo asado, la vaca muerta, el fraile, el helicóptero.


Nosotros apaciguamos nuestras carencias afectivas con nuestro instinto de premiadores insaciables. La variedad de mujeres nos reafirma la virilidad.


Tal vez hay que replantear el amor cortes, el que se implantó en Europa en los siglos VII y VIII. Era el amor de la soledad, el que cantaban los trovadores. Un amor que consolidaba el matrimonio como contrato civil. Fuera del tramite se tenían amantes. Era un adulterio aprobado. ¡Sí! Opto por el amor cortes.


El amor cortes revivirá las cosquillas en el estómago y le quitará al otro su facha de electrodoméstico. Será lo que nos vuelva contemporáneos a la sociedad de consumo y al ataque publicitario de los medios de comunicación.


El amor cortes nos hará alucinar con el otro. Sobre todo cuando las campañas publicitarias nos restrieguen en la cara sus modelitos semidesnudas. El amor cortes dará otro giro a la moral. Será un elogio a la fornicación. Así apaciguaremos el dolor de ver una Ana Sofía Henao en la carátula de un cuaderno de norma.


El amor cortes hará resurgir el deseo. Nos dará la posibilidad de amar fuera de casa donde el corazón late a gritos. Y al llegar al hogar nos hará soportable las caras de nuestras mujeres. Caras pálidas, sin rubor en las mejillas.


El amor cortes o si se quiere la infidelidad hará que seamos menos mojigatos y dejemos de concebir el amor como un bien patrimonial, inasequible al deseo.




1 comentarios:

Anónimo,  jueves, agosto 02, 2007  

Y para que tus líneas sean consecuentes, pido tu mujer en mis noches de sequía; que son las más.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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