Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Apuntes del diario de un soltero

>> jueves, 28 de marzo de 2013


Miércoles en la tarde

Sentado en la entrada de una biblioteca, con un tomo de cuentos completos de Julio Cortázar bajo el brazo, frente a una de las avenidas más importantes de la ciudad, observo a los transeúntes. En especial fijo la atención en las mujeres y como sus rostros varían en múltiples formas, tamaños, tonalidades y edades. Los rostros de las mujeres conservan cierta dulzura insinuada o una sutiliza en el trazo de los gestos que redime el paisaje y me atrae. Es como una fuerza imantada a la que es casi imposible resistirse. Luego miro sus manos, sus hombros, sus piernas, sus nalgas, sus senos, sus tobillos… En definitiva, todas las mujeres que veo son como flores de jardines lejanos, pero que puedo observar y deleitarme con el espectáculo de sus colores y formas. Caramba, me digo después de un rato: “¡Cómo se nota que estoy soltero!”

Read more...

Carta a un maestro

>> sábado, 23 de marzo de 2013


Hace poco leí en El Colombiano, el diario de más despliegue de los antioqueños, una crónica que hizo el mejor cronista del país: Alberto Salcedo Ramos sobre Juan José Hoyos, el maestro de muchos. Sentí que ese homenaje era apenas merecido por toda la labor que Juan José ha hecho por el periodismo en el país. 

Después de ese texto hice memoria de cómo fue que lo conocí. A veces uno se olvida de los episodios importantes por la injusta razón de que fue tiempo pasado. Pero, en esta ocasión, ese tiempo pasado ha sido uno de los mejores tiempos que puedo recordar gracias a las enseñanzas.

Recuerdo que al ingresar en la Universidad de Antioquia, en el 2003, quise preguntar a los chicos de semestres avanzados sobre el maestro. Los primíparos, los estudiantes de primer semestre, se caracterizan por buscar grandes historias, incluso inventárselas, para contarles a los familiares lo que es la Universidad. Pero yo, lamentablemente, por mi personalidad introspectiva, no hice nada distinto a lo que hacía en mi casita en el campo, en Fredonia. Es decir, me quedé callado esperando que los días, uno tras otro, pasaran sin novedad encerrado en la biblioteca donde leía porque no quería hablar con nadie. Cuando tuve un poco de confianza volví a preguntar sobre el maestro. Todos sonreían y me decían que esperara para que averiguara, por mis propias percepciones, sobre su reputación. Pues, para muchos, en ese entonces a puertas de su jubilación, era uno de los profes más aburridos de la facultad. Tuve que esperar tres semestres para ver una clase con él y agradecerle a la universidad por permitirme ser su alumno. 

En esa primera clase salí decepcionado porque no vi nada asombroso. Pensé que el gran Juan José Hoyos iba a dar un discurso que me cambiara la vida, cosa que se espera de los grandes maestros. Ese día ocurrió todo lo contrario. Fue una clase de las más normales. Precisamente, lo entendería después, ese era el truco. Buscar lo asombroso en lo que a primera vista no tiene importancia. Ese día llegó y se sentó frente a todos. Era un jueves en la tarde y no habíamos más de seis estudiantes y en silencio, casi aterrador, leímos la crónica “El sastre” de Gay Talese. La clase fue tan tranquila que se tornó algo aburrida para mi gusto. Así que dejé de indagar por el gran Juan José y ocurrió algo inexplicable. De un momento a otro, sin que lo hubiera buscado, estaba hipnotizado con la conversación del maestro. Fue como un amor silencioso que fue creciendo hasta convertirse en imprescindible. Un amor que me enseñó que la grandeza de Juan José consistía en que él no estaba por encima de nadie. Por eso su método consistía, como en la antigua Grecia, en el dialogo que intentaba construir cotidianidades más que conceptos. Tal vez, por eso, en aquella primara clase y en la mayoría no llamó a lista. Una de las cosas que más recuerdo es que en sus clases prevalecía la calma como ejemplo de vida. 

Algo así predicaba el milenario Confucio a sus discípulos en el siglo IV antes de Cristo. Él decía que no le interesaba hacer nada extraordinario para buscar adeptos. Lo único que buscaba era vivir en armonía con su entorno y con su ser interior. Creo, que de alguna manera eso fue lo que nos enseñó Juan José en la U. Porque el verdadero maestro no era el que estaba en el salón sino el que salía con sus alumnos o amigos a tomarse unas cervezas en el centro, en el bar de Ciro o en donde el Hamaquero. La posibilidad de conversar e irse descubriendo día a día era lo que pocos entendieron y pasaron por alto en sus clases. 

Los que recibieron sus palabras entendieron que el maestro se caracterizaba en su conversación y crónicas por sus palabras sencillas que brotan tranquilas y sin malabarismos discursivos. Palabras que llevan varias generaciones en el corazón porque les despertó el amor por la palabra.

Read more...

Don juan 2

>> domingo, 10 de marzo de 2013


Trabajo repartiendo periódicos en las madrugadas. Lo que más me gusta de lo que hago es que puedo ver a Lucia, la hija del notario, salir recién bañada en su automóvil. Confieso que estoy perdidamente enamorado de ella, pero sé que es un amor imposible, de esos que se sufren en silencio. De esos que enferman porque no se encuentra sosiego y se empieza vivir a merced de un fantasma. Hasta que ese fantasma es el sur, lo único que importa. Entonces se pierde el apetito, se duerme mal, se está alterable, cansado y triste la mayor parte del día. Es decir, se está hecho un lío. Estoy hecho un lío, sobre todo hoy casi enloquezco al no verla salir de su casa. En una desolación suprema, al entregar el último periódico, toqué el timbre de la casa de Juan. Había escuchado que él tenía fama con las mujeres y pensé que  podría ayudarme de alguna manera. Él es alto, de tez blanca, barba de tres días, ojos café claros, delgado y muy bien vestido. Al abrir la puerta, como si me conociera, me invita a sentarme en la sala muy desordenada debido al arrume de libros sobre los muebles: 

- A qué se debe tan inesperada visita. –Dijo mientras remueve varios libros. 
- La verdad es que necesito ayuda. 
- ¿De mí? –Responde con una sonrisa maliciosa, de esas que lo hacen sospechar a uno que está en el lugar equivocado. 
- Es que estoy enamorado y no sé cómo sacarme esa mujer del corazón. 
- ¿En verdad eso es lo que deseas? ¿Estás seguro? 
- Si, completamente seguro. Es que verla me está matando poco a poco. 

En ese instante, de algún lugar de la casa, como un  espejismo, aparece Lucia en pijama y se sienta en las piernas de Juan. El intestino quiere salírseme por los ojos por lo que el sudor encalambra en la frente. Acontecimiento que él nota y mientras mira a Lucia le dice –como si me estuviera hablando a mí– el secreto para estar con una mujer es hacerle saber que se puede vivir sin ella. Cuando sabe que uno se puede ir en cualquier momento le da la clave de la caja fuerte. Lucia lo abraza y le da un beso en la frente. Él sonríe y me dice que sabe cómo ayudarme. Lo más extraño, como si hubiera descubierto que ella era mi herida, le pide muy amablemente que se siente frente mío con los ojos cerrados. A mí me sugiere que la mire fijo al rostro, sin parpadear, hasta que su rostro se desfigure: Los ojos se agrandan, la nariz se alarga, los labios se tuercen… quedando su rostro amorfo e irreconocible. Después cierro los ojos y al abrirlos Lucia es otra. Miro de nuevo y sus deformidades me asustaron un poco por lo que me levanto como un resorte. Lo misterioso es que a partir de aquella casa me siento ligero, alegre y silbo porque el recuerdo de Lucia no me martilla el pecho.

Read more...

Al camino

>> martes, 5 de marzo de 2013


Buscaba  cuerpos que me llevaran a un país donde el jazz fuera el idioma de las flores. Pero, los cuerpos que he encontrado no saben de música. Más bien aturden y hablan de todo noche y día y se alegran cuando el amor se va de compras y aparece con ramilletes de flores artificiales con cajas de música incluidas de melodías chillonas y tristes. 

Read more...

  © Blogger template Simple n' Sweet by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP