La defensa del ex-mechudo

>> lunes 4 de enero de 2010

¿Qué siente uno mechudo? Me hice esa pregunta a los 15 años. Pero el cabello llegaba a un punto donde peinarse era un error, se hinchaba.

Asociaba el conocimiento a un dejamiento del aspecto. Véase un poeta que se nombre poeta o cualquiera que se incline al campo humanístico. Abunda la barba, el cabello y el humo. Ejemplo, los griegos y los personajes de la biblia.

Ahora, la era de la idiotez, ha delegado una importancia desmedida al cabello. La publicidad se ha dedicado a vender la imagen de mujeres y hombres con cabellos sanos. Cuando son más sanos más sanos: el vecino con las entradas prominentes y la coronilla despejada, la señora que vende comida chatarra con el cabello atado con una pañoleta y el niño con el cabello amarilloso; ellos no son anoréxicos. La moda es ser un esqueleto con una cuenta bancaria nutrida.

Fui el mismo triste pero con cabello largo. En la universidad éramos mechudos e insoportables. Creímos en el cabello como un paso a la madurez. Equivocados o no, queríamos sentir el deber a desobedecer.

Como buen provinciano mechudo empecé a fumar, consumir droga y alcohol, vestirme de negro y escuchar Pink Floyd, Pearl Jam, Nirvana, The Rolling Stones, David Bowie, Led Zeppelin…

Fui una afirmación del error en una época que se dejó lavar el cerebro con los proyectos de vida y la educación para el empleo. Una época donde hay que crecer más rápido. Cuando sea grande quiero tener un corte de cabello a la moda y trabajar mucho para morirme más ligero.

Luego, me corté el cabello y empecé a cuidarme. Porque, mientras tuve el cabello largo y me creí intelectual, me desagradaba mi imagen. El cabello no quita ni da nada. Descubrí eso cuando fui una melancolía de cabello largo que probó todas las marcas de cigarrillos.

Un exmechudo y prontamente calvo, siente que puede ser individuo con o sin cabello. Aunque me gusto más con cabello que con novia.

Pero la vida es un teatro. Representamos en determinados momentos muchos hombres hasta que nos quedamos con el menos pretencioso, el más natural. El cabello, entonces, no importa.

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La satisfacción es Dios 365 veces al día

>> domingo 27 de diciembre de 2009

Este año creí en un amor que no funcionó y me llevó a lugares fríos donde mi nombre fue solo fonema. Pero conocí una mujer eléctrica para el corazón. Mujer que no quiere saber nada de mí porque asumió la parte monetaria de la aventura y yo el agradecimiento. Con agradecimiento no se pude cubrir las deudas en los bancos.

Este año volví a la infancia. Lo sé porque se me ve la salud desde que encontré las ranas que siempre estuvieron camino a casa. Las ranas y los grillos. Las ranas y Dios.
Este año estuve exilado por voluntad propia, escribí poesía con hambre, abracé a mi madre y a mi hermana, entendí que el amigo es el que está con uno como uno con uno mismo.

Este año encontré a Dios sin religiones prestadas: Yo era el templo. Dios siempre me había sucedido pero no me había dado cuenta. Dios es respirar de nuevo para atreverse a ser propio. Dios es el verso garabateado en un cuaderno El Cid de 100 hojas. Dios y las ranas. Dios y los amigos.

Dios es el cigarrillo Piel Roja sin filtro acompañado con un trago de cerveza Club Colombia. Dios es el batallón de pájaros que celebran el día al otro lado de la ventana.

Dios es la erección dolorosa, es decir, Bibiana, Sandy, Juliana, Diana, Luciana, Jimena, María Teresa. Dios también son las mujeres que me rechazaron porque las asustó el amor. Pero a veces recuerdan mis locuras y se estremecen sin sospechar que sus nombres están incluidos en un índice onomástico de besos quebrados en los labios.

Dios es la luz de las lámparas camino a casa, el arroyo que me enseña a no pensar, el gallo que arrastra el día y le sirve de escorzo al alba.

Dios es un beso con perfume, un suspiro 365 veces al día, un apretón de mano, un dulce de naranja, un domingo en bermudas a las tres de la tarde.

Dios es morir día a día la vida intensamente. Dios es otro año que empieza, que no es otro, porque Dios es siempre hoy y nosotros un recuerdo de paso. Dios es la eternidad un miércoles a las 2:30 am. Dios es la barba que crece. Dios es el sombrero que luzco. Dios es mi cumpleaños número 27. Dios es vivir, vivir, vivirvivirvivirvivir…

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Fredonia rincón del olvido

>> sábado 19 de diciembre de 2009


Me gradué del colegio Liceo Departamental Efe Gómez del municipio de Fredonia hace diez años. Colegio que lleva el nombre del escritor más universal de todos los fredoñitas. Gracias a Dios, desde que es colegio, ya nadie recuerda a Don Efe Gómez. Lo mismo sucede con Rodrigo Arenas Betancur desde que es un acueducto interveredal. El homenaje es un insulto después de muerto.

Atrás del colegio hay una cancha de fútbol con mangas y vacas pastando. En la cancha se patea el balón. En las mangas se asusta a las vacas, se hace el amor en las noches, se ve las estrellas y se fuma marihuana. En la cancha rondan los gritos de alumnos olvidados. Ya nadie recuerda la promoción del 99.

El olvido consume el paisaje, despoetiza el día. Notable el afán de crecer, de reproducirnos sin perdón de Dios.

Las calles serpientes empinadas que se estiran bajo el hechizo de un flautista. La neblina se desparrama desde la cima del Cerro Combia como un helado de vainilla.

Miro el colegio donde aprendí a fracasar. Sonrío: Soy el colegio y las montañas que lo rodean. Huelo a Fredonia cuando estoy contento. La neblina se me aparece en los sueños y me cubre. Soy tierra de hombres libres. Por eso me fui de Fredonia.

Las calles son las mismas con otros habitantes. Las mismas historias con otros rostros. El mismo pueblo medieval, como animal invernando, en la mitad de la montaña.

El fredoñita es el amo de las vueltas. Se siente atrapado. Va de un extremo a otro del atrio. Horas de lo mismo. Huye del olvido. Recorre una y otra vez sus pasos para exhibirse y buscar pareja. Le tiene pánico a estar solo.

Hago parte de los que se fueron. Tal vez vuelva. Tal vez no. Soy otra ficha que encaja en la gratitud del olvido.

Fredonia el primer rostro de Dios, mi primera infancia, mi primera adolescencia, mi primera erección, mi primer colegio, mi primer amor, mi primer hartazgo, mi primera fatiga, mi primer colegio, mi primer olvido.

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