Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


El precio de la clarividencia

>> miércoles, 19 de junio de 2013


Antes de mirar el rostro de la mujer que amaba descubrió que ella era un espejismo.

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Un paso atrás

>> jueves, 6 de junio de 2013


Él, hombre cauto y mesurado, contó a sus amigos con orgullo que tuvo la fuerza de decirle a una mujer hermosa que no iba más con ella. Eso fue hace días. Hoy va solo y mira de reojo cuál de las mujeres que se encuentra en el camino le sonríe y le da chance de conversar con él unos besos. 

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El misterio de los grillos

>> lunes, 3 de junio de 2013




Vivo en el campo y mis sueños respiran todos los días el aire de la montaña. Los vecinos me saludan y son muy hospitalarios. El hecho de no visitarlos y no saber sobre ellos más de lo necesario me permite disfrutar de su amabilidad sin compromisos o responsabilidades adquiridas. De esta manera, desde la privacidad y el privilegio de estar solo puedo disfrutar de las bondades del saludo y el servicio. Claro, siempre manteniendo la distancia. 

En la casa crecen ciertas plantas. Hay borracheros plantados en la entrada, en la parte trasera y en el lugar en el que a veces hago fuego. Este árbol, aún pequeño, custodia el lugar. A un extremo del fuego hay un guayabo al que en las mañanas, en una tablita, pongo un banano y una naranja partida. De esta manera siempre hay pájaros. Son más estimulantes los árboles que las jaulas porque atraen los pájaros sin retenerlos. Ayer, un carpintero gigantesco estuvo en el guayabo. Espero verlo pronto. 

En la noche siempre hay grillos. Los imagino en los árboles, en la manga, en las piedras cantando. Pero donde más les gusta estar es en las hojas de los borracheros. Se quedan allí gran parte de la noche preparándose para algo importante. Cuando sienten que todos en la casa dormimos empiezan a cantar y abren portales o pasadizos secretos a los sueños. No lo sé de cierto, pero los he visto en varios sueños y parecen monjes delgadísimos, con un manto amarillo y azul verdoso, de rostro alargado e inexpresivo, como si su mística fuera dentro del gesto; como si dentro de ellos se germinara el puente o los puentes a lugares fantásticos que solo existen en los sueños; como si desde las hojas de los borracheros fabricaran los sueños a la vez que vigilaran que la música, por más oscura que sea la noche, nunca falte.

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