Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Convocatoria al llanto

>> sábado, 21 de julio de 2007

Quién escribe carga con el peso de sus días alegres y otros no tan festivos, en los que desea debatirse a puños con cualquiera. Es un tipo que duerme, orina, se amarra los zapatos, se desvela en las noches esperando llamada de una mujer, trabaja, le da hipo, suda, se pee y no se baña por higiene.

Nada del otro mundo esconde en estas líneas, excepto su llanto. El mundo necesita personas dedicadas a atormentarse por el daño producido por otros. Por aquellos que están tan decididos en derrotar todo obstáculo con tal de lograr sus metas, el llamado progreso, que forjan su propio bienestar sobre el quejido estomacal del hambriento.

Las seguridades adquiridas por el dinero son el muro que divide al hombre del hombre y de la naturaleza. El hombre camina sistemáticamente porque así se le educó, autómata de autómatas. Esta en vía de extinción el individuo que camina las tardes de los sábados y se deja embrujar por el paisaje.

En lo profundo del pensamiento, allá donde las ideas fenecen si nacer, el extraviado de sí mismo pide a gritos una sacudida, una válvula de escape a su lenta, lenta muerte ¡Arriba la motosierra!Acabemos de una vez por todas con todo. Desempolvemos la escopeta del abuelo y desde los balcones coleccionemos transeúntes. Démosle uso a los destornilladores, que os sirvan para arrancar ojos. Quememos vivos a los amigos. Empalemos a los que utilizan todo tipo de violencia para ejercer el poder. Declarémonos la guerra. Esos son los pensamientos ocultos del que no se conoce, del que se traga cuanto piensa y finge estabilidad, del que naufraga por no reflexionarse. Nada más simple y más complicado que eso.

Por ello, es hora de pensar más allá del matrimonio, de la procreación, de sistematizar los días como maquinas. Hay que volver a confiar en los pies, son ellos los que nos guían. Volver a reconocer las orejas, las narices, los ojos, las pestañas... Hace falta pararse en la ventana y ver fugar los ocasos.

Pero, mientras nada pasé y el individuo se siga desintegrando día a día por temor a su inconciencia y por ende al exilio, solo queda sufrir por el daño causado por otros. Lector, así que alce el pañuelo por el fututo. Llore hasta que considere necesario salir a la calle a golpearse con el primero que encuentre. Si sobrevive a la pelea, en la recuperación, en lo que demore en sanar las heridas, tendrá una porción de tiempo para pensarse y llorar.

3 comentarios:

Anónimo,  viernes, julio 27, 2007  

No creo que Medellìn sea solo eso. Es un artìculo inresputuoso. Lamentè haberlo leìdo. Auque parece gracioso a mì, me parecio ridiculo

Max Gallinazo miércoles, agosto 01, 2007  

si al caballero le parece irrespetuoso el artículito sobre medellín, tal vez es porque ya salió de la ciudad o nunca la ha vivido. tal vez ha visto demasiados reality shows y le gusta el fútbol. yo le recomienda que se instruya más y que use las noches para pensar y no para ver los programas de telemedellín. donde la ciudad es maravillosa hasta el espanto.

ASTERIÓN jueves, agosto 02, 2007  

"Volver a confiar en los pies..."

Y si al salir a la calle, me encuentro con vos, podría cambiar la bofetada por el abrazo? Prometo, de paso, dejar mis puños en tu espalda.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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