Resurrección
>> viernes 9 de marzo de 2012
La muerte te pega la lengua al paladar y te sientes tartamuda, como si la lengua no fuera propia. A mí me sucedió así aquel día cuando la muerte estuvo frente a mis narices. Desde entonces soy otra y mi esposo y mi hijo lo sospechan. ¡Pobrecitos! No entiendo los designios de Dios. No sé a que volví.
Mamá no es la misma de antes. Hay menos luz en sus ojos. Incluso, en las tardes se queda mirando el cielo y parece que no estuviera en la sala, como si fuera otro taburete. Papá también anda callado. Los fines de semana bebe con los amigos, cosa que antes no hacía. Creo que él también desea que mamá se hubiera quedado para siempre rígida sobre la mesa.
Felicita estaba fría cuando la tomé en mis brazos y la llevé hasta la casa. Al verla recostada sobre la mesa parecía que estaba en un profundo sueño. Salí a buscar a la vecina que era medio bruja, quién me dijo que era mejor hacer los preparativos para despedirla de este mundo. Sentí un retorcijón en el estómago cuando la vecina le puso la falda, el sombrero y la camisa blanca. Era el vestido que tenía en nuestro matrimonio.
Salí a la huerta por unos tomates para aliñar el almuerzo. Al inclinarme sentí un mareo. Después, todo fue muy rápido, vi un destello de luz que se difuminó a negro. Luego, desperté en un pasillo iluminado que conducía a un cuarto cuyas paredes eran grandes espejos. En ninguna de las paredes se manifestaba mi reflejo. Me sentía en el cuarto pero no me veía. Era angustiante. En un costado de una pared vi una mancha que se movía. La mancha estaba encerrada por tres ranuras que formaban el marco de una puerta. La puerta cedió y mostró unas escalas empinadas. Al final de las escaleras había otra puerta abierta por la cual entraba un grueso rayo de luz. Por más que caminaba la distancia era la misma y pesaban más los pies. De pronto, empecé a escuchar el tic tac del reloj. Tic tac y la puerta se cerró. Tic tac y todo estuvo oscuro. Detrás del tic tac escuché algunos susurros, como el que hacen las comadres cuando rezan en los velorios. Los susurros se sobrepusieron al tic tac. Sentí miedo cuando algo me haló los pies. Grité.
Mamá se levantó de la mesa como un resorte. Estaba pálida y sus gritos nos alarmaron a todos. Pero algo en ella cambió aquel día. Papá y yo lo sabemos.

