Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


La habitación misteriosa

>> lunes 19 de septiembre de 2011

Esa noche ella dormía desnuda y la cobija solo la cubría hasta las rodillas. Intenté pasar de largo a mi habitación como buen ciudadano pero me detuve a contemplar sus senos. Eran puntiagudos, grandes, con un círculo rosáceo alrededor de los pezones, templados... Intenté no verlos pero entre más me resistía a mirarlos más fuerte era la tentación de tocarlos. Acto seguido ya estaba con uno de sus pezones en la boca. Chupé como si la vida dependiera de ello hasta que ella empezó a gemir y pronunciar un nombre que no era el mío. Se estremecía: una serpiente se hubiera detenido a envidiar sus espirales. De pronto sentí una picazón en la espalda precedida de un temblor en la columna vertebral al tiempo que veía unas gotitas rojas teñir la sábana. De súbito intenté incorporarme y no pude. Lo último que recuerdo es que ella se arrodilló con la cobija como si ésta fuera una capa que se abría en sus brazos y me introdujo en la oscuridad de su abrazo.

5 comentarios:

Nada más importa martes, septiembre 20, 2011  

impresionante!
me gustó muchísimo.

Al principio parecía todo muy carnal y ficticio, pero después de me hizo cierto, y hasta me provocó intriga y miedo.

Juan Camilo martes, septiembre 20, 2011  

escuchando palabras
gracias por su comentario

nada mas importa
gracias por sus palabras que por estos lados, curioso, importan

Miguel de la T.P. sábado, septiembre 24, 2011  

Pase a visitar tu blog y decidi quedarme. Desde Jaén un saludo y feliz semana

Juan Camilo sábado, septiembre 24, 2011  

Miguel de la T.P.
QUe bueno que decidió quedarse en esta familia que la constituye algunos comentaristas y mis continuos agradecimientos.

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Cada palabra es un conjuro para espantar la soledad

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