Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


De la infamia

>> miércoles, 7 de mayo de 2014


Hace unos días llegó al museo de la universidad una exposición de armas que fueron utilizadas en el bogotazo. Las armas eran exhibidas en vitrinas, pero había dos machetes, con el filo mohoso, puestos en una mesa, en la misma que estaba la lista de asistencia. Pertenecían a Efraín Zuleta, un campesino conservador que había dado de muerte en un duelo a Enrique Suarez, un hacendado liberal. En el duelo ambos se enfrentaron y cuando Enrique dio el último suspiro terminó la pelea. Ambos machetes estaban en los extremos de la mesa. El decano de Comunicaciones, un hombre de unos cincuenta años, con doctorado en Literatura colombiana, no resistió la tentación de empuñar el machete que le perteneció a Enrique Suarez. Cerró los ojos y sintió un escalofrío en la columna vertebral precedido de gritos y zumbidos de machetes. Al instante abrió los ojos y frente a él estaba un fontanero, que acababa de organizar el baño de museo, y empuñaba el machete que le perteneció a Efraín Zuleta. El decano miró al fontanero y empuñó con fuerza el machete.

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